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Sin embargo, a pesar de los logros en equilibrar
el presupuesto global de la corporación,
persistían ciertas situaciones que generaban
pérdidas operacionales significativas a
la corporación y que necesitaban resolverse.
El Liceo Politécnico de Melipilla era un
establecimiento que requería de una solución,
ya que el año 1996 el liceo había
generado un déficit que ascendía
a más de $ 77 millones, correspondiendo
aproximadamente un 85% de él al pago de
remuneraciones. Esto significaba que los 33 establecimientos
restantes de la corporación tenían
que subsidiar al liceo.
La Corporación, al igual que la mayoría
de las otras corporaciones educacionales, había
desarrollado un estilo de administración
fuertemente centralizado en la gerencia de la
corporación, la cual era la responsable
de las decisiones administrativas que se tomaban
en relación con cada establecimiento, delegando
sólo la gestión educativa en manos
de los directores de los colegios. Esto se tradujo
en que ni la plana directiva del Liceo Politécnico
ni sus docentes tenían conciencia de la
magnitud y significado de su déficit operacional.
El tema de la rentabilidad económica no
les concernía, ya que esta área
era responsabilidad de la gerencia de la Corporación.
A raíz de las pérdidas, el directorio
de la Corporación estudió el año
1997 algunas estrategias que permitieran -si no
eliminar totalmente- al menos disminuir dicho
déficit.
La primera consistía en traspasar la administración
del liceo a alguna organización denominada
"de administración delegada"
(por ej., la Sofofa). Sin embargo, seguir este
camino significaba reconocer la incapacidad de
la corporación para resolver el problema.
La segunda opción consistía en racionalizar
la gestión a través de una drástica
reducción de la planta docente, lo cual
tenía el inconveniente de tener un fuerte
costo financiero por las indemnizaciones correspondientes
del personal, que era difícil de solventar.
Y, por último, la tercera opción
era intervenir el liceo e intentar revertir los
malos resultados financieros, mejorando su gestión
administrativa interna. Para el liceo, la menos
traumática de las alternativas mencionadas
era ésta última, la de introducir
cambios en la gestión administrativa.
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