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1. Introducción
Tal como afirman Hansen et al. (1999) "La gestión
del conocimiento no es nada nuevo". El hombre,
en diversos ámbitos, siempre ha buscado traspasar
el conocimiento valioso: desde el padre que enseña
a su hijo los secretos del negocio familiar, la madre
que enseña a su hija las recetas de cocina familiares.
Los autores continúan explicando que, en el pasado,
el activo principal de las economías eran los
recursos naturales; sin embargo, hoy, tal como lo expresan
Wenger et al. (2000) "la economía se basa
en el conocimiento". De esta forma, Nonaka (1991)
plantea que "en una economía cuya única
certidumbre es la incertidumbre, la mejor fuente para
obtener ventajas competitivas duraderas es el conocimiento".
Más aún, Juan Pablo II (1991), en vista
que es "cada vez más evidente y determinante
el papel del trabajo humano, disciplinado y creativo,
y el de las capacidades de iniciativa y espíritu
emprendedor" infiere que "el principal recurso
del hombre es, junto con la tierra, el hombre mismo".
En vista de ello, una efectiva gestión del conocimiento
no sólo sería clave para el desarrollo
económico de la empresa, sino que ayudaría
al hombre situarse, más allá de su trabajo
y su capital, como el principal recurso de la empresa.
Mas ¿Qué se entiende por gestión
del conocimiento? Según Hibbard (1996), es el
"proceso de captura del expertise colectivo de
una compañía, donde sea que éste
resida -en bases de dato, papel, o en las cabezas de
las personas- y su distribución a donde sea que
pueda ayudar a producir la mayor rentabilidad. Asimismo,
Davenport (2003) modela la gestión del conocimiento
como la búsqueda de ideas, el dejarlas en un
formato adecuado, la promoción de estas ideas
y su implementación.
De acuerdo con Ruggles (1998), sólo un 12% de
los ejecutivos están satisfechos con cómo
se comparte internamente el conocimiento en sus empresas.
Es por ello que, debido a la importancia central del
conocimiento para la rentabilidad de la empresa y el
rol de sus trabajadores en ésta, se hace necesario
crear herramientas concretas para mejorar la gestión
del conocimiento. En virtud de ello, el presente trabajo
describe una "metodología de gestión
del conocimiento" (MGC). Esta metodología
tiene como objetivo ser instrumento de una efectiva
y continua gestión del conocimiento para las
organizaciones que la utilicen. Por efectiva, se entiende
que el conocimiento transferido permita a la empresa
mejorar sus procesos utilizando el conocimiento humano;
por continua, se entiende el que la metodología
propuesta ayude a hacer de la gestión del conocimiento
una práctica habitual en la Empresa que la implemente.
En los ámbitos recién descritos, Brown
y Duguid (2000) escriben que la gestión del conocimiento
debe ser un balance entre "buenas prácticas"
y una mirada de procesos. Por un lado, plantean que
la adquisición de conocimiento debe estar centrado
fuertemente en la búsqueda de "buenas prácticas";
sin embargo, advierten que si la transferencia de conocimientos
se realiza enfatizando las prácticas, se generan
muchas ideas sin la estructura para aprovecharlas. De
esta forma, plantean que la transferencia del conocimiento
debe realizarse a través de procesos; es decir,
una coordinación organizacional estructurada
que permita transferir el conocimiento local a toda
la compañía.
Asimismo, se plantea que la transferencia no debe ser
hecha a partir de la opinión de expertos y/o
informes acerca del proceso a imitar, sino que directamente
a partir del proceso mismo, copiándolo en la
forma más exacta posible (Szulanski y Winter
2002). Así, los autores justifican a través
de diversos casos, que el proceso transferido sólo
debe ser modificado cuando se haya alcanzado "resultados
aceptables": ellos enfatizan que la transferencia
de conocimiento y su enriquecimiento nunca deben ser
realizados en forma simultánea.
En la literatura se recalca que la gestión del
conocimiento no debe reducirse al uso de fuentes de
conocimiento interno de la organización, sino
que se deben explorar las fuentes de conocimiento externo
a la organización. Para ello, Rigby y Zook (2002)
plantean que se está comenzando a explorar las
"innovaciones de mercado abierto" que incluyen
instrumentos tales como licencias, joint ventures y
alianzas estratégicas para transferir ideas.
Diversos autores trabajan a partir de la distinción
entre conocimiento tácito y explícito
(Nonaka 1991, Hansen et al. 1999, Brown y Duguid 2000).
Nonaka, describe "la espiral del conocimiento";
esta espiral nace a partir del manejo de conocimiento
tácito: conocimiento de prácticas, no
verbalizado, muy personal y, por ende, difícilmente
transferible.
La espiral continúa su ascenso cuando el conocimiento
tácito es traducido a conocimiento explícito,
el cual es formal y sistemático; por ende, puede
ser fácilmente comunicado y compartido a través
de reglas, procedimientos y descripción de procesos.
Por otro lado, Kim (1993), distingue entre el aprendizaje
"conceptual" y "operacional". El
aprendizaje operacional se centra en el "cómo"
implementar cambios (know-how); en cambio, el conceptual,
consiste en el estudio del "por qué"
de los cambios: i.e. las relaciones causa-efecto que
gobiernan los eventos y el diseño de una teoría
que los explique (know-why). Murkherjee et al. (1998)
y Lapré et al. (2000) demuestran que la transferencia
de ambos aprendizajes en forma simultánea y complementaria
logra mejores resultados en la mejora de un proceso
que la clásica transferencia del aprendizaje
operacional aislado.
Asimismo, Nelson y Winter (1982), plantean que el conocimiento
de la función de producción de una firma
es típicamente incompleto. De esta forma, se
plantea que, para mejorar procesos, es clave un entendimiento
profundo de éstos (Pisano, 1994); ello nos remite
nuevamente a la importancia de conceptualizar y codificar
el conocimiento conceptual. Esta codificación
facilitaría la diseminación del conocimiento
a toda la organización (Mukherjee, 1998).
Para liderar la gestión del conocimiento, Liebowitz
(1999), propone la necesidad de contar con una "Gerente
del Conocimiento"1 cuyo rol sea la conjunción
de cuatro imágenes: cartógrafo (haciendo
un mapa del "expertise" y facilitando las
conexiones), geólogo (penetrando en áreas
específicas y aplicando herramientas), chispero
(concientizando acerca de la necesidad de cambiar) y
arquitecto (diseñando el ambiente físico
y cultural). Asimismo, Mukherjee et al. (1998), recomiendan
equipos de trabajo que integren a individuos de distintas
funciones en la Empresa.
La forma convencional de ver el conocimiento es como
una herramienta restringida a resolver problemas (Hansen
et al. 1999); desde esta perspectiva, el conocimiento
debe ser almacenado hasta que algún agente lo
requiera para resolver algún problema.
Cabe destacar que la MGC propuesta se basa en una investigación
realizada en una empresa de retail2 . La metodología
de investigación utilizada consistió en:
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