Después de seis años
en que la economía chilena creció
a tasas bajas, que a muchos llevó a predecir
que el modelo chileno se había
agotado, en 2004 el PIB aumentó en casi un
6 por ciento. ¿Se mantendrá elevada
la tasa de crecimiento del producto en el corto
plazo? ¿Entramos a un período de mediano
plazo de vacas menos flacas, como predijo el Ministro
de Hacienda? ¿Qué lecciones podemos
sacar de nuestra historia económica con respecto
a lo que pueda pasar con la evolución del
PIB per cápita en el largo plazo?
Son estas las preguntas que pretendemos responder
en los próximos párrafos. Para ello
hacemos primero una breve retrospectiva de nuestro
desarrollo económico a partir de 1810, lo
que nos permite emitir algunos juicios sobre las
perspectivas económicas de mediano y largo
plazo. Luego analizamos la coyuntura, incluyendo
los riesgos a que se encuentra sometida nuestra
economía en el corto plazo.
Retrospectiva
En una mirada larga, como aquella que se muestra
en el gráfico Nº1, el PIB per cápita
de Chile ha crecido desde 1810 a una tasa levemente
mayor que aquél de un conjunto de países
considerados representativos del resto del
mundo, pero a una tasa menor que aquél
de los EE.UU. de Norteamérica, la economía
líder. En efecto, el PIB per
cápita de los EE.UU. creció entre
1810 y 2004 a una tasa anual compuesta de 1,67
por ciento, en cambio Chile sólo lo hizo
a una tasa de 1,37 por ciento. En los sub-períodos
1810-1894, 1894-1984, y 1984-2004 las tasas de
crecimiento anuales del Producto por persona de
los EE.UU. fueron del 1,00; 2,20; y 2,11 por ciento,
en cambio las de Chile fueron del 1,11; 1,00;
y 4,14 por ciento, respectivamente. Cabe hacer
notar que una vez que Chile hubo consolidado su
independencia, también se aceleró
significativamente, durante el siglo XIX, la tasa
de convergencia del PIB por persona en Chile al
de los EE.UU. Tanto así, que entre 1834
y 1894 el crecimiento del PIB per cápita
de Chile fue de 1,84 por ciento, en cambio el
de EE.UU. fue de sólo 1,03 por ciento.
Dicha visión de largo plazo oculta dos
dinámicas opuestas. Se destacan dos períodos
de convergencia de nues-tro ingreso por persona
hacia aquellos de los países de más
alto ingreso el siglo XIX y 1985-1997, respectivamente
(1)y un período de divergencia que cubre
desde aproximadamente comienzos del siglo XX,
hasta aproximadamente 1980.
Cabe destacar que en Chile durante los períodos
de convergencia imperaron instituciones de libre
mercado, economías abiertas internacionalmente,
y la existencia de una adecuada disciplina fiscal
y monetaria. En cambio, el período de divergencia
se caracterizó por la sustitución
forzada de importaciones, un creciente grado de
intervención discrecional de la autoridad
en la economía, y desorden fiscal y monetario.
Existen buenos argumentos, incluso una teoría
que los avala (2) , para predecir que los niveles
de los productos por persona de los países
más pobres deben tender normalmente a acercarse
a aquellos de los países líderes.
Eso, como se mostró, no sucedió
en el caso de Chile durante la mayor parte del
siglo XX. En otro lugar hemos aventurado una explicación
para este fenómeno basada en el tipo de
políticas económicas que se aplicaron
entonces, citadas en el párrafo anterior
(3) . Ese tipo de políticas afectó
negativamente la productividad del uso de nuestros
recursos y redujo relativamente a lo que
podrían haber sido los niveles de
inversión.
El mismo gráfico Nº1 muestra que después
de 1997 el crecimiento económico relativo
de Chile se estancó o, al menos, se redujo
muy significativamente con respecto al período
1985-1997. Incluso en el año recién
pasado, en que la economía chilena creció
al 5,8 por ciento, la economía mundial
lo hizo al 5 por ciento, la de los EE.UU. al 4,4
por ciento y la de los países en desarrollo
al 6,1 por ciento (4) . Es más, la relativamente
elevada tasa de crecimiento de Chile en 2004 en
comparación a los magros resultados de
los años ante-riores es explicada
por la mayoría de los analistas por el
comportamiento extremadamente favorable del entorno
económico internacional.
Perspectivas de mediano y
largo plazo
Es legítimo entonces preguntarse si se
retomará de ahora en adelante el rápido
proceso de convergencia de 1985-1997 o si la economía
chilena sólo continuará creciendo
al vaivén de la economía mundial,
como lo ha hecho recientemente. A la luz de nuestra
historia económica la respuesta parece
ser clara.
Algunas de las instituciones básicas para
crecer económicamente un grado razonable
de libertad económica y de emprendimiento,
apertura financiera y comercial, y disciplina
fiscal y monetaria ya se encuentran fuertemente
arraigadas. En efecto, -1- Chile aparece en el
onceavo lugar del ranking de libertad económica
de 2004, preparado por la Fundación Heritag,
desplazando incluso a los EE.UU. y muy por arriba
de los demás países de América
Latina; -2-) tiene un arancel de importaciones
máximo del 6 por ciento y un nivel de derechos
de importación efectivo promedio sólo
levemente superior al 2 por ciento; -3- tiene
la tasa de inflación más baja de
América Latina y -4- es de los pocos países
del mundo con superávit fiscal. Además,
recientemente han entrado en operación
los tratados de libre comercio con la Unión
Europea y con los EE.UU., que son particularmente
importantes, porque fijan indirectamente las reglas
del juego económico del país,
fortaleciendo los derechos de propiedad,
en el sentido más amplio de la expresión.
Es decir, es altamente probable que baste con
mantener las condiciones enumeradas para crecer
al menos a la tasa promedio mundial y posiblemente
incluso a una tasa algo superior.
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