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El controvertido estreno de las pruebas de admisión
a las universidades chilenas, la PSU, ocurrió
a fines del año pasado tal como estaba previsto.
Si bien, inicialmente, algunas autoridades universitarias
y ministeriales se congratulaban por el éxito
con que se había desarrollado el proceso de admisión
2004, pronto surgieron dudas e inquietudes acerca de
si éste había sido realmente tan satisfactorio.
En particular, llamó la atención la forma
agregada y críptica en que el DEMRE -la institución
de la Universidad de Chile encargada de administrar
las nuevas pruebas-entregó la información
acerca de los resultados y las interpretaciones optimistas,
pero sin fundamento, que altas autoridades educacionales
sacaron a partir de ellos.1
A corto andar quedó en evidencia la vulnerabilidad
del sistema de admisión. El tránsito de
la PAA a la PSU fue apresurado y sin ser suficientemente
evaluado. Quienes pagaron el precio más alto
fueron los estudiantes. Los puntajes de la PSU fueron
más bajos que los que tradicionalmente se obtenían
en la PAA y las autoridades universitarias no lo advirtieron
a tiempo.2 Producto de ello, alumnos que tenían
suficiente puntaje para entrar a los planteles tradicionales
se matricularon en universidades privadas y muchos no
pudieron acceder a beneficios de becas o créditos
de estudio. Las universidades tradicionales, al mantener
los mismos puntajes de corte para postular a las carreras
que el año pasado, no llenaron sus cupos en carreras
que tradicionalmente tenían una alta demanda.
Nada hacía prever la baja de los puntajes a las
autoridades. Por el contrario, el ensayo nacional de
la PSU mostró resultados completamente distintos,
con promedios que aumentaban entre 25 y 28 puntos en
Lenguaje y Matemáticas respectivamente. El propio
rector de la Universidad de Chile reconoció que
de mantenerse los resultados del ensayo en el examen
oficial "los puntajes mínimos para ingresar
a las carreras el 2004 aumentarán".3 Esto
fue exactamente lo contrario a lo que sucedió
en el proceso de admisión.
La búsqueda de responsables por el desacierto
en el proceso de admisión a las universidades
se concentró en el DEMRE.4 Se responsabilizó
al DEMRE por no haber dado la voz de alerta sobre la
baja de los puntajes y, más aún, dos profesores
del departamento de estadística de la PUC le
atribuyeron la responsabilidad de haber transformado
equivocadamente los puntajes de la PSU, refiriéndose
particularmente a la prueba de matemáticas (en
adelante PSU-MAT). 5
El tema de la transformación de puntajes empleada
es muy importante puesto que tiene impacto en la posibilidad
de un postulante de ser admitido a una carrera y para
el acceso a beneficios estudiantiles. Si bien las transformaciones
no afectan el puesto relativo de los estudiantes dentro
de una prueba (es decir, el que tiene más preguntas
buenas en la PSU-MAT siempre tendrá más
puntos en ella), la transformación usada sí
puede afectar los puntajes de postulación a las
carreras, ya que al combinarse los puntajes de una prueba
PSU con los de las otras y con los puntajes correspondientes
a las notas de colegio puede revertirse el ordenamiento
de ciertos estudiantes. En consecuencia, la transformación
usada tiene incidencia en los puntajes ponderados para
la admisión. Del mismo modo, la transformación
de puntajes también puede afectar el acceso a
beneficios estudiantiles: becas de excelencia académica
y crédito fiscal. De acuerdo a cómo se
transformen los puntajes puede variar radicalmente el
contingente de alumnos que pueda acceder a financiamiento
por estar por sobre los 475 puntos en el caso del crédito
fiscal y los 600 para el caso de las becas por mérito
académico.
Por tanto, la discusión acerca del tipo de transformación
es de suma importancia y debe ser resuelta para el año
entrante. Sin embargo, ella no debe obscurecer el problema
de fondo, cual es, que algunas de las pruebas PSU no
operaron bien técnicamente a pesar de que los
investigadores responsables del proyecto SIES -del cual
surgieron las PSU- han intentado negar la evidencia
del mal funcionamiento de las pruebas.6
Es momento de identificar los problemas de la PSU y
tomar medidas correctivas para evitar que este año
se repitan errores que signifiquen un alto costo para
los postulantes, sus padres y las universidades.
La urgencia de hacerlo ahora radica en que hay decisiones
que se están considerando, como la expansión
de los contenidos curriculares en la PSU, que merecen
ser re-estudiadas. No se puede correr riesgos innecesarios
comprometiendo el futuro de otra generación de
estudiantes. A la luz de la controversia surgida sobre
la calidad de las PSU, consideramos indispensable que
una institución internacional independiente realice
una auditoría técnica, que evalúe
el proceso y proponga cambios para la PSU.
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