En el escritorio de su departamento, ubicado en un tranquilo
barrio del sector oriente de Santiago, las fotos familiares
de María Teresa Infante Barros comparten pared
con aquellas que retratan su paso por el gobierno militar.
En estas últimas, su figura seria, joven y femenina
resalta entre medio de tantos hombres. Son imágenes
de su carrera en la administración pública,
la que culminó como ministra del Trabajo (1989-2000).
Antes fue subsecretaria de Previsión Social y superintendente
de Educación, a donde llegó desde el departamento
de estudios de la Oficina de Planificación Nacional
(ODEPLAN), en la legendaria época de Miguel Kast.
Tras la vuelta a la democracia, esta ingeniero comercial
de la UC (casada, 2 hijos y master en la U. de Chicago)
trabajó dos años como Secretaria General
de la Sociedad de Instrucción Primaria de Santiago,
a cargo de administrar 17 colegios con 20.000 alumnos
de escasos recursos. En 1994 formó una empresa
consultora que asesora a gobiernos, colegios y empresas
en planificación y gestión de proyectos,
convencida de la importancia de la educación como
herramienta para superar la pobreza. Y, desde 1996 a la
fecha es directora de la AFP Habitat.
Sencilla, inteligente y franca, reconoce que su vocación
social -que surgió por el ejemplo de su familia-
no sólo fue su objetivo al escoger estudiar Economía,
sino también ha sido la inspiración en su
trayectoria personal y profesional:
-Me marcó mucho ver a mi mamá y a mi papá
siempre metidos en 'cosas de bien'... El, director de
fundaciones, y ella dando siempre algo a cada persona
que tocaba el timbre para pedir en nuestra casa. Eso motivo
en mí una reflexión sobre cómo sería
la forma más eficiente de dar solución a
la pobreza y las necesidades sociales.
-Así vi yo la Economía cuando entré
a estudiar a la Universidad Católica y, afortunadamente,
esta profesión me permitió desarrollar esa
vocación social en forma maravillosa, porque se
dio la oportunidad de que después vino un énfasis
grande en ver tanto la inversión en capital humano,
como el gasto social.
María Teresa Infante agrega que también
influyeron los cursos de postgrado de los profesores Gary
Becker y Arnold Harberger en Chicago. "De esa forma,
todo se fue redondeando y surgió un camino que
en realidad estaba definido por un trabajo más
enfocado a lo social que lo meramente financiero o de
empresa, más típico del economista".
La huella de Miguel Kast
-¿Cuándo y cómo ingresó
a Odeplán?
-Fue a fines de 1973. Miguel Kast y un grupo de profesionales
venían llegando de estudiar en Chicago y fueron
llamados por el equipo económico del gobierno
militar, incluso algunos adelantaron su regreso. Llegando
a Chile ellos comenzaron a revisar las listas de los
egresados de ese año y ahí estaba yo terminando
la carrera, incluso empecé a trabajar antes de
recibirme y eso me significó demorarme dos meses
más en sacar la memoria. Esta trataba sobre Protección
Efectiva en la Industria Siderúrgica Chilena,
con Dominique Hachette como profesor.
-Este año se recuerdan 20 años de la
muerte de Miguel Kast. En el panorama económico
social chileno, e independientemente de colores políticos,
no se ha vuelto a ver alguien con su espíritu
y vocación. ¿A qué atribuye usted
el arrastre que tenía él en la gente?
-Al gran carisma personal y a la tremenda consistencia
personal-moral-profesional, que se reflejaba en predicar
con el ejemplo de verdad, con lo cual dejaba huella.
Era un hombre tremendamente sólido, activo, trabajador
y entusiasta que nos remecía la conciencia. El
despertaba el sentido público, de compromiso,
sin obligar, pero con mucho impulso.
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