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Este
concepto tiene un contenido ambiguo. Será entendido
aquí como el proceso de participación
de la economía nacional en la economía
del Resto del Mundo, o de influencia de esta sobre la
primera. Se medirá, como es habitual aunque discutible,
por la importancia relativa de las exportaciones e importaciones
nacionales en el producto interno bruto, alias PIB.
El grado de integración de la economía
chilena en la del resto del mundo ha pasado por diferentes
fases y motivos de ellas durante el Siglo XX y principios
del Siglo XXI ¿Qué nos depara el futuro?
Para contestar a esa pregunta es conveniente aprender
de ese pasado rico en lecciones de gran utilidad para
augurar el futuro.
La primera parte de esta breve presentación está
dedicada a un resumen de las distintas fases que han
configurado el comportamiento integrador de la economía
chilena desde principios del Siglo XX. La segunda parte
presentará un escenario probable del futuro a
mediano plazo.
I.
Etapas históricas
1. Entre 1900 y 1930, existió una gran apertura
comercial, con baja intervención del Gobierno
en el comercio exterior chileno y lo hace fundamentalmente
para fines de recaudación fiscal, y puntualmente
para apoyar ciertas industrias, el marco monetario es
el patrón oro, el grado de apertura sobrepasa
el 100% del PIB en algunos años (Cuadro 1).
2. Entre 1930 y 1950: la Gran Depresión explica
la caída estrepitosa del grado de apertura así
como la del PIB. Aunque, después en 1932 se recuperan
parcialmente ambos indicadores con intervenciones balbuceantes
en el control del comercio exterior (aranceles, tipos
de cambio múltiples, racionamiento de divisas,
barreras no aduaneras), esas intervenciones tienen como
objetivo principal el reducir cualquier desequilibrio
en la Balanza Comercial. La Segunda Guerra Mundial agrega
un obstáculo y frena significativamente la recuperación
del nivel pre-guerra del comercio chileno y por tanto,
de su grado de integración.
3. A partir de 1950 hasta 1974, el Gobierno interviene
el comercio internacional en forma activa dentro de
un marco de Estrategia de Sustitución de Importaciones
utilizando preferentemente barreras aduaneras y no aduaneras,
incentivando decisiones inadecuadas de asignación
de las nuevas inversiones, frenando el crecimiento de
las exportaciones por la subvaluación permanente
del tipo de cambio derivado de la estrategia, por los
incentivos relativos dados a los sectores sustituidores
de importaciones, y por el alto costo del insumo importado
y del capital. El crecimiento del ingreso per cápita
que había variado pari passu con el de los EE.UU.
y otros países de la Organización del
Comercio y Desarrollo (OCDE) hasta 1950, se rezaga cada
vez más frente a los comparadores, sugiriendo
con bastante claridad la relación negativa de
aplicación de ESI a exportaciones y de esas a
menor crecimiento del ingreso.
4. En 1974, cambia radicalmente la estrategia de desarrollo.
Vuelve a ser una de puertas abiertas que supone un cambio
de locomotora del crecimiento. Se deja de usar la de
los veinte, treinta y cuarenta cuyo modelo puede usted
admirar en Copiapó para utilizar la potente y
veloz de último modelo de Alsthom que hace furor
en los modos europeos modernos de transporte hasta el
día de hoy. Esta reforma va acompa-ñada
de una profunda reforma fiscal, liberalización
de todos los precios, la reestructuración del
Sector Público, el fortalecimiento de los derechos
de propiedad, la flexibilización de los mercados
de trabajo, capital y bienes, la apertura del mercado
de capitales, todas ellas complementarias en algún
grado a la reforma comercial y que terminaron reforzándose
entre sí. Se unifica el arancel, además,
el tipo de cambio. Esta estrategia se ve complementada
a partir de 1992 con Acuerdos Comerciales con todos
y cada uno de los países latino americanos, con
Corea, la Unión Europea y los EE.UU. (a principios
del Siglo XXI) y con planes para seguir aumentando la
cobertura existente hacia Asia.
Escuetamente, los beneficios achacables a esta estrategia
son una mayor tasa del crecimiento y bienestar per cápitacum
reducción de la brecha con una mayor integración
bilateral con Europa (2002) y con los EE.UU. (2003)
(Cuadro 2), una mayor cobertura de destino de exportaciones
y origen de importaciones, y una mayor diversidad de
las exportaciones por tipo de producto (Gráficos
1 y 2). La participación del Sector Público
en las exportaciones se ha reducido de casi 100% en
1970 a no más del 20% efectuada por la empresa
de cobre CODELCO en 2004 (y 4% inclu-yendo la participación
privada). La tasa de empleo ha aumentado ayudando a
reducir la pobreza que alcanzan hoy niveles no superiores
al 20%, inferior a la de la mayoría de los países
latino americanos. Otro efecto destacado de la mayor
apertura ha sido tanto en una mayor competencia como
en un aumento significativo de la productividad de factores
que en el periodo 1980-2002 explicó casi un tercio
del crecimiento promedio anual del PIB del 5,1%.
Las exportaciones deberán
seguir siendo el principal motor del crecimiento de
la economía chilena y existe potencial para ello.
El nivel de exportaciones, en términos de producto
per cápita, sigue por debajo de lo que se observa
en Asia y Europa. Medidas externas e internas serán
necesarias para asegurar el objetivo de mantener la
tendencia del período 1970-2004.

El éxito exportador de productos
chilenos con “mayor valor agregado” a los
países con acuerdos es bienvenido, pero no es
justificación suficiente para firmar acuerdos
arancelarios ineficientes: las consideraciones de costos
y beneficios no pueden perderse de vista. La idea (antigua)
de que esos acuerdos sirvan de trampolín para
que esas exportaciones se transformen en exportaciones
al resto del mundo es irrelevante en la medida de que
los socios no sean muy abiertos al resto del mundo o
que no muestren claras intenciones de serlo dentro de
un plazo prudente (ejemplo, MERCOSUR).
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El cobre seguirá teniendo
influencia sobre nuestro tipo de cambio real con su
efecto de “enfermedad holandesa”. La respuesta
a ello para el desarrollo de nuevos sectores exportadores,
es seguir aumentando rápidamente la productividad
de los factores en todos los sectores de la economía;
la inversión en capital no humano y el manejo
eficiente de la infraestructura humana son particularmente
importantes.

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