por Claudio Sapelli

Ph.D. y M.A. Universidad de Chicago, EE.UU. Licenciado en Economía, República Oriental del Uruguay. Profesor Adjunto y Director de Programas Docentes Instituto de Economía Pontificia Universidad Católica.

 

 

 

 

 

En términos de política pública
estos datos nos dicen que
ser pobre es un estado
temporal, lo que debiera influir
en la política pública. Una
posible interpretación es
que las políticas públicas se
centren más bien en aumentar
la tasa de crecimiento de la
economía, lo que permitiría que, independientemente del decil
en que estemos, todos
estuviéramos mejor.

 

MACHUCA, LA MOVILIDAD SOCIAL Y LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO EN EL CHILE DE HOY

 

La película “Machuca” de Andrés Wood puso sobre el tapete lo clasista que la sociedad chilena era (¿es?). El problema detrás del clasismo es la posibilidad que esté al servicio de una sociedad no meritocrática, rígida en su estructura social, en donde quién nace pobre muere pobre y quién nace rico, muere rico. Esta visión se ha visto apoyada académicamente por varios artículos surgidos del Departamento de Economía de la Universidad de Chile (la mayoría de los cuales, en mi opinión, tiene problemas metodológicos importantes; en este artículo discutiremos uno). Esta visión, a su vez, estaría apoyada por la resistencia de la alta desigualdad del ingreso a bajar, a pesar del alto crecimiento económico de los últimos años. El tema de que Chile es una sociedad rígida, con baja movilidad social, con una desigual distribución del ingreso se ha transformado, a su vez, en el último reducto de los “autoflagelantes”. En este artículo quiero argumentar que la situación no es tan dramática como se le ha pintado.

1. La movilidad social

En primer lugar quiero dejar claro que el tema de la movilidad social me parece mucho más importante que el de la desigualdad del ingreso. Incluso más importante que el porcentaje de pobres que hay en el país. Esto es así porque no es lo mismo una sociedad que tiene un 20% de pobres y donde las mismas personas se repiten año tras año como pobres, que una sociedad en que hay un 20% de pobres, pero en la cual no son las mismas personas todos los años. La primera sería una sociedad muy rígida, la segunda no. En el extremo que cada año todo el mundo tuviera 20% de probabilidades de ser pobre, de manera que al final de la vida todos fueran el 20% de los años, pobres, esta sociedad tendría 20% de pobres, pero existiría perfecta movilidad social y el problema de la pobreza posiblemente no sería importante del punto de vista de la política pública ya que todos podrían ahorrar cuatro de cada cinco años para cuando fueran pobres. Por lo tanto el tema de la movilidad social es el tema clave.
De la misma manera, no es lo mismo una distribución del ingreso muy desigual en que existe la posibilidad de que alguien se mueva de un extremo a otro de la misma de un año a otro, que una similarmente desigual en que todos se mantienen, año tras año, en su mismo lugar.
Es por esto que los datos recogidos recientemente por Mideplan, que permiten construir una “matriz de transición” entre 1996 y 2001 son valiosos y bienvenidos. Estos son los primeros datos de panel de que se disponen en Chile, y permiten observar el ingreso de la misma persona en dos años: 1996 y 2001. Clasificando las personas en deciles de ingreso (agrupando al 10% más pobre, así sucesivamente hasta el 10% más rico) en ambos años, permite construir una matriz de diez por diez. En ella se puede leer donde terminan en el año 2001 aquellas personas que estaban en determinado lugar de la distribución en el 96.
Han aparecido dos trabajos que analizan estos datos (Castro y Kast y Contreras et al)1. Estos trabajos tienen interpretaciones contradictorias de los datos. Esto puede ser por el típico problema de ver el vaso medio lleno o medio vacío, o porque alguno de ellos hace una lectura errónea de los mismos. En mi opinión es una mezcla de ambos problemas. Castro y Kast ven el vaso medio lleno; Contreras et al. medio vacío, pero también es cierto que este último trabajo comete ciertos errores de interpretación al analizar los datos.
Contreras et al. encuentran preocupante que el 90% de la población sería vulnerable de caer en la pobreza (en tanto que el 10% mas rico estaría privilegiado y no enfrentaría dicho riesgo). Por otro lado, y mirando los mismos datos, Castro y Kast se alegran de que la sociedad chilena muestre un gran dinamismo y haya una alta probabilidad de salir en forma autónoma de la pobreza y de la indigencia. Las conclusiones de política pública de una y otra visión son muy distintas.


¿Qué dicen efectivamente los datos?


