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Actualmente las compañías se enfrentan
a un mundo cada vez más globalizado y competitivo.
Lo anterior, ha traído como consecuencia una
mayor dificultad a las empresas para encontrar estrategias
competitivas que sean durables en el tiempo y que al
mismo tiempo les permitan cumplir con los objetivos
de diferenciación, ventas y rentabilidad entre
otros.
Los problemas y tendencias más comunes que están
enfrentando la mayoría de los consumidores tienen
relación con su mayor sofisticación y
mayor sensibilidad al precio; su escasez de tiempo para
realizar transacciones lo que ha llevado a que en cada
transacción busquen al menos algún tipo
de utilidad, ya sea económica o transaccional;
están viendo una mayor paridad en los productos
que desarrollan los distintos proveedores; tienen una
alta expectativa a cerca del servicio, incluso en los
mercados de consumo masivo son menos sensibles a la
marca del fabricante y aceptan más las marcas
propias de los distribuidores y finalmente tienen una
lealtad decreciente con los proveedores y canales de
distribución.
Sin embargo, a pesar de las tendencias y problemas antes
mencionados, las empresas no se diferencian mucho en
la forma que pretenden diferenciarse ante sus mercados
objetivos. En efecto, los productos que desarrollan
las diversas empresas no son percibidos en forma muy
distinta a la de los competidores; casi todas están
ofreciendo una serie de servicios costosos y beneficios
suplementarios para conseguir vender sus productos;
en general los precios que fijan son fácilmente
igualados por los competidores; las distintas actividades
publicitarias se les están haciendo cada vez
más costosa y menos eficaces; están gastando
demasiado en promociones y muchos de ellas están
viendo como los costos de la fuerza de ventas están
creciendo.
Para enfrentar esta mayor competitividad, la gran mayoría
de las empresas ha intentado diferenciarse de sus competidores
a través de distintas estrategias. En general,
las más comunes han sido: intentar diferenciarse
a través de una mayor calidad en el desarrollo
de sus productos, sin embargo el problema ha sido que
las empresas basan la calidad en términos de
la ingeniería del producto y no en términos
de las necesidades que tienen los clientes, incluso
algunas empresas han tratado de diferenciarse a través
de un mejoramiento sostenido del producto lo que podría
ser una estrategia acertada, especialmente si la compañía
puede liderar la industria en las mejoras del producto,
pero no todas las mejoras del producto son apreciadas,
de hecho algunos productos alcanzan el límite
de sus posibilidades de mejoramiento y las últimas
mejoras no importan demasiado (ej: las máquinas
fotográficas tradicionales por más que
mejoren su productos poco o nada pueden hacer frente
a las máquinas digitales); otras han buscado
la diferenciación a través de ofrecer
el precio más bajo, sin embargo basta que entre
una compañía con costos más bajos
y quiera seguir la misma estrategia para que esa ventaja
se diluya; otros han in-tentado diferenciarse a través
de la personalización de sus ofertas, aunque
para muchos vendedores el costo de adaptar el ofrecimiento
a cada consumidor podría ser muy alto, incluso
muchas empresas lo consideran una estrategia improductiva. Otras empresas han buscado ventajas competitivas en
la innovación, pero al mirar los resultados de
esa estrategia observamos que en el mercado de consumo
masivo la tasa de fracaso de los productos nuevos alcanza
a casi un 70%, mientras que en los mercados industriales
esta cifra llega a un 30% aproximadamente. Finalmente,
una gran mayoría está intentando buscar
una ventaja competitiva a través de la incorporación
de servicios, sin embargo el problema está en
que la calidad del servicio es definida por la propia
empresa y no de acuerdo a las necesidades de servicios
que tienen los clientes.
Este artículo tiene como objetivo responder la
pregunta ¿Qué debiera hacer hoy una empresa
para buscar una ventaja competitiva que permanezca en
el tiempo y que al mismo tiempo sea rentable?
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