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Hoy los precios del cobre están en niveles
tan altos que nadie piensa ni remotamente en
la posibilidad de introducir recortes de producción
con el objeto de levantar los precios aún
más. Esta situación dista mucho
de lo que ocurría hace pocos años
atrás cuando a finales del 2001 algunas
grandes compañías de cobre, incluida
Codelco, anunciaron recortes de producción
para el 2002; recortes que se materializaron
y que fueron seguidos por nuevos anuncios hacia
fines del 2002. Todos estos esfuerzos por levantar
precios terminaron, sin embargo, con la recuperación
de la demanda a fines del 2003.
Estos episodios de levantar precios por encima
de los que de otra forma se hubiesen observado
–conocidos más comúnmente como
episodios colusivos– no son nuevos en la industria
del cobre ni tampoco en otras industrias de
minerales. En un completo estudio sobre la evolución
del precio del cobre entre los años 1870
y 1957, Herfindahl (1959) documenta la formación
de varios carteles de cobre; algunos más
exitosos que otros.1 Es útil detenerse
un momento en el Cartel Internacional del Cobre
que existió entre los años 1935
y 1939, el cartel liberó a los miembros
de las cuotas y estos expandieron su producción
en forma muy importante, incluso muy por sobre
la expansión de las empresas que no formaban
parte del cartel. Esto último lleva a
Herfindhal a concluir que el efecto del cartel
sobre los precios durante todo el período
no fue muy importante, ya que sólo significó
alzas de algunos puntos porcentuales durante
los períodos de menor demanda.
A pesar de que los esfuerzos colusivos del período
1935-39 tienen una génesis distinta a
los del período 2001-03, ya que los primeros
se sustentan en la formación explícita
de un cartel mientras que los últimos
en la coordinación tácita entre
los actores involucrados, es posible establecer
un par de regularidades relativas al comportamiento
de la industria durante estos episodios colusivos.
En primer lugar que los esfuerzos colusivos
(recortes coordinados de producción)
sólo involucran a una fracción
de la industria, típicamente a las compañías
más grandes. Esto significa que siempre
va a existir un gran número de pequeñas
compañías que no va a tomar parte
en estos esfuerzos colusivos, pero no obstante,
va a igualmente recibir los frutos de vender
su producción a precios más altos.
Y en segundo lugar que la colusión sólo
es posible, en caso que así fuera, en
recesión, es decir, en períodos
de contracción de la demanda. En booms
o períodos de expansión de la
demanda y altos precios, en cambio, la colusión
es insostenible ya que las firmas no tienen
incentivos a mantener los recortes de producción.
En una investigación reciente, realizada
junto con el alumno de doc-torado Juan Ignacio
Guzmán, hemos encontrado que las características
de los episodios colusivos pueden distar bastante
de las regularidades anteriormente mencionadas.
De hecho nuestros resultados teóricos
no descartan la posibilidad de que el cartel
del 35-39 también haya operado, aunque
en forma implícita o tácita, durante
los períodos de mayor demanda a través
de una “sobre-expansión” coordinada de
la oferta de las grandes compañías.
La idea en las próximas líneas
es explicar en más detalle estos resultados
y sus implicancias. Para esto voy a comenzar
con una definición de colusión
para luego explicar nuestro resultado central
y sus implicancias.
¿Qué se entiende
por colusión?
Siguiendo la estructura de la
mayoría de los mercados de minerales,
pensemos en una industria compuesta por un número
reducido de compañías de tamaño
relativamente grande y un gran número
de pequeñas compañías produciendo
un cierto mineral. A las grandes compañías
también las llamaremos actores estratégicos
y al conjunto de pequeñas compañías
lo llamaremos el borde competitivo. En cada
período, digamos trimestre o año,
todas las compañías deciden sus
cantidades o volúmenes de producción.
Estas cantidades son “agregadas” en una bolsa
de metales y junto con la demanda del período
se despeja el precio de equili-brio para ese
período.
El equilibrio de mercado resultante se conoce
en la literatura como equilibrio Nash-Cournot
(o simplemente Cournot). Se trata de un equilibrio
nocooperativo estático en el sentido
de que en cada período cada compañía
decide sus volúmenes de producción
en forma unilateral buscando lo mejor para sí,
pero tomando en cuenta las acciones del resto
de las compañías para ese período.
Se dice que las empresas se encuentran en el
equilibrio Nash-Cournot cuando ninguna
empresa en particular quiere cambiar su nivel
de producción dado los niveles de producción
del resto de las empresas.
Ahora bien, el equilibrio Nash-Cournot está
construido sobre la premisa que los actores
estratégicos compiten en el mercado en
forma estática sin tomar en cuenta el
hecho que en el futuro se van a encontrar nuevamente
y en forma recurrente. Esta interacción
repetida en el mercado entre un mismo grupo
de empresas es lo que da paso a lo que en economía
industrial se conoce como competencia dinámica.
Aunque el equilibrio Nash-Cournot sigue siendo
válido como un posible equilibrio de
mercado, la interacción repetida abre
posibilidades a la existencia de otros equilibrios
menos competitivos que el equilibrio Nash-Cournot.
Estos otros equilibrios de mercado se conocen
como equilibrios colusivos y su exis-tencia
se debe a que en competencia dinámica
los actores estratégicos (o al menos
una parte de ellos) tienen posibilidades de
construir amenazas de castigos creíbles
a ser usadas en caso que alguien se desvíe
del acuerdo colusivo. Aunque es posible pensar
en castigos más sofisticados y severos,
la vuelta al equilibrio Nash-Cournot aparece
como un castigo muy razonable ya que constituye
el equilibrio que se hubiese observado en ausencia
de colusión.
La condición básica para el soste-nimiento
de un acuerdo colusivo es entonces que para
cada actor estratégico se cumpla que
los beneficios de mantenerse dentro del acuerdo
colusivo sean mayores que los beneficios de
desviarse de dicho acuerdo. Si bien el desvío
lleva a la compañía que se desvía
a ganancias de corto plazo (en el período
de desvío), también acarrea pérdidas
de largo plazo, tanto para la empresa que se
desvía como para el resto de la industria,
al gatillar la vuelta a un equilibrio más
competitivo. En consecuencia, en la medida que
los actores estratégicos sean más
impacientes, es decir, que otorguen menos importancia
a las utilidades futuras, más difícil
será para estos actores sostener un acuerdo
colusión.
La condición básica para el sostenimiento
de un acuerdo colusivo es entonces que para
cada actor estratégico se cumpla que
los beneficios de mantenerse dentro del acuerdo
colusivo sean mayores que los beneficios de
desviarse de dicho acuerdo. Si bien el desvío
lleva a la compañía que se desvía
a ganancias de corto plazo (en el período
de desvío), también acarrea pérdidas
de largo plazo, tanto para la empresa que se
desvía como para el resto de la industria,
al gatillar la vuelta a un equilibrio más
competitivo. En consecuencia, en la medida que
los actores estratégicos sean más
impacientes, es decir, que otorguen menos importancia
a las utilidades futuras, más difícil
será para estos actores sostener un acuerdo
colusivo.
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