por Dominique Hachette
A. de la Fr.

Economista, Universidad de Chile, M.A. y PH.D. en Economía, Universidad de Chicago. Profesor Titular Emérito del Instituto de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

INTEGRACIÓN ECONÓMICA A FUTURO

 

Este concepto tiene un contenido ambiguo. Será entendido aquí como el proceso de participación de la economía nacional en la economía del Resto del Mundo, o de influencia de esta sobre la primera. Se medirá, como es habitual aunque discutible, por la importancia relativa de las exportaciones e importaciones nacionales en el producto interno bruto, alias PIB.
El grado de integración de la economía chilena en la del resto del mundo ha pasado por diferentes fases y motivos de ellas durante el Siglo XX y principios del Siglo XXI ¿Qué nos depara el futuro? Para contestar a esa pregunta es conveniente aprender de ese pasado rico en lecciones de gran utilidad para augurar el futuro.
La primera parte de esta breve presentación está dedicada a un resumen de las distintas fases que han configurado el comportamiento integrador de la economía chilena desde principios del Siglo XX. La segunda parte presentará un escenario probable del futuro a mediano plazo.

I. Etapas históricas

1. Entre 1900 y 1930, existió una gran apertura comercial, con baja intervención del Gobierno en el comercio exterior chileno y lo hace fundamentalmente para fines de recaudación fiscal, y puntualmente para apoyar ciertas industrias, el marco monetario es el patrón oro, el grado de apertura sobrepasa el 100% del PIB en algunos años (Cuadro 1).

2. Entre 1930 y 1950: la Gran Depresión explica la caída estrepitosa del grado de apertura así como la del PIB. Aunque, después en 1932 se recuperan parcialmente ambos indicadores con intervenciones balbuceantes en el control del comercio exterior (aranceles, tipos de cambio múltiples, racionamiento de divisas, barreras no aduaneras), esas intervenciones tienen como objetivo principal el reducir cualquier desequilibrio en la Balanza Comercial. La Segunda Guerra Mundial agrega un obstáculo y frena significativamente la recuperación del nivel pre-guerra del comercio chileno y por tanto, de su grado de integración.

3. A partir de 1950 hasta 1974, el Gobierno interviene el comercio internacional en forma activa dentro de un marco de Estrategia de Sustitución de Importaciones utilizando preferentemente barreras aduaneras y no aduaneras, incentivando decisiones inadecuadas de asignación de las nuevas inversiones, frenando el crecimiento de las exportaciones por la subvaluación permanente del tipo de cambio derivado de la estrategia, por los incentivos relativos dados a los sectores sustituidores de importaciones, y por el alto costo del insumo importado y del capital. El crecimiento del ingreso per cápita que había variado pari passu con el de los EE.UU. y otros países de la Organización del Comercio y Desarrollo (OCDE) hasta 1950, se rezaga cada vez más frente a los comparadores, sugiriendo con bastante claridad la relación negativa de aplicación de ESI a exportaciones y de esas a menor crecimiento del ingreso.

4. En 1974, cambia radicalmente la estrategia de desarrollo. Vuelve a ser una de puertas abiertas que supone un cambio de locomotora del crecimiento. Se deja de usar la de los veinte, treinta y cuarenta cuyo modelo puede usted admirar en Copiapó para utilizar la potente y veloz de último modelo de Alsthom que hace furor en los modos europeos modernos de transporte hasta el día de hoy. Esta reforma va acompa-ñada de una profunda reforma fiscal, liberalización de todos los precios, la reestructuración del Sector Público, el fortalecimiento de los derechos de propiedad, la flexibilización de los mercados de trabajo, capital y bienes, la apertura del mercado de capitales, todas ellas complementarias en algún grado a la reforma comercial y que terminaron reforzándose entre sí. Se unifica el arancel, además, el tipo de cambio. Esta estrategia se ve complementada a partir de 1992 con Acuerdos Comerciales con todos y cada uno de los países latino americanos, con Corea, la Unión Europea y los EE.UU. (a principios del Siglo XXI) y con planes para seguir aumentando la cobertura existente hacia Asia.
Escuetamente, los beneficios achacables a esta estrategia son una mayor tasa del crecimiento y bienestar per cápitacum reducción de la brecha con una mayor integración bilateral con Europa (2002) y con los EE.UU. (2003) (Cuadro 2), una mayor cobertura de destino de exportaciones y origen de importaciones, y una mayor diversidad de las exportaciones por tipo de producto (Gráficos 1 y 2). La participación del Sector Público en las exportaciones se ha reducido de casi 100% en 1970 a no más del 20% efectuada por la empresa de cobre CODELCO en 2004 (y 4% inclu-yendo la participación privada). La tasa de empleo ha aumentado ayudando a reducir la pobreza que alcanzan hoy niveles no superiores al 20%, inferior a la de la mayoría de los países latino americanos. Otro efecto destacado de la mayor apertura ha sido tanto en una mayor competencia como en un aumento significativo de la productividad de factores que en el periodo 1980-2002 explicó casi un tercio del crecimiento promedio anual del PIB del 5,1%.

 

Las exportaciones deberán seguir siendo el principal motor del crecimiento de la economía chilena y existe potencial para ello. El nivel de exportaciones, en términos de producto per cápita, sigue por debajo de lo que se observa en Asia y Europa. Medidas externas e internas serán necesarias para asegurar el objetivo de mantener la tendencia del período 1970-2004.

 

 

El éxito exportador de productos chilenos con “mayor valor agregado” a los países con acuerdos es bienvenido, pero no es justificación suficiente para firmar acuerdos arancelarios ineficientes: las consideraciones de costos y beneficios no pueden perderse de vista. La idea (antigua) de que esos acuerdos sirvan de trampolín para que esas exportaciones se transformen en exportaciones al resto del mundo es irrelevante en la medida de que los socios no sean muy abiertos al resto del mundo o que no muestren claras intenciones de serlo dentro de un plazo prudente (ejemplo, MERCOSUR).

 

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El cobre seguirá teniendo influencia sobre nuestro tipo de cambio real con su efecto de “enfermedad holandesa”. La respuesta a ello para el desarrollo de nuevos sectores exportadores, es seguir aumentando rápidamente la productividad de los factores en todos los sectores de la economía; la inversión en capital no humano y el manejo eficiente de la infraestructura humana son particularmente importantes.