¿Qué viene por delante?
El rango de opiniones en el debate varía
entre la perspectiva de los más optimistas,
que ven la esencia del problema como uno de una
caída transitoria de la demanda agregada
a punto de ser solucionada, y la de los pesimistas,
que ven el problema como uno de exceso de capacidad
generado por las "exuberancias" de los
90 que aún no ha sido resuelto.
Sin embargo, mi perspectiva es un poco distinta.
Estoy de acuerdo con los pesimistas en que en
este momento las principales incertidumbres son
estructurales. Pero difiero de ellos en que el
problema sea necesariamente uno de exceso de capacidad
-al menos no por si solo- y de que el horizonte
sea inevitablemente oscuro.
A mi modo de ver, la pregunta principal a responder
es si es posible retomar la senda trazada por
el período de crecimiento especulativo
de los 90. Para que esto ocurra se tienen que
cumplir al menos dos condiciones: primero, los
factores detrás de ese crecimiento -progreso
tecnológico y disponibilidad de fondos-
se tienen que mantener. Y segundo, que la inversión
adicional durante el período de boom no
haya agotado toda la inversión extra requerida
producto de los factores mencionados en el primer
punto, es decir, necesitamos que aún esté
latente una demanda por más inversión.
Si éste es el caso, entonces no hay exceso
de capacidad (agregada) del que deshacerse y,
por el contrario, todavía queda boom por
delante. Respecto de la continuidad del crecimiento
de la productividad, no parece haber mucho de
que preocuparse (excepto por sus implicaciones
de corto plazo para el empleo), al menos si la
inversión en desarrollo de nueva tecnología
no continúa deprimida por mucho tiempo.
Casi todos los pronósticos dan el visto
bueno en esta dimensión. Los otros dos
ingredientes, disponibilidad de financiamiento
y exceso de capacidad, si requieren de más
discusión.
Partamos por el famoso "exceso de capacidad
instalada," ¿existe realmente un exceso
de capacidad? Hoy en día el sector negocios
de Estados Unidos tiene una razón capital-producto
alrededor de 1,36. Si no hubiese tenido lugar
el boom de la segunda mitad de los 90, y todo
el resto se hubiese mantenido igual, esta razón
sería alrededor 1,22. Por otro lado, la
capacidad no utilizada es alrededor de 26% cuando
normalmente es de 15%. Es decir, el aumento en
la proporción no usada del acervo de capital
de la economía es más o menos del
mismo orden de magnitud que el "exceso"
de inversión de la segunda mitad de los
90. Me imagino que ésta es la lógica
que lleva a los pesimistas a concluir que no hay
recuperación de la inversión a la
vista. Pero esta lógica me parece incorrecta.
En vez de esto, lo que se debe hacer es comparar
la razón capital-producto que tiene la
economía con lo que debiera tener en un
equilibrio de largo plazo bajo ciertas condiciones
plausibles.
Si uno hace esto último y mantiene los
niveles históricos de ahorro, llega a una
conclusión muy distinta: la razón
capital-producto de equilibrio de Estados Unidos
así calculada es alrededor de 1,6. Es decir,
bajo esta perspectiva, el boom de inversión
fue interrumpido por los shocks de los 90, pero
aún tenía energía para continuar.
¿Qué está detrás de
este gran aumento de la razón capital-producto
de equilibrio de largo plazo? La aceleración
de la caída del precio de las maquinarias,
resultado del gran progreso tecnológico
en los sectores que las producen. Nótese
que para este cálculo he sido conservador,
suponiendo que la tasa de caída del precio
de las maquinarias vuelve a su ritmo histórico,
más lento que el de los 90. ¿Es
esta elevada razón capital-producto un
número inusual? No realmente. A modo de
comparación la misma razón es cercana
a 1,6 en Australia y Canadá, y sobre 2
en países como Francia, Suecia, Japón
y Finlandia, por mencionar algunos países
desarrollados.
Como en casi todas las historias, no todo es color
de rosa, ya que también he supuesto en
estos cálculos que las fuentes de financiamiento
disponibles durante los 90, el ahorro público
y externo, no desaparecen, menos aún que
lo hagan abruptamente. Pero, ¿es ésta
una situación plausible?
Creo que si todo el resto anda bien, la parte
externa es menos complicada de como se le presenta.
Cierto es que los cerca de $500 mil millones de
dólares al año que necesita Estados
Unidos de financiamiento externo son un número
exorbitante, pero éste es Estados Unidos,
en una situación global donde las alternativas
de inversión no son muy alentadoras, o
las que lo son simplemente son muy pequeñas
como para hacer una diferencia. No estamos hablando
del déficit de cuenta corriente de un país
emergente, donde los inversionistas fácilmente
pueden encontrar un sustituto, y luego pueden
dar vuelta los flujos de capitales de un momento
a otro. Tampoco estamos en la situación
de los 80, donde se presentó una situación
similar pero existía Japón como
una atrayente alternativa. Esto no quiere decir
que el dólar no encuentre más de
una turbulencia en el mediano plazo, especialmente
si por razones políticas Estados Unidos
sigue presionado a China y otros para que revalúen
sus monedas; la contrapartida de estas revaluaciones
sería una disminución de la acumulación
de reservas de estos países, las cuales
se invierten fundamentalmente en instrumentos
públicos americanos. Hay que recordar que
el mercado de capitales se ajusta mucho más
rápido que el de bienes.
El peligro real yace en la otra fuente de financiamiento,
el ahorro público. Si no se trabaja seriamente
en mejorar las cuentas fiscales, no las de hoy,
sino las de mediano y largo plazo, el castillo
de naipes se derrumba. Si en lugar de suponer
cuentas fiscales equilibradas, que es lo que hecho
en mis cálculos de arriba, suponemos que
los déficit fiscales se mantienen en el
orden de 4 a 5% por un período largo de
tiempo, y esto no es compensado por un aumento
del ahorro privado (casi nunca lo es, al menos
no uno a uno), entonces la razón capital-producto
de equilibrio podría caer hasta niveles
tan bajos como 1,1. Si éste es el caso,
entonces si tenemos exceso de capacidad y los
pesimistas están justificados. La contrapartida
de esto es, por supuesto, una gran alza de la
tasa de interés de largo plazo.
En resumen, la economía americana es un
"tighly coiled spring" con mucho potencial,
que seguramente será suficiente para un
muy buen segundo semestre de este año y
primera mitad del siguiente, y también
lo puede ser si miramos en un horizonte más
largo. Pero esta gran oportunidad corre el riesgo
de ser desaprovechada si no hay un esfuerzo fiscal
futuro mucho más importante que el que
se anticipa en estos momentos.
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