por Rolf Lüders

Ph. D., M.B.A. y M.A. Universidad de Chicago, EE.UU.. Ingeniero Comercial Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor investigador PUC
Economía chilena ¿quo vadis?

Después de seis años en que la economía chilena creció a tasas bajas, que a muchos llevó a predecir que el “modelo chileno” se había agotado, en 2004 el PIB aumentó en casi un 6 por ciento. ¿Se mantendrá elevada la tasa de crecimiento del producto en el corto plazo? ¿Entramos a un período de mediano plazo de vacas menos flacas, como predijo el Ministro de Hacienda? ¿Qué lecciones podemos sacar de nuestra historia económica con respecto a lo que pueda pasar con la evolución del PIB per cápita en el largo plazo?
Son estas las preguntas que pretendemos responder en los próximos párrafos. Para ello hacemos primero una breve retrospectiva de nuestro desarrollo económico a partir de 1810, lo que nos permite emitir algunos juicios sobre las perspectivas económicas de mediano y largo plazo. Luego analizamos la coyuntura, incluyendo los riesgos a que se encuentra sometida nuestra economía en el corto plazo.

Retrospectiva

En una mirada larga, como aquella que se muestra en el gráfico Nº1, el PIB per cápita de Chile ha crecido desde 1810 a una tasa levemente mayor que aquél de un conjunto de países considerados representativos del “resto del mundo”, pero a una tasa menor que aquél de los EE.UU. de Norteamérica, la economía “líder”. En efecto, el PIB per cápita de los EE.UU. creció entre 1810 y 2004 a una tasa anual compuesta de 1,67 por ciento, en cambio Chile sólo lo hizo a una tasa de 1,37 por ciento. En los sub-períodos 1810-1894, 1894-1984, y 1984-2004 las tasas de crecimiento anuales del Producto por persona de los EE.UU. fueron del 1,00; 2,20; y 2,11 por ciento, en cambio las de Chile fueron del 1,11; 1,00; y 4,14 por ciento, respectivamente. Cabe hacer notar que una vez que Chile hubo consolidado su independencia, también se aceleró significativamente, durante el siglo XIX, la tasa de convergencia del PIB por persona en Chile al de los EE.UU. Tanto así, que entre 1834 y 1894 el crecimiento del PIB per cápita de Chile fue de 1,84 por ciento, en cambio el de EE.UU. fue de sólo 1,03 por ciento.
Dicha visión de largo plazo oculta dos dinámicas opuestas. Se destacan dos períodos de convergencia de nues-tro ingreso por persona hacia aquellos de los países de más alto ingreso –el siglo XIX y 1985-1997, respectivamente (1)y un período de divergencia que cubre desde aproximadamente comienzos del siglo XX, hasta aproximadamente 1980.
Cabe destacar que en Chile durante los períodos de convergencia imperaron instituciones de libre mercado, economías abiertas internacionalmente, y la existencia de una adecuada disciplina fiscal y monetaria. En cambio, el período de divergencia se caracterizó por la sustitución forzada de importaciones, un creciente grado de intervención discrecional de la autoridad en la economía, y desorden fiscal y monetario.
Existen buenos argumentos, incluso una teoría que los avala (2) , para predecir que los niveles de los productos por persona de los países más pobres deben tender normalmente a acercarse a aquellos de los países líderes. Eso, como se mostró, no sucedió en el caso de Chile durante la mayor parte del siglo XX. En otro lugar hemos aventurado una explicación para este fenómeno basada en el tipo de políticas económicas que se aplicaron entonces, citadas en el párrafo anterior (3) . Ese tipo de políticas afectó negativamente la productividad del uso de nuestros recursos y redujo –relativamente a lo que podrían haber sido– los niveles de inversión.
El mismo gráfico Nº1 muestra que después de 1997 el crecimiento económico relativo de Chile se estancó o, al menos, se redujo muy significativamente con respecto al período 1985-1997. Incluso en el año recién pasado, en que la economía chilena creció al 5,8 por ciento, la economía mundial lo hizo al 5 por ciento, la de los EE.UU. al 4,4 por ciento y la de los países en desarrollo al 6,1 por ciento (4) . Es más, la relativamente elevada tasa de crecimiento de Chile en 2004 –en comparación a los magros resultados de los años ante-riores– es explicada por la mayoría de los analistas por el comportamiento extremadamente favorable del entorno económico internacional.

Perspectivas de mediano y largo plazo

Es legítimo entonces preguntarse si se retomará de ahora en adelante el rápido proceso de convergencia de 1985-1997 o si la economía chilena sólo continuará creciendo al vaivén de la economía mundial, como lo ha hecho recientemente. A la luz de nuestra historia económica la respuesta parece ser clara.
Algunas de las instituciones básicas para crecer económicamente –un grado razonable de libertad económica y de emprendimiento, apertura financiera y comercial, y disciplina fiscal y monetaria– ya se encuentran fuertemente arraigadas. En efecto, -1- Chile aparece en el onceavo lugar del ranking de libertad económica de 2004, preparado por la Fundación Heritag, desplazando incluso a los EE.UU. y muy por arriba de los demás países de América Latina; -2-) tiene un arancel de importaciones máximo del 6 por ciento y un nivel de derechos de importación efectivo promedio sólo levemente superior al 2 por ciento; -3- tiene la tasa de inflación más baja de América Latina y -4- es de los pocos países del mundo con superávit fiscal. Además, recientemente han entrado en operación los tratados de libre comercio con la Unión Europea y con los EE.UU., que son particularmente importantes, porque fijan indirectamente las “reglas del juego” económico del país, fortaleciendo los “derechos de propiedad”, en el sentido más amplio de la expresión. Es decir, es altamente probable que baste con mantener las condiciones enumeradas para crecer al menos a la tasa promedio mundial y posiblemente incluso a una tasa algo superior.


1 Es posible argumentar que éste segundo período de convergencia se inicia a mediados de los años 1970, pero es interrumpido por la “crisis de la deuda”. Una vez superada ésta, el proceso de convergencia continuó.
2 La teoría neo-clásica del crecimiento, que sigue teniendo vigencia a pesar de las diversas “teorías” de crecimiento endógeno que se han propuesto durante las últimas dos décadas. Éstas son más modernas, pero ninguna de ellas ha alcanzado ni cercanamente el grado de aceptación que tuvo la teoría neo-clásica-.
3 Ver Lüders (1998).
4 Banco Central de Chile (2004) y World Bank (2005).