| |
Existe una vasta literatura
económica dedicada a estudiar las características
de estos equilibrios colusivos y las condiciones necesarias
para su sostenimiento, particularmente para una demanda que
varía en el tiempo. Aún cuando todos los estudios
coinciden en que los acuerdo colusivos están asociados
a recortes de producción y alzas de precios, existen
diferencias acerca de si es más difícil sostener
colusión durante períodos de baja demanda (recesión)
o períodos de alta demanda (boom). Suponiendo una demanda
que cambia aleatoriamente en el tiempo, Rotemberg y Saloner
(1986) fueron los primeros en demostrar que la colusión
es más factible en recesión ya que las ganancias
netas de desviarse del acuerdo colusivo durante un boom son
mucho mayores que durante una recesión.
A pesar de esta abundante y aún creciente literatura
en temas de competencia dinámica y colusión, nosotros
creemos que se han omitido elementos relevantes para los mercados
de mine-rales que pueden afectar sustancialmente los resultados
existentes. Para nosotros la principal omisión pasa por
no reconocer en forma más explícita la heterogeneidad
de la industria y el hecho de que sólo las grandes compañías
de la industria pueden eventualmente sostener algún grado
de colusión (tácita). En un análisis de
competencia dinámica, la corrección por dicha
omisión puede llevar cambios fundamentales en los resultados,
tal como se explica a continuación.
¿Puede la colusión llevar
a precios más bajos?
La respuesta a esta pregunta se reduce a comparar
la producción de la industria en el equilibrio Nash-Cournot
con la producción en el equilibrio colusivo. En la medida
que esta última sea mayor, la colusión llevará
efectivamente a precios más bajos. En Montero y Guzmán
(2005) desarrollamos un modelo para contestar formalmente esta
pregunta y el objetivo aquí es simplemente comentar los
resultados principales de ese trabajo.
Es útil partir mencionando que si la participación
de mercado del grupo de las grandes empresas o actores estratégicos
es bastante significativa (si hay que dar un número tomemos
75% o más), entonces nuestros resultados no son distintos
de los que ya existen en la literatura. Sin embargo esto no
es lo que observamos en la mayoría de los mercados de
minerales. Por ejemplo en la industria del cobre las cinco mayores
empresas tienen un participación de casi 40%; en la del
aluminio de poco menos del 50% y en la del níquel de
poco más del 50%.
Para estos números, nuestros resultados indican que la
forma que toma la colusión, en caso que pueda ser sostenida
(al final volveremos a este punto) es muy distinta de la que
comúnmente se piensa y va depender fundamentalmente del
nivel de
demanda. Cuando la demanda está en niveles bajos, tal
como en los estados de “cuota” en el cartel del 35-39, la colusión
toma la forma tradicional que consiste en que los actores estratégicos
se coordinan tácitamente en recortes de producción
por debajo de los niveles Nash-Cournot consiguiendo así
un alza en los precios. Por el contrario, cuando la demanda
está en niveles altos, tal como en los estados de “sin-cuota”
del cartel del 35-39, los esfuerzos colusivos consisten en que
los actores estratégicos se coordinan tácitamente
en expansiones de pro-ducción por encima de los niveles
ash-Cournot logrando así una caída en los precios.

|
|
La razón de porqué al grupo de actores estratégicos
le podría convenir expandir su demanda se
debe a que cuando el tamaño del borde competitivo
es suficientemente importante, el aumento en la
producción (por sobre los niveles Nash-Cournot)
más que compensa la caída en los precios.
En otras palabras, resulta óptimo para el
grupo estratégico implementar una expansión
coordinada de producción con el objeto de
frenar el crecimiento del borde competitivo durante
un boom. En otras palabras, cuando tanto el borde
competitivo como la demanda son importantes, la
elasticidad sobre la “demanda residual” que enfrenta
el grupo de actores estratégicos en el equilibrio
Nash-Cournot es suficiente-mente alta (en términos
absolutos) como para justificar la expansión
del grupo. Obviamente la elasticidad del grupo es
mayor que la elasticidad que enfrenta un actor estratégico
en forma individual; por lo mismo, ningún
actor estratégico quiere ir más allá
de su equilibrio Nash-Cournot en forma unilateral.
Relacionado a estos resultados, encontramos además
que, a diferencia de Rotemberg y Saloner (1986),
no es necesariamente más fácil (o
menos difícil) sostener colusión en
recesiones que en booms. Esto va a finalmente depender
del tamaño del borde competitivo. De hecho,
en un ejercicio númerico para un tamaño
del borde competitivo similar al del cartel del
35-39, se puede establecer cierto apoyo teórico
a la hipótesis de comportamiento planteada
por Herfindahl: para períodos de demanda
baja las grandes empresas son efectivamente capaces
de sostener una colusión contractiva; para
períodos de demanda moderada las empresas
tienen menos dificultades en sostener colusión,
pero ésta es indistinguible del equilibrio
que de otra forma se hubiese observado (el equilibrio
Nash-Cournot); y para pe-ríodos de demanda
alta se torna muy difícil para las firmas
sostener algo distinto que el equilibrio Nash-Cournot.
Comentarios finales
Al concluir es importante enfatizar
que no siempre es posible para las empresas coordinarse
(tácitamente) en un equilibrio colusivo,
aún cuando las condiciones de mercado les
permitan sostener tal equilibrio. Déjenme
ser un poco más preciso: la teoría
económica sólo nos permite discutir
acerca de las condiciones necesarias para la existencia
de un equilibrio colusivo, pero el simple cumplimiento
de estas condiciones no es garantía de que
en la práctica las grandes compañías
vayan a ser capaces de coordinarse en ese equilibrio.
Aún cuando se detecte la existencia de prácticas
colusivas por parte de algunas grandes compañías,
nuestros resultados indican que no
necesariamente estas se van a traducir en pérdida
de bienestar para los consumidores. Por ejemplo,
esto no ocurriría si los períodos
de colusión expansiva (y menores precios)
son más importantes en términos de
bienestar que los períodos de colusión
contractiva (y mayores precios). Sin embargo, para
que este sea eventualmente el caso hay que partir
por tener en frente una estructura con una gran
participación del grupo de pequeñas
empresas, lo que aparentemente se cumple para la
mayoría de los mercados de minerales.
Para terminar habría que agregar que una
de las tareas a futuro es idear e implementar un
test empírico para los datos del cartel del
35-39 muy en la línea de la metodología
utilizada por Bresnahan (1987) para estudiar episodios
de colusión y guerras de precios en la industria
de automóviles en EE.UU. durante los años
50. No estamos seguros todavía si contaremos
con los datos suficientes para implementar dicho
test.
|
|
|
| |
| |
|
|
|