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| -¿Cree
tener una condición especial para
desempeñar este rol?
-Sin falsa modestia, creo tener la cualidad
de prestar mi hombro si alguien necesita
llorar sobre él. También
creo que ser mujer ha sido una gran ventaja.
Además, quiero mucho a la juventud
y entiendo que es una etapa de crisis
en la que también a los estudiantes
se les exige mucho y en la cual deben
definir su futuro. A veces han venido
a mi oficina chiquillos que lo tienen
todo: regia casa, familia bien constituida
y plata pero les falta cariño;
también ha llegado la niña
que quedó esperando guagua del
pololo y no sabe cómo decírselo
a sus padres, o el joven muy inteligente
pero de escasos recursos que pide una
oportunidad.
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| En la foto, Carmen
Tessada al centro junto a sus compañeros
de generación (1957). |
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También le tocan
casos de enfermedades catastróficas que la sobrecogen:
-Recuerdo que yo era bastante joven y estaba en la Casa Central
de la UC, cuando Andrés Larraín Bascuñán
-hermano mayor de Felipe y quien estaba desahuciado por leucemia-
llegó muy preocupado por los horarios de un examen final
que no estaba en condiciones de dar a las 8.30 en pleno invierno.
El ya estaba muy débil por los tratamientos a su enfermedad
y convinimos que rindiera la prueba en mi oficina a las 9.45.
El tenía la obsesión de salvar su carrera y siempre
nos agradeció el apoyo para cumplir su deseo.
Optimizar recursos
-¿Cómo puede conocer la
situación de los casi 1.400 alumnos de pregrado?
-Siempre he tenido muy buenos equipos de secretarias: Desde
la "dinastía Huidobro" y las Olea, pasando
por la Carola Cornejo, la Patty Briones y la Cote Solorzano
hasta las actuales: Francisca Tomaselo, Tatiana Soto y Verónica
Zúñiga, que son muy organizadas e incluso una
de ellas tomó un curso de enfermería. Con ellas
armamos un grupo altamente eficiente. Además, cualquier
cosa que pasa en la Escuela, la frase típica es "avísenle
a la Carmen...", mantengo una excelente comunicación
con los profesores y tengo muy buena memoria de asociación
de ideas. Por ejemplo, si una chiquilla se desmaya ya queda
registrada en mi mente para siempre o si alguien no da un
examen por un nódulo a la garganta le sigo toda la
enfermedad.
-Pero a veces le deben faltar horas para tantas cosas...
-Creo que en la vida es primordial administrar bien el tiempo
para ser eficiente, rendir al máximo y ser eficiente.
Aquello de "no dejes para mañana lo que puedes
hacer hoy" es una máxima que llevo muy dentro
de mí, lo que me permite optimizar mis recursos y ser
muy ejecutiva.
-¿Qué anécdotas recuerda de sus años
en la UC?
-Muchísimas, pero sin duda que tras el convenio con
la Universidad de Chicago se vivieron momentos tensos. Profesores
como Ernesto Fontaine y Sergio de Castro llegaron de Estados
Unidos decididos a implementar nuevos ramos y un sistema de
estudio más exigente. En esa época yo estaba
en quinto año, era delegada de curso y me tocó
negociar la implementación gradual de esas transformaciones
porque era un cambio de las reglas del juego, aunque en el
fondo nos convencimos que adoptar ese modelo norteamericano
era mejor.
-Otro hecho notable y conmovedor se dio en mi curso, donde
tenía a compañeros como María Elena Ovalle,
Pablo Baraona y Ricardo Ffrench-Davis; estos dos últimos
eran muy amigos pese a tener ideas políticas diferentes.
Sucedió que, tras implementarse el sistema de la nota
relativa -al estilo Chicago- Ricardo se sacaba tan buenas
notas que nos dejaba pésimo al resto; así es
que para el examen final y como delegada le pedí que
dejara un par de preguntas sin contestar para bajar la media
¡y lo hizo!... Creo que ese acto de compañerismo
no se daría hoy, porque hay mucha competencia; y si
bien soy partidaria de ésta en el sentido del fair
play, la superación y jugar limpio, también
creo que el cariño es un bien renovable que requiere
tiempo y dedicación, pero que trae enormes compensaciones.
-También recuerdo cuando cumplí 30 años
en la Facultad y los alumnos y profesores cerraron un restaurante
llamado La Estancia, en Las Condes, para celebrarme. Yo llegué
en una "burra" con Patricio Kreutzberger; y otra
emoción parecida fue para los 40 años en la
UC, cuando llegué en limusina acompañada de
todos mis sobrinos a una gran fiesta en Estudio Gigante.
-¿Cómo ha visto la evolución de los
exigencias a los estudiantes y las condiciones en que egresan?
-Pienso que antes era menos difícil entrar a la universidad
y que las exigencias han ido en aumento, porque la competitividad
tanto a nivel académico como en el mercado laboral
es tremenda. Diría que a nuestra Facultad ingresan
los promedios más altos de esta carrera en relación
con otras y cada vez tenemos más mujeres, con excelentes
resultados. Respecto a nuestros egresados, pienso que la formación
que reciben aquí es integral y cada vez están
mejor preparados para enfrentar cualquier desafío laboral.
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