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Tiene la ironía de un caballero inglés
y la simpatía de un agricultor chileno.
También puede ser un buen imitador del
acento caribeño y, por cierto, un buen
catador de vinos. El se define como un gozador
de la vida, los negocios y la docencia. Es que
a sus 53 años el director ejecutivo de
Viña Montes, Alfredo Vidaurre Valdés
(casado, Ingeniero Comercial UC, tres hijos),
lo pasa “chancho”. Y, aunque ha tenido momentos
difíciles, ciertamente el balance parece
ser positivo. A lo largo de su vida, ha disfrutado
su variada carrera profesional partiendo por
la compañía minera Bradden Company
(entonces dueña de El Teniente), pasando
por su trabajo para el gobierno de Panamá
(1974-1977) y su labor en las empresas del grupo
Menéndez (1986 a 2002) donde llegó
a ser gerente de Lomitón, entre otras
actividades.
También tiene los mejores recuerdos de
su larga estadía en la Universidad Católica,
aunque reconoce que su ingreso como alumno en
1959 fue “traumático” y un verdadero
shock: “En esa época venían llegando
los primeros profesores que volvían de
especializarse en Chicago, donde se habían
doctorado y nos enseñaron a los pobres
pelados que veníamos saliendo de sexto
año de humanidades...¡Quedó
la escoba!, aunque después las cosas
se fueron suavizando”.
Pese a todo fue un muy buen alumno. “Creo que
con Marcelo Selowsky, Adelio Pipino y Jorge
Gabriel Larraín éramos los mejores
del curso. Es que la formación de la
universidad era excelente”, añade.
Tras estudiar un post grado en Chicago, Estados
Unidos -”un paso fundamental para ampliar horizontes,
conocer gente y ver el mundo, tan importante
como los estudios universitarios”- volvió
a ser profesor full time de la UC. Ahí
tuvo “el honor y el orgullo de haber contado
entre mis alumnos a José y Sebastián
Piñera, Miguel Kast, Felipe Lamarca y
Choclo (Alberto) Délano, entre otros”.
Le tocó participar en la recolección
de fondos, compra y mudanza de la escuela al
Campus Los Domínicos, la formación
del Instituto de Economía y fue el primer
Director de la Escuela de Administración;
además, de instaurar el sistema de créditos
universitarios y currículo flexible (“el
padre de estos cambios fue Sergio de Castro”).
También fue Decano de la Facultad de
Economía y miembro del Consejo Superior
de la PUC.
En su opinión, “la Facultad de Economía
de la UC es el alma mater en todo el sentido
de la palabra. Aunque sean otras caras, otras
personas, está la semilla que se plantó,
se regó y creció”. Como egresado
de la Facultad le sugiere a los jóvenes
egresados: “¡Aperra gallo! Lo importante
es el esfuerzo, la dedicación y la lealtad
a los valores y a la gente con quien uno tiene
ideas comunes. Si uno no puede ser leal en un
trabajo mejor buscarse otro”.
-¿Por qué
se fue de la UC?
-Me fui de Chile 16 días antes del Golpe
Militar. Viví la Unidad Popular acá
y me tocó participar de momentos increíbles:
de repente me llamaba el presidente del Centro
de Alumnos para decirme que se iban a tomar
la Escuela, y estudiantes junto con profesores
nos íbamos con sacos de dormir y palos
a defender Los Domínicos.
-¿Cómo
surgió la opción de vivir en Centroamérica?
-Tenía alternativas de ir a Sudáfrica
a una labor académica o partir a México
y Panamá a una alternativa gubernamental.
Opté por esto último y me gustó.
Fueron años muy gratos de mi vida profesional
y, sobre todo, familiar.
-¿Por qué
regresó a Chile?
-asaron muchas personas por Panamá sugiriéndome
volver a Santiago -entre ellas Miguel Kast-
hasta que Rolf Lüders y, eventualmente,
Javier Vial me convencieron de hacerme cargo
del departamento de estudios del Grupo BHC para
analizar nuevos proyectos de inversión
y analizar el pulso macroeconómico del
país.
En esa época trabajaron para él
Sebastián Edwards, Vittorio Corbo y Felipe
Morandé, entre otros. Si el proyecto
en estudio era aprobado, quien lo había
analizado se iba como gerente de finanzas o
secretario del directorio. “Los mejores analistas
se iban y me tocaba una vez al año despedir
a varios, pero me los he encontrado a lo largo
de los años y guardan buenos recuerdos
de lo que aprendieron en esa época”,
dice Vidaurre.
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