"Creo que en el año 2003 volvió el alma al cuerpo porque estamos en una situación de expectativas que cambió radicalmente. Creímos que íbamos a ser un país desarrollado y vino el desaliento de lo que podría pasar en la Región, con un pesimismo ambiental enorme, junto a un período donde el crecimiento de Chile bajó e incluso hubo períodos negativos -en particular el año 99- y después crecimientos muy bajos del 2%, 1,5% y 3%".

"La consecuencia de eso fue que las empresas empezaron a mirar hacia adentro, limitaron su proceso de desarrollo a Chile, ajustaron costos, redujeron plantillas, aumentaron la eficiencia y, por lo tanto, se provocó un sueño violento de hasta dónde podían llegar. Antes, se pensaba que se podía abarcar todos los rubros que funcionaban con algún grado de éxito local, convirtiéndose en multinacional chilena en el rubro y repetir la experiencia exitosa nacional en Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Argentina y eventualmente hasta Brasil", asegura Tagle.
-¿Pecamos de ingenuos o poco realistas?
-La ingenuidad fue mucho mayor en el mundo desarrollado que en Chile. Los chilenos dejaron de invertir en América Latina y tener confianza en el proceso de expansión dos años antes. Eso se puede ver en la transferencia de compañías locales que eran promotoras de este proceso y que fueron vendidas a corporaciones multinacionales.
-¿Tenemos una hipersensibilidad hacia la Región?
-Creo que sí e incluso hoy estamos viviendo un proceso inverso. La expansión en América Latina fue impulsada principalmente por corporaciones chilenas que se empezaron a comprar o participar en otros negocios del mundo y lo que pasó fue que esas mismas compañías decidieron vender a las multinacionales que venían de atrás con mucha fuerza. Algunos ejemplos: Santa Isabel, que partió como un supermercado local, luego fue regional y después se vendió al conglomerado internacional Ahold; en el caso de Enersis, se expandió fuerte en la Región, creó una multinacional eléctrica hasta que llega el grupo Endesa para América Latina y los chilenos se retiran; y Laboratorio Chile tuvo un proceso similar, entre otros.
-¿Qué sucedió en el lapso entre que vendieron, tenían capital y ahora? Usted ha declarado que hoy existen inversionistas pero faltan proyectos...
-La caída regional fue extremadamente profunda y el daño que se le produjo a muchas empresas que invirtieron en América Latina fue tan fuerte que es difícil volver a tener sueños con mucho optimismo para invertir en la Región. En el proceso donde compañías chilenas vendieron a multinacionales muchos de esos grupos quedaron fuertes en posición financiera observando cómo se desarrollaba la tendencia. Frente a la catástrofe macroeconómica ocurrida en América Latina, lo más prudente era no hacer grandes planes de crecimiento futuro hasta el 2003. Ese año se inicia con una sensación que será desastroso, pero se pensaba que sería de todas maneras mejor que el 2002.

-¿El panorama también estaba ensombrecido por el conflicto en Irak?
-La guerra era efectivamente el otro gran fantasma que desaparece a lo largo del 2003.
Añade que, a lo anterior, se sumaba el temor sobre cómo manejaría el nuevo presidente de Brasil la política económica y la relación con los mercados financieros internacionales.
A juicio de Tagle, "en ese panorama qué sentido tenía el ser muy agresivo en crecer. Solamente podía tener una lógica en aquellos mercados donde realmente la economía doméstica podía tener un sustento: para mí, el sector comercio es el único que realmente ha mantenido la dinámica del crecimiento, de desarrollar nuevos proyectos porque su desempeño depende exclusivamente de lo que pase en Chile y de cómo le llega al bienestar de los chilenos, no de la economía mundial.
-¿Ha sido parejo ese proceso de expansión del comercio?
-Está anticipando un mayor bienestar de la población más allá de lo que ha sido.
-¿Está sobredimensionado?
-Pienso que sí. Para la capacidad de consumo que actualmente tiene la población la inversión en infraestructura de comercio existente desde el 2003 en particular -centros comerciales nuevos y ampliación de otros- está yendo más rápido de lo que es el crecimiento de la población.

Déficit de EE.UU.: amenaza latente

-¿Cómo evolucionó el año 2003 en la economía internacional?
-Cuando Brasil se manifiesta mucho mejor y más razonable de lo esperado, la guerra con Irak termina antes de lo que nadie imaginó, el mercado del petróleo se estabiliza, la desaceleración de la economía norteamericana no llega a lo que se temía y empieza un crecimiento relevante -Asia incluido- comienza una vuelta del optimismo. Al mismo tiempo, como en esta crisis reciente -salvo casos puntuales como Enron y Worldcom- no hubo grandes colapsos de valores, la riqueza del mercado financiero siguió creciendo.
-¿Cúal ha sido el comportamiento del déficit de Estados Unidos?
-Creo que es una amenaza latente y es parte de lo que vemos en el tipo de cambio. Estados Unidos tiene la capacidad de manejar un poco su déficit porque administra la moneda del mundo y si deja devaluar un poco su moneda el déficit se le revierte rápidamente. Es una economía tremendamente poderosa que es capaz de alimentar al mundo, proveerle bienes y lo único que necesita es que para el mundo no sea caro comprárselos. El dólar no se ha devaluado solamente en Chile y si bien aquí ha sido fuerte es que para el mundo no sea caro comprárselos. El dólar no se ha devaluado solamente en Chile y si bien aquí ha sido fuerte no lo ha sido tanto respecto al euro, ni en relación a algunas monedas asiáticas que se han devaluado más que el peso.
-¿Qué está sucediendo en EE.UU.?
-Lo que pasa en Estados Unidos es que veníamos de un período donde había un problema de superávit antes de la guerra. La gran discusión en ese país hace poco más de un año era cómo se iba a administrar el superávit que la economía norteamericana iba a empezar a generar y, por lo tanto, cuánto se iban a poder bajar los impuestos, cuánto se dedicaría a gasto social, etc. Vino la guerra y se consumió todo el superávit posible y pasaron a tener una economía deficitaria. Ese déficit empieza a generar temor al mundo y es el que empieza a provocar que el dólar se devalúe. La verdad es que con un dólar devaluado se atenúa un poco la preocupación por el déficit, porque podría ocurrir que sean los propios consumidores del mundo los que le resuelven el problema del déficit de Estados Unidos. Es la injusticia de ser un país tan grande versus uno más pequeño.
-¿Era esperable el alza récord en el precio del cobre?
-Tuvimos una sucesión de hechos que sorprendió al mundo por su optimismo. Lo hemos visto en transacciones financieras muy grandes con éxitos no esperados. Tuvimos mercados que han subido más de lo que se imaginaba, en particular los bursátiles, y caídas en tasas de interés que tampoco se revirtieron e incluso bajaron marginalmente más. Por lo tanto, todo esto en su conjunto ha ido provocando un mayor optimismo económico que fortaleció los precios de los productos commodities, dentro de los cuales está el cobre. En China hay más crecimiento del que se esperaba y eso nos llega directamente 'a la vena' a través de los precios del cobre y de la celulosa que no estaban dentro de las expectativas.