Los dos tienen más en común
de lo que quisieran: dejaron un recuerdo similar como muy buenos alumnos en sus años
de estudiantes; cursaron un posgrado en el extranjero y se tiraron a la arena política con
el autodeclarado anhelo de servicio público. Mientras Joaquín Lavín egresó tres años después que Sebastián Piñera, éste fue ayudante del primero en uno de los tantos cursos de economía y, desde entonces, amén de gustarle la política se comía las uñas, hábito que mantiene hasta hoy; al otro lo recuerdan como un gremialista religioso, comprometido con los pobres y más bien tímido.

 

JOAQUÍN LAVÍN Y SEBASTIÁN PIÑERA

 


“dos egresados UC en la carrera presidencial”


Que son muy distintos, no cabe duda.

Sin embargo, los dos tienen más en común de lo que quisieran: dejaron un recuerdo similar como muy buenos
alumnos en sus años de estudiantes; cursaron un posgrado en el extranjero y se tiraron a la arena política con el autodeclarado anhelo de servicio público.
Mientras Joaquín Lavín egresó tres años después que Sebastián Piñera, éste fue ayudante del primero en uno de los tantos cursos de economía y, desde entonces, amén de gustarle la política se comía las uñas, hábito que mantiene
hasta hoy; al otro lo recuerdan como un gremialista religioso, comprometido con los pobres y más bien tímido.
Lo cierto es que dos de los cuatro candidatos a las elecciones presidenciales de nuestro país comparten el hecho de ser egresados de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, lo cual es un motivo de orgullo para esta casa de estudios y sus ex alumnos.
Por ello, quisimos llevar en esta edición sus opiniones a través de un cuestionario idéntico que ambos respondieron tras bastante insistencia... Cosas de la política, lo entendemos.
Un grupo de ex compañeros quisieron pronunciarse sobre los ahora candidatos de RN y la UDI... Otros no, Apatía, tal vez; conflicto de lealtades, a lo mejor. Los que respondieron, con notable memoria recordaron sus tiempos en Los Domínicos, donde estudiaron a mediados de los setenta, una generación que dejó su huella y cuya máxima expresión socio política se ve representada hoy por quienes aspiran a ocupar el sillón de La Moneda.
De ellos dijeron: “Me acuerdo que Joaquín era más bien tímido, caballero, ameno y alegre. Todavía no aparecía en él su vocación de servidor público. Era gremialista desde el primer día y todos supimos a través de su libro su gran amistad y admiración por uno de los grandes de nuestro tiempo, Miguel Kast”.
Agrega, “era muy buen alumno, muchas veces nos sentábamos juntos, generalmente en la última fila. Tal vez nuestra común timidez nos hacía alejarnos del pizarrón. Estuvimos juntos en ayudantía Precios I y de Introducción a la Microeconomía, donde curiosamente compartíamos al mismo ayudante, Sebastián Piñera”.
Otro recuerda a Sebastián como “muy buen alumno, ayudante en Economía; hiperkinético y participativo. Era activo dirigente DC y participaba en reuniones para captar gente, ya que la Escuela era 80% gremialista. Manejaba su Fiat 600, pero con sus tics –que aún conserva– no sé como lo lograba y como ya no le quedaban uñas se mordía los dedos”.
Según un ex compañero, sufrió toda la carrera con Sebastián en la Escuela. “Digo sufrí, pues con su inteligencia y prodigiosa memoria era imposible seguirle el ritmo en los estudios y, por consiguiente, en las pruebas (cuyas calificaciones eran relativas en esa época), siempre sacaba la mejor nota”.
Para otro, Joaquín era “un cristiano de tomo y lomo. Comprometido con los pobres. Esa es su principal característica y vocación. Quiso hacer universidad en Concepción como punto de partida, porque cree en las regiones y porque cree que en el país hay desigualdad de oportunidades”.
Dicen que Sebastián tenía muchos amigos y que participaba en todas las actividades universitarias y políticas, muy intensas en esos años. “Queríamos cambiar las cosas, especialmente la economía que se veía atrasada y con pocas perspectivas de crecimiento. Incluso competimos un año por la Presidencia del Centro de Alumnos de la Escuela. Ninguno ganó, pero fue una experiencia intensa y enriquecedora. Fuimos grandes amigos e incluso trabajamos juntos después de egresar”.
Joaquín Lavín y Sebastián Piñera entre giras al norte y sur del país, proclamaciones presidenciales y reuniones con sus comandos, pudieron destinar un recurso bastante escaso en estas condiciones para responder un no tan breve cuestionario que nos permite conocer su opinión sobre tres grandes bloques de preguntas que nos pareció más relevantes en la agenda de los presidenciables.

