En el tema de las pensiones se ha avanzado –la creación de los multifondos fue relevante– pero uno también podría pensar cómo introducirle más competencia al sistema, lo cual no sólo está en la línea de que los bancos participen, sino también de que parte de los fondos regulados los puedan administrar otras instituciones, como fondos mutuos o compañías de seguros.

Intervención de la banca

Volvió a Chile al Banco Central y durante la crisis financiera de los años 1981 y 1983 estuvo a cargo de la relación del instituto emisor con la banca intervenida.

—¿Cómo vivió ese proceso?

—En lo personal fue muy duro porque el Banco Central debió intervenir a instituciones que habían sido grandes colaboradoras de esta apertura financiera y afectó a muchas personas que también habían apoyado el proceso liberalizador.

A la luz de los años, ¿Cree que pudo haber otra alternativa o una intervención en otros términos?

—Hay que recordar el proceso: hasta el año’73 las instituciones financieras dependían indirectamente del Banco Central. Con la desregulación del sistema financiero y la liberalización de la tasas de interés se generó un proceso de ahorro e inversión muy acelerado y las instituciones en ese momento no siguieron el ritmo que siguió el sector privado.
Según Peñafiel, entonces la legislación del sector quedó obsoleta muy rápidamente. Por ello, él fue partícipe de la intervención de la banca y reconoce que ésta fue “muy dolorosa, pero necesaria”. Sin ese paso, agrega, tal vez no tendríamos ahora una banca sólida, muy capitalizada, vigilada y profesionalizada. “Las personas de esta industria hoy son personas muy concientes de su rol”.

—¿Ello implica que no hay peligro de que vuelva a ocurrir una crisis similar?
—Los peligros ocurren siempre. La banca es el reflejo de lo que le sucede a las empresas. Si la economía se enferma o se resfría, el riesgo de la banca se deteriora. Ahora, siempre hay pequeñas crisis en Chile y el resto del mundo, lo vemos en los mercados internacionales diariamente. El riesgo existe, pero pienso que está muy limitado.

Origenes del Security

—¿Cómo fue el paso desde el Banco Central al sector privado?
—Fue un paso forzado, hubo cambio de bando por situaciones más bien políticas y se renovaron los equipos. Sin embargo, por las relaciones con la banca quienes allí trabajábamos nos reubicamos en el sector financiero privado. Yo me fui al Sudamericano por dos años.
Su relación con el entonces Security Pacific National Bank –hoy Bank of America– se inició en 1987 con el propósito de implementar, junto a Francisco Silva, un programa de inversiones para esa entidad en nuestro país, a raíz de la adquisición del español Banco Urquijo que a esa fecha contaba con US$90 millones de colocaciones y un patrimonio de US$12 millones. “Esa fue la base, la semilla para lo que somos hoy. Partimos tres y hoy tenemos 1500 empleados”, destaca.
En 1991, a raíz del alejamiento del Security Pacific National Bank de Chile, Peñafiel encabezó el grupo de inversionistas que a través de la sociedad Security Holdings tomó el control del 60% del Banco Security Pacific Chile, impulsando un acelerado crecimiento del mismo. Actualmente, el Banco Security es la séptima entidad bancaria nacional con una cuota de mercado de 3,4%, US$2.000 millones en colocaciones y un capital contable de aproximadamente US$200 millones.

—¿Cuál es su público preferente?
—El Banco Security es el más grande en su segmento: empresas medianas a grandes, ese es nuestro nicho y donde hemos focalizado nuestros esfuerzos. Tenemos una segunda área de negocio, en el mundo de las personas y ahí estamos concentrados en el estrato ABC1.

—¿Cuál es su opinión de la Reforma de Capitales?
—En el tema de las pensiones se ha avanzado –la creación de los multifondos fue relevante– pero uno también podría pensar cómo introducirle más competencia al sistema, lo cual no sólo está en la línea de que los bancos participen, sino también de que parte de los fondos regulados los puedan administrar otras instituciones, como fondos mutuos o compañías de seguros.
—Creo que hay muchas formas de darle competencia al sistema. Ahí hay una regulación pendiente que, probablemente, está postergada por los efectos políticos, pero que es necesario enfrentarla. También pienso que hay regulaciones externas a la banca que le han impedido profundizar el grado de bancarización en Chile.

—¿A que se refiere?
—Me refiero a incorporar a más personas y empresas a una industria del crédito y de servicios financieros mucho más formal. Por ejemplo, a nivel de las personas, particularmente de estratos socio económicos más bajos, hay regulaciones que encarecen mucho su incorporación (la tasa máxima convencional, etc.)
También considera que el actual impuesto de timbres y estampillas –dado el nivel de tasas de interés– es una restricción al mercado del crédito.

—¿La incursión de grandes tiendas comerciales en el negocio bancario no contribuye a hacer más masivo el acceso al crédito?
—Contribuye, pero el mercado está segmentado porque ese sector no tiene regulación ni vigilancia financiera de la autoridad. Entonces, hay una desigualdad competitiva.