por Felipe Larraín

P h.D. Universidad de Harvard. Ingeniero Comercial, PUC. Profesor Titular del Instituto de Economía PUC.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

INNOVACION E I+D EN CHILE

1. introducción

Los niveles actuales de actividad en investigación y desarrollo son muy disímiles entre las distintas economías del mundo. Países líderes en innovación, como Finlandia y Corea, presentan niveles de gasto que llegan a superar el 3% del PIB; en otras economías, como Argentina, Chile y Grecia, dicha cifra es apenas alrededor de 0,5% del PIB. Dichos niveles de gasto parecen bajos considerando la alta rentabilidad social de este tipo de actividades.Adicio- nalmente, la evidencia internacional muestra que los países exitosos en innovación parecen tener un sesgo hacia
la investigación aplicada, financiada mayormente por el sector privado, lo cual permite una mayor adecuación entre innovación y las necesidades de las empresas.
El diagnóstico para Chile muestra un bajo nivel agregado de gasto en I+D en comparación con los países desarro- llados y una baja participación del sector privado en el financiamiento y ejecución de la I+D. Además, el Sistema Nacional de Innovación chileno evidencia fallas de coordinación y poca integración, lo cual resta eficiencia al ya escaso esfuerzo realizado en actividades de innovación.
El objetivo de este artículo es analizar la actividad de innovación y proponer alternativas de políticas que permitan
incrementar el nivel de investigación y desarrollo de Chile. Además, se analizan los tipos de incentivos que permi- ten profundizar la participación del sector privado.


2. Inversión en I+D: Una Comparación Internacional
Nivel Agregado de I+D y Desarrollo


El Cuadro 1 muestra el gasto en I+D como porcentaje del PIB para un grupo seleccionados de países. Al realizar esta comparación internacional del esfuerzo dedicado a I+D nos encontramos patrones muy disímiles de gasto en-tre países. ¿Por qué? Claramente hay un efecto ingreso. Esto es, en la medida que una economía se hace más rica y con una mayor dotación de capital humano podrá gastar más en I+D.
Al respecto, Lederman y Maloney (2003) utilizan un panel de datos para caracterizar patrones de evolución del gasto en I+D en las diferentes etapas de desarrollo. Los autores encuentran que el gasto en I+D se incrementa con el nivel de desarrollo y que su tasa de crecimiento también se incrementa a medida que el PIB per cápita aumenta.
Los mismos autores encuentran que las variables que explican el mayor gasto en I+D en los países de mayores ingresos respecto de los países pobres3 son la profundidad del sistema financiero, la protección de los derechos de propiedad intelectual, la mayor eficiencia del gobierno para movilizar recursos y la calidad de las instituciones en que se lleva a cabo investigación. Estas variables explicarían por qué los esfuerzos en I+D aumentan con el nivel de desarrollo.
La evidencia anterior permite concluir dos cosas. Primero, existe mucha divergencia en el esfuerzo en I+D realizado
por los países. El grueso del gasto mundial en I+D es realizado por economías desarrolladas. Esto refuerza la importancia de la apertura comercial, no sólo para incentivar un mayor gasto en I+D, sino también para facilitar los flujos de conocimientos generados en las economías más desarrolladas hacia el resto de los países. Segundo, el esfuerzo en I+D se correlaciona positivamente con el nivel de desarrollo de la economía.
Sin embargo, estas conclusiones conducen a la pregunta de si efectivamente el gasto en I+D de los países es coherente con la rentabilidad privada y social de este tipo de actividades, o –más específicamente– si el menor esfuerzo de los países de ingresos más bajos se debe a que la inversión en I+D es menos rentable en comparación
con las economías más desarrolladas. Este tema se aborda a continuación.





Rentabilidad Social y Privada de I+D


La evidencia empírica obtenida en un gran número de estudios es concluyente en señalar que la rentabilidad social de la inversión en I+D es bastante más alta que su retorno privado, la que, a su vez, es más elevada que la tasa de retorno estimada para el capital. Los estudios indican que la rentabilidad privada es muy alta, ya que esta fluctúa entre un 17% y un 34% (Sveikauskas, 1981 y Griliches y Lichtenberg, 1984, respectivamente). Los retornos sociales, en tanto, serían aún más altos. La mayoría de los trabajos sobre el tema estiman tasas de rentabilidad
social superior al 60%, superando incluso el 100% en algunos casos.
Los estudios a nivel de industrias y firmas de Estados Unidos encuentran tasas de rentabilidad social asociadas a I+D en un rango que va desde 71% (Griliches y Lichtenberg, 1984) hasta sobre 100% (Terleckyj, 1980 y Scherer, 1982). Entre los estudios que utilizan datos de corte transversal de países, Coe y Helpman (1995) encuentra tasas de retornos a I+D de 123% para los países G7 y de 85% para el resto de los países de la OECD. Van Pottelsberghe de la Potterie y Lichtenberg (2001) reportan tasas de retorno de 68% en los G7 y de 15% para una sub-muestra del resto de los países de la OECD.
Por su parte, Lederman y Maloney (2003) utilizando una muestra de países durante el período 1975-2000 encuen- tran que la rentabilidad social del gasto en I+D sería de 78%.4 También encuentran que el gasto en I+D produce incrementos de productividad mayores en países que se encuentran lejos de la frontera tecnológica respecto de los países innovadores que están moviendo la frontera. El retorno en un país promedio de la OECD estaría en un rango de 20-30%. En países de ingreso medio, tales como México y Chile, el retorno promedio sería de alrededor de 60%, mientras que en países pobres, tales como Nicaragua, el retorno promedio sería cercano a 100%.
Así, los recursos dedicados a I+D son exiguos respecto del alto retorno que este tipo de inversión tiene a nivel privado y social. Esto se debe a la existencia de fallas de mercado y fallas sistémicas que inhiben el esfuerzo en I+D. Esto justifica una cierta intervención del Estado como veremos más adelante.