I. Crecimiento económico, abastecimiento de energía y productividad

1.¿Cuál es su diagnóstico de la situación económica de Chile?. Señale cinco fortalezas y cinco debilidades.
Piñera: Las principales fortalezas de Chile son el control de la inflación, el equilibrio fiscal, la apertura comercial, la dinámica de la infraestructura y un marco institucional relativamente estable. A su vez, tenemos serias debilidades en materia de distribución del ingreso, educación, garantías mínimas de asistencia social, bajo valor agregado de los productos e insuficiente productividad laboral.
Lavín: Como lo he señalado en otras oportunidades la realidad económica muestra luces y sombras. Las primeras se reflejan en la baja tasa de inflación, la solidez de nuestras cuentas fiscales, la reducción del riesgo país con el consiguiente impacto en la tasa de interés internacional relevante para Chile, la modernización de la infraestructura y la continuación de la apertura económica a través de los acuerdos comerciales. Todas estas fortalezas son el producto del consenso que hay en Chile sobre la importancia del equilibrio macroeconómico y la apertura al comercio internacional.
Las cinco debilidades más importantes son la alta tasa de desempleo, la falta de igualdad de oportunidades que se refleja –entre otros– en que a pesar de los esfuerzos la calidad de la educación sigue estancada, la aún muy baja tasa de inversión y la falta de confianza que las autoridades poseen en la capacidad de emprendimiento de los chilenos y que se traducen en la ausencia de reformas microeconómicas tanto en lo social como en lo productivo.

2. Algunos especialistas como Michael Porter ven una “parálisis” en el debate económico nacional. ¿Comparte esa apreciación? ¿Por qué no se ve mayor prosperidad?
Lavín: Me parece muy relevante la opinión de Michael Porter. El es una de las autoridades más destacadas a nivel mundial en materia de Estrategia, tanto para las empresas como para las naciones. Comparto con él que en el país ha existido durante los últimos 7 años un espíritu de autocomplacencia que nos ha llevado a conformarnos con ser el país de mejor manejo económico en América Latina. Dada la experiencia chilena y los avances logrados en las últimas tres décadas lo que corresponde es que nos comparemos con las economías más dinámicas del mundo. A mí, por ejemplo, siempre me gusta observar lo que ocurre en países como Irlanda, Nueva Zelandia, los tigres asiáticos y los países más dinámicos de Europa oriental. Al observarlos podemos apreciar como Chile ha ido perdiendo relativamente su dinamismo y más que ser auto complacientes debemos preocuparnos por hacer mejor las cosas. Porter también ha señalado que nos falta trabajar más el ámbito de la políticas públicas en lo microeconómico. Por ello mi propuesta de Gobierno, dada a conocer por Talleres Bicentenarios, otorga un especial énfasis a este aspecto.
Piñera: Comparto las críticas que hizo Porter acerca del bajo crecimiento relativo de la economía chilena, mientras la economía mundial se expande a tasas históricamente altas, como también el hecho de que aún no seamos capaces de llevar a cabo lo que él llama el “segundo acto”. Sin embargo, importantes materias que podrían incrementar la productividad del trabajo, del capital y la productividad total de los factores, sí están en el debate nacional. La necesidad de modernizar la legislación laboral, centrar los esfuerzos en la innovación y facilitar el acceso al capital de riesgo son temas primordiales en la discusión económica, donde es necesario llegar a acuerdos para agilizar la materialización de éstas.