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"La consecuencia de eso fue que las empresas empezaron
a mirar hacia adentro, limitaron su proceso de desarrollo
a Chile, ajustaron costos, redujeron plantillas, aumentaron
la eficiencia y, por lo tanto, se provocó un
sueño violento de hasta dónde podían
llegar. Antes, se pensaba que se podía abarcar
todos los rubros que funcionaban con algún grado
de éxito local, convirtiéndose en multinacional
chilena en el rubro y repetir la experiencia exitosa
nacional en Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela,
Argentina y eventualmente hasta Brasil", asegura
Tagle.
-¿Pecamos de ingenuos o poco realistas?
-La ingenuidad fue mucho mayor en el mundo desarrollado
que en Chile. Los chilenos dejaron de invertir en América
Latina y tener confianza en el proceso de expansión
dos años antes. Eso se puede ver en la transferencia
de compañías locales que eran promotoras
de este proceso y que fueron vendidas a corporaciones
multinacionales.
-¿Tenemos una hipersensibilidad hacia la Región?
-Creo que sí e incluso hoy estamos viviendo un
proceso inverso. La expansión en América
Latina fue impulsada principalmente por corporaciones
chilenas que se empezaron a comprar o participar en
otros negocios del mundo y lo que pasó fue que
esas mismas compañías decidieron vender
a las multinacionales que venían de atrás
con mucha fuerza. Algunos ejemplos: Santa Isabel, que
partió como un supermercado local, luego fue
regional y después se vendió al conglomerado
internacional Ahold; en el caso de Enersis, se expandió
fuerte en la Región, creó una multinacional
eléctrica hasta que llega el grupo Endesa para
América Latina y los chilenos se retiran; y Laboratorio
Chile tuvo un proceso similar, entre otros.
-¿Qué sucedió en el lapso entre
que vendieron, tenían capital y ahora? Usted
ha declarado que hoy existen inversionistas pero faltan
proyectos...
-La caída regional fue extremadamente profunda
y el daño que se le produjo a muchas empresas
que invirtieron en América Latina fue tan fuerte
que es difícil volver a tener sueños con
mucho optimismo para invertir en la Región. En
el proceso donde compañías chilenas vendieron
a multinacionales muchos de esos grupos quedaron fuertes
en posición financiera observando cómo
se desarrollaba la tendencia. Frente a la catástrofe
macroeconómica ocurrida en América Latina,
lo más prudente era no hacer grandes planes de
crecimiento futuro hasta el 2003. Ese año se
inicia con una sensación que será desastroso,
pero se pensaba que sería de todas maneras mejor
que el 2002.
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