Año
a año la opinión pública
recibe noticias poco auspiciosas con respecto
a la educación chilena: resultados
po-bres en evaluaciones internacionales,
retroceso o estancamiento en el SIMCE,
enormes brechas en las pruebas de selección
universitaria. Los más perjudicados
son los estratos sociales más vulnerables
de la sociedad, los pobres y marginados
que sólo tienen acceso a la educación
municipalizada y que ven limitadas sus
posibilidades de acce-so a la educación
superior y sus oportunidades de promoción
social.
A partir de la década de 1990 a
la fecha se han propuesto múltiples
soluciones a este problema de mala calidad
e inequidad: reforma educacional, programas
especiales de apoyo a las escuelas más
desaventajadas, cambios en las pruebas
de admisión a la universidad, nada
de lo cual parece tener un efecto. Se
ofrece una variedad de argu-mentos para
explicar el fracaso. Ellos van desde la
consabida disculpa de que el nivel socioeconómico
explica los malos logros de aprendizaje,
hasta que los efectos positivos en el
sistema educacional están gestándose,
pero que estos tardarán décadas
en manifestarse puesto que son de largo
plazo.
Lo que agrava el problema de la mala calidad
de la educación en Chile y lo que
hace tener pocas esperanzas de que las
cosas cambien para bien, es la forma como
se toman las decisiones en materia educacional,
ámbito en el que predomina la improvisación
y la insuficiencia de estudios rigurosos.
No parece haber conciencia entre las autorida-des
educacionales que en el diseño
de las políticas públicas
es indispensable no improvisar, porque
los errores afectan a toda la comunidad
y como consecuencia de las inercias propias
de los procesos políticos, sus
efectos duran por períodos prolongados.
A continuación se presentan algunos ejemplos recientes de improvisación que grafican porqué los esfuerzos en educación no han tenido los efectos esperados.
Cambios en el sistema de administración municipal de la enseñanza: una vuelta a la centralización
Recientemente, el Ministro
de Educación anunció un
nuevo viraje centralizador para la educación
municipal como una manera de enfrentar
los problemas de la mala calidad de la
educación pública y la creciente
caída de la matrícula en
la educación municipalizada. Este
último factor pareciera haber sido
el detonante de la decisión ministerial.
El diagnóstico del ministerio es
que "para muchos alcaldes la educación
no es primera prioridad" lo
que lleva a la conclusión que es la gestión municipal la que es responsable de que los jóvenes no aprendan.
Ante tal diagnóstico, la solución
propuesta por el ministerio para enfrentar
este problema, sería la de volver
a cen-tralizar la gestión, a través
de la creación de asociaciones
de municipios. Un funcionario ministerial
precisaba que había que agrupar
a los municipios en un ámbito provincial,
por las economías de escala y para
ejercer un mayor control ministerial sobre
la gestión. La pregunta que surge
frente a esta medida es, ¿qué
evidencia ha mostrado el Ministerio para
fundamentar que esta medida de centralizar
la gestión se va a traducir en
una mejora de la calidad de la educación
que reciben los alumnos? La respuesta
a la pregunta anterior es, ninguna.
La decisión de volver a centralizar
la gestión con miras a mejorar
la calidad de la educación no puede
tomarse sin tener un sólido fundamento
empírico. No debería bastar
la "creencia" de las autoridades
de que la gestión adminis-trativa
juega un rol determinante en la calidad
del proceso de enseñanza-aprendizaje
que se lleva a cabo en la sala de clases.
Seguir tomando decisiones por "tincadas"
del funcionario de turno es una mala forma
de hacer política educacional.
Esa vía es la que ha llevado a
que las autoridades hayan desaprovechado
la oportunidad de levantar la educación
pública, según prestigiados
educadores.
La inclusión de un 15% de alumnos vulnerables en establecimientos particulares subvencionados
Otra muestra reciente de las debilidades en la toma de decisiones sobre políticas educacionales lo constituyó el
requerimiento de incluir un 15 por ciento de alumnos vulnerables en los colegios particulares subvencionados para
continuar percibiendo la subvención ministerial. La medida se promovió bajo el argumento de que iba a contribuir
a la formación de una sociedad
más cohesionada socialmente y que
favorecería el mejoramiento de
los aprendiza-jes. No hemos podido encontrar
estudios que provean evidencia para avalar
tales expectativas. Al parecer tampoco
se implementaron experiencias pilotos
en el país que sirvieran para evaluar
si dicha medida era positiva tanto para
los alumnos vulnerables como para el resto
del sistema escolar.
La idea de que la inclusión obligatoria
de niños vulnerables en la educación
particular subvencionada sería
benefi-cioso fue propuesta por un diputado
de la comisión de Educación.
La cuota determinada (15%) no se basó
en nin-gún estudio técnico
que la justificara, sino que ella surgió
de una "negociación"
entre dos parlamentarios miembros de la
comisión quienes, teniendo preferencias
por cifras distintas, "acordaron"
dejarlo en un valor intermedio. La propuesta
fue apoyada por algunos miembros de la
comisión, y a pesar del rechazo
de otros integrantes, finalmente fue aprobada.
En la opinión de quienes han trabajado por décadas en el medio escolar con niños en vulnerabilidad social, los
supuestos beneficios de imponer cuotas
de alumnos vulnerables en los establecimientos
escolares subvencionados
debería haber sido extensamente
evaluado, entre otras consideraciones
porque el cambio en la forma de funciona-miento
del colegio y en su proyecto educativo
afectará a todos los alumnos y
a sus familias. Las intenciones que animaron
la iniciativa del 15 por ciento pueden
haber sido buenas, pero las buenas intenciones
no bastan para garantizar que la experiencia
escolar para estos niños sea positiva.
Implementar esta medida sin los estudios
necesarios equivalió a realizar
un experimento con los miembros más
vulnerables del sistema escolar chileno.
|