Para responder esta pregunta, primero preguntémonos que esperaríamos encontrar en los datos si Chile fuera una sociedad rígida. Si lo fuera, debiéramos encontrar que todas las personas estarían en la diagonal de la matriz de transición, o sea, todos conservarían su lugar en la distribución del ingreso entre un año y otro: el pobre sería siempre pobre y el rico siempre rico.
Sin embargo, la matriz que se construye sobre la base de los datos de Mideplan está bien lejos de ser una matriz diagonal. Sólo 22% de la población está sobre la diagonal, o sea solamente ese porcentaje de las personas estaban en el mismo decil de ingresos en 1996 y 2001. Esto muestra que el Chile de hoy no es una sociedad rígida, sino una sociedad más bien móvil. Entre ambas opciones, es claramente preferible que sea móvil. Sin embargo, enfrentados a este resultado, Contreras et al. le dan un giro negativo a la existencia de “movilidad” llamándola “vulnerabilidad”. Es cierto que en una sociedad móvil, uno es vulnerable en el sentido que su posición no está asegurada. Sin embargo si uno decide llamarlo así, entonces no hay resultado que sea considerado bueno: o la sociedad es rígida (y las personas no tienen esperanzas de cambiar su destino), o es vulnerable (es móvil y por lo tanto nadie tiene asegurado la permanencia de su “status”). Contreras et al. hacen sonar como si hubiera una tercera opción. Sin embargo no la hay. A menos que estemos en la búsqueda de una utopía una vez más: la sociedad totalmente igualitaria, donde la movilidad no implica vulnerabilidad.
Hay un tema relevante en la constatación que la movilidad no incluye al 10% más rico. En EE.UU. Gary Becker encontró hace 20 años que ser rico era pegajoso (“sticky”), pero ser pobre no lo era. O sea, un pobre tenía una alta probabilidad de dejar de ser pobre, pero un rico tenía una alta probabilidad de continuar siendo rico. Acá nuevamente la realidad permite sólo dos resultados posibles: o es más probable permanecer siendo rico que permanecer siendo pobre, o es más probable permanecer siendo pobre que rico. De ambas posibilidades, la preferible es la primera, o sea, que los pobres tengan menor probabilidad de continuar siendo pobres. Esa es la realidad del Chile de hoy.

Solamente 29% de quienes estaban en el decil más pobre en 1996 estaban en ese mismo decil en 2001. Eso quiere decir que el resto (la amplia mayoría) de estas personas eran más ricas en el 2001. De hecho 14% de ellas habían pasado a estar en la mitad “de arriba” de la distribución del ingreso (en los deciles seis a diez). Los más ricos (del último decil, el decil diez) tenían una alta probabilidad de permanecer en el decil diez (52%). Sin embargo 12% de ellos pasaban a estar en la mitad “de abajo” de la distribución del ingreso (deciles uno a cinco). Esto muestra que un rico puede pasar a ser pobre en el lapso de cinco años.
El hecho que solo 22% de las personas están en la diagonal, o sea en la misma posición en ambos años; y que 78% han cambiado su posición es una muestra de una sociedad móvil, lo que claramente es una buena noticia para Chile. En Alemania entre 1990 y 1995 se encontró que la cantidad de personas en la diagonal era de 23%2, y los autores discuten estudios que hablan que la movilidad en Alemania y en EE.UU. es similar.
En resumen, los datos de la nueva encuesta de MIDEPLAN hablan de una sociedad muy móvil, tan móvil como varios países desarrollados. Esto contraría la imagen del Chile de hace 30 años que se refleja en la película Machuca. Finalmente, se entiende poco las razones que tuvieron Contreras et al. para darle a esta buena noticia un giro tan negativo como lo hicieron en su estudio.
Similares reflexiones me surgen de analizar el trabajo de Nuñez y Risco3 que analiza una base de datos creada por la Universidad de Chile que permitiría estudiar la movilidad intergeneracional. Los datos brutos de la encuesta pintan una sociedad sorprendentemente móvil, sin embargo a través de una metodología equivocada los autores concluyen exactamente lo contrario.
En términos de política pública estos datos nos dicen que ser pobre es un estado temporal, lo que debiera influir en la política pública. Una posible interpretación es que las políticas públicas se centren mas bien en aumentar la tasa de crecimiento de la economía, lo que permitiría que, independientemente del decil en que estemos, todos estuviéramos mejor. El crecimiento es mucho más saludable en una sociedad móvil, ya que si la mayoría de la población se mueve dentro de la distribución del ingreso, lo más importante es alrededor de qué media es que se mueve.

2. La distribución del ingreso (por generación)

Nos concentraremos ahora en el tema de la distribución del ingreso, aún cuando como dijimos inicialmente en una sociedad suficientemente móvil el tema de la distribución del ingreso no debiera ser demasiado importante desde el punto de vista de la política pública. Tradicionalmente se ha discutido la distribución del ingreso con medidas de desigualdad como el índice de Gini4, que son estimadas sobre la base de una encuesta de hogares de un año determinado (la CASEN del año 2003 por ejemplo5). Respecto de este estadístico, ha generado preocupación que Chile se ha estancado a un nivel alto de dispersión de ingresos (alto en el concierto mundial). Sin embargo, como argumentaré, estos análisis se concentran en una medida inadecuada de la dispersión del ingreso. Al menos es inadecuada para llegar a conclusiones de política pública.
¿Cuál es la alternativa? Lo ideal sería contar con datos de panel que permitieran analizar la distribución del ingreso por cohorte. De esa manera sabríamos cuál es la evolución en el tiempo de la distribución del ingreso de distintas generaciones. A pesar que no tenemos estas encuesta panel, en su reemplazo se pueden usar cortes transversales repe-tidos y construir cohortes sintéticas o artificiales. Para ello se puede utilizar la encuesta de la U. de Chile (en el trabajo empírico al que se hace referencia aquí se utilizó dicha encuesta para el período 1957-20026). Sobre la base de dichos datos se puede estimar la dispersión del ingreso para cada generación, lo que nos da la evolución de la desigualdad de las cohortes nacidas en años sucesivos (p.ej.: 1940, 1941, 1942, etc.). La evolución de esta dispersión nos da una historia más certera de lo que está sucediendo hoy, comparado a lo que ha sucedido en el pasado, y nos acerca a lo que puede ser influenciado por la política pública. A continuación justificaré el porque de esta última afirmación.
Hay diferentes formas de mirar la distribución del ingreso y no todas igual-mente relevantes desde el punto de vista de la política pública. Es importante detenernos a considerar estas diferentes maneras de mirar a la distribución del ingreso. Para empezar, veamos la diferen-cia entre distribución del ingreso “de stock” y “de flujo”.