por Felipe Larraín B.

Ingeniero Comercial PUC. Master y Doctor en Economía de la Universidad de Harvard. Actualmente es profesor titular del Instituto de Economía PUC. Entre 1997 y 1999 fue profesor de la Cátedra Robert F. Kennedy de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. Es asesor de gobiernos y director de empresas.
Después de la guerra
 

La guerra contra Irak ha sorprendido al mundo, incluyendo a no pocos analistas políticos, militares y económicos. En el plano militar, por ejemplo, la decisión de enviar un contingente relativamente reducido de tropas al Golfo, apoyadas por el poder aéreo y la tecnología, fue duramente criticada por muchos. Sin embargo, el régimen iraquí se derrumbó en tres semanas, validando la estrategia de los altos mandos aliados.
En el campo económico, se ha dado -hasta el momento- el que era considerado como el mejor de los escenarios, dentro de los bélicos. Durante un tiempo, el precio del petróleo, las bolsas mundiales, los tipos de cambio, la confianza de los consumidores y … el estado de ánimo de los ministros de hacienda y presidentes de bancos centrales bailaron al son de las noticias que provenían del frente de batalla. Pero esta incertidumbre duró poco. Y, dicho sea de paso, si la Guerra del Golfo catapultó a la fama a CNN hace algo más de una década, esta guerra fue la consagración de la red de televisión qatarí Al Jazeera.
¿Qué puede decirse hoy de las consecuencias económicas de la guerra?, ¿qué lecciones aprendimos de su desarrollo? Más de alguna experiencia cosechamos con este drama bélico y humano, de cuyas consecuencias económicas todavía seremos testigos en los meses siguientes.

La guerra que no fue

En la actualidad, las guerras tienen poco de sorpresa y mucho de planificación. Los distintos escenarios del conflicto en Irak fueron estudiados no sólo por el Pentágono y el Ministerio de Defensa británico, sino también por distintas organizaciones civiles, universidades y centros especializados. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un prestigioso think tank de Washington, analizó el conflicto bélico desde mediados del año pasado con gran profundidad y planteó distintos escenarios. Sus documentos se constituyeron en base de estudio obligada para los analistas políticos y económicos mundiales.
Entre los aspectos relevantes, consideraron los costos de la operación bélica, los posteriores gastos de reconstrucción de Irak y los efectos colaterales tales como la respuesta de Irak, el incremento del sentimiento anti-norteamericano y anti-occidental en el mundo y sus repercusiones en el terrorismo mundial.
Básicamente, el CSIS consideró cuatro escenarios. El primero y más benigno contemplaba una guerra corta de cuatro a seis semanas, sin uso significativo de armas de masiva ni caídas considerables en la producción de petróleo, bajas repercusiones en el terrorismo internacional y la caída del régimen de Saddam Hussein. En el otro extremo estaba el peor escenario, que consideraba una guerra de entre 3 y 6 meses, con una fuerte sensación de caos durante y después del conflicto, uso de armas de destrucción masiva, una fuerte reducción de la producción de petróleo y el incremento sustancial del desorden político y del sentimiento anti norteamericano en el Medio Oriente.