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La guerra contra Irak ha sorprendido al mundo, incluyendo
a no pocos analistas políticos, militares y económicos.
En el plano militar, por ejemplo, la decisión
de enviar un contingente relativamente reducido de tropas
al Golfo, apoyadas por el poder aéreo y la tecnología,
fue duramente criticada por muchos. Sin embargo, el
régimen iraquí se derrumbó en tres
semanas, validando la estrategia de los altos mandos
aliados.
En el campo económico, se ha dado -hasta el momento-
el que era considerado como el mejor de los escenarios,
dentro de los bélicos. Durante un tiempo, el
precio del petróleo, las bolsas mundiales, los
tipos de cambio, la confianza de los consumidores y
el estado de ánimo de los ministros de
hacienda y presidentes de bancos centrales bailaron
al son de las noticias que provenían del frente
de batalla. Pero esta incertidumbre duró poco.
Y, dicho sea de paso, si la Guerra del Golfo catapultó
a la fama a CNN hace algo más de una década,
esta guerra fue la consagración de la red de
televisión qatarí Al Jazeera.
¿Qué puede decirse hoy de las consecuencias
económicas de la guerra?, ¿qué
lecciones aprendimos de su desarrollo? Más de
alguna experiencia cosechamos con este drama bélico
y humano, de cuyas consecuencias económicas todavía
seremos testigos en los meses siguientes.
La guerra que no fue
En la actualidad, las guerras tienen poco de sorpresa
y mucho de planificación. Los distintos escenarios
del conflicto en Irak fueron estudiados no sólo
por el Pentágono y el Ministerio de Defensa británico,
sino también por distintas organizaciones civiles,
universidades y centros especializados. El Centro de
Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS),
un prestigioso think tank de Washington, analizó
el conflicto bélico desde mediados del año
pasado con gran profundidad y planteó distintos
escenarios. Sus documentos se constituyeron en base
de estudio obligada para los analistas políticos
y económicos mundiales.
Entre los aspectos relevantes, consideraron los costos
de la operación bélica, los posteriores
gastos de reconstrucción de Irak y los efectos
colaterales tales como la respuesta de Irak, el incremento
del sentimiento anti-norteamericano y anti-occidental
en el mundo y sus repercusiones en el terrorismo mundial.
Básicamente, el CSIS consideró cuatro
escenarios. El primero y más benigno contemplaba
una guerra corta de cuatro a seis semanas, sin uso significativo
de armas de masiva ni caídas considerables en
la producción de petróleo, bajas repercusiones
en el terrorismo internacional y la caída del
régimen de Saddam Hussein. En el otro extremo
estaba el peor escenario, que consideraba una guerra
de entre 3 y 6 meses, con una fuerte sensación
de caos durante y después del conflicto, uso
de armas de destrucción masiva, una fuerte reducción
de la producción de petróleo y el incremento
sustancial del desorden político y del sentimiento
anti norteamericano en el Medio Oriente.
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