La reforma
previsional de 1980 fue muy positiva para
el país. Primero, sacó a
la previsión de la esfera de acción
de los políticos. La competencia
electoral deformó al sistema antiguo
creando más de 32 cajas con 100
fórmulas de beneficio diferentes,
discriminatorias y regresivas. Además,
la reforma de 1980 fue oportuna, porque
amortiguó los efectos del envejecimiento
demográfico al adoptar la capitalización
para sustituir al reparto. Tercero, fue
afortuna-da, porque al financiar la transición
con impuestos inyectó nuevos recursos
a la inversión privada, contribuyendo
a la década de oro del crecimiento
chileno (1987-97).
Sin embargo, desde 1981 el legislador interviene los precios de esta industria, con el fin de redistribuir ingresos. Una de las consecuencias es la alta concentración que se ha dado en la gestión de los fondos de pensiones. Peor aún, a partir de una intervención del gobierno en 1997, cayó la intensidad de la competencia y aumentó el lobby.
1. La competencia vía vendedores
Esta industria se ha movido entre dos
regímenes. en el régimen
de Competencia Comercial (1991-97), las
AFP compiten en vendedores, no en precios
(comisiones) por los cotizantes de ingreso
medio.
La competencia toma esta forma debido
a dos regulaciones contenidas en el d.l.
3.500: Primero, la ley exige que la comisión
tenga una tasa única, como % del
sueldo, para todos los cotizantes de una
misma AFP. Como los suel-dos varían
por factor de 1 a 10 en una misma AFP,
y los costos marginales varían
mucho menos, esta ley impone discriminación
de precios con el fin de redistribuir
ingreso. Segundo, la ley prohibe planes
de precio que dan un pre-mio al contado
a cambio de un compromiso de permanencia.
Como los afiliados más informados
son los de mayor ingreso y los de empleadores
grandes, los trabajadores pobres y de
Pyme perderían si estos planes
de precio exis-tieran.
Frente a estas regulaciones, la respuesta
competitiva son los regalos de vendedores:
son al mismo tiempo devolu-ciones de sobrecomisión
y premios al contado. Funcionan porque
la Superintendencia no puede fiscalizar
a lo ven-dedores cuando entregan regalos.
Otro efecto de esta respuesta es un uso
excesivo de vendedores.
Desde el punto de vista social, el régimen
de competencia comercial tiene problemas:
primero, los 20.000 vende-dores de 1996
eran caros. los honorarios de vendedores
llegaron a sumar 1,00% de todos los salarios.
Esto equi-vale a una reducción
de pensiones desde 77% de los últimos
salarios a 70%.
Segundo, los regalos de vendedores son
regresivos, porque anulan una redistribución
que los legisladores han deseado desde
1980. tercero, la AFP cuya clientela tiene
menor renta promedio debe cobrar una tasa
de comisión mayor para financiarse,
dado un mismo costo del servicio. esto
también es regresivo.
Cuarto, el excesivo gasto en vendedores concentra la industria. Como ese gasto es elegido en forma independiente
del número de afiliados, opera
como un costo fijo. Por tanto crea economías
de escala excesivas y por ello concen-tra
de más la industria de AFP. esto
no importó hasta 1995, porque el
fondo de pensiones era pequeño.
Sin embar-go, ahora el tamaño del
fondo de pensiones se acerca al 100% del
Pib, y la concentración en la gestión
financiera amenaza con dos efectos socialmente
negativos: (a) riesgo de abuso por parte
de los conglomerados que poseen una AFP
grande y un banco, porque la AFP grande
puede comprar bonos que emita un deudor
en problemas del banco, obligando a las
demás AFP a seguirla en esa compra
de bonos en virtud de su gran tamaño
respecto al total de los fondos de pensiones;
y (b) poder de mercado de los 2 o 3 gestores
principales de fondos de pensiones a costa
de las empresas que emiten bonos o acciones
sin ADR.
2. La intervención del gobierno en 1997
En su otro régimen esta industria exhibe baja Competencia Comercial. En noviembre de 1997 se aplicó la siguiente
"solución": el gobierno
apoyaría un acuerdo tácito
entre las AFP para despedir vendedores,
a cambio de que las AFP rebajaran sus
comisiones, traspasando a los cotizantes
el ahorro en honorarios de vendedores.
Con este fin, el gobierno emitió
la Circular 999, y luego la Nº 1.051.
Esta última ordenó a cada
AFP que desee contratar a un ven-dedor,
avisar con 1 mes de anticipación
a cada uno de sus rivales. Para quienes
apoyan la libre competencia, esta circular,
que rigió hasta completar 4 años,
es insólita.
El resultado fue el veloz despido de 17.000
de los 20.000 vendedores de 1997. Los
hechos sugieren que el acuer-do de no
enviar vendedores a los cotizantes de
ingreso medio continúa hasta hoy.
La competencia que subsiste está
acotada a los cotizantes de alta renta.
Mientras el gasto en honorarios de vendedores
caía en cerca de 85%, las AFP registraban
un fuerte aumento de las utilidades operacionales,
como confirman Bonilla y Maquieira (2006).
Al depurar la utilidad operacional de
las utili-dades del encaje y de otros
efectos, persiste una fuerte alza a partir
de 1999 (Valdés y Marinovic, 2005).
El motivo de estos incrementos es simple:
las AFP traspasaron a los cotizantes sólo
la mitad del ahorro en hono-rarios de
vendedores. Este incumplimiento era natural,
pues cada AFP debe responder a sus accionistas
y no al gobierno.
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