La evidencia permite concluir
dos cosas. Primero, existe
mucha divergencia en el
esfuerzo en I+D realizado por
los países. El grueso del gasto mundial en I+D es realizado
por economías
desarrolladas. Esto refuerza la importancia de la apertura comercial, no sólo para
incentivar un mayor gasto
en I+D, sino también para
facilitar los flujos de conocimientos generados en
las economías más
desarrolladas hacia el resto
de los países. Segundo, el esfuerzo en I+D se
correlaciona positivamente
con el nivel de desarrollo
de la economía.

   

3. Gasto de Chile en I+D Diagnóstico del Esfuerzo Actual de Chile en I+D

Si bien el esfuerzo de Chile en I+D en la década de los noventa más que cuadruplicó el de la década anterior, éste
sigue estando muy por debajo del que realizan los países desarrollados. La brecha es aún más brutal respecto de los países innovadores, tal como quedó en evidencia en el Cuadro 1. Actualmente Chile gasta alrededor de un 0.6% del PIB en I+D, unos US$530 millones aproximadamente. Esta cifra es bastante menor comparada con los $11 mil millones que gasta Holanda (2% del PIB) o los casi $18,500 millones de Corea (2,7% del PIB).
Lederman y Maloney (2003) calculan la desviación entre el gasto efectivo en I+D de Chile y el proyectado en base al nivel aplide ingreso y tamaño de la fuerza laboral del país. Los autores concluyen que Chile tiene un nivel de esfuerzo menor al que se esperaría dado su nivel de desarrollo.
Explorando otra dimensión del problema, Maloney y Rodríguez-Clare (2005) simulan el gasto en I+D en los países de la OECD si éstos presentasen un patrón de especialización similar al de Chile (principalmente en recursos na-turales). Concluyen que, en promedio, los países de la OECD tendrían un 60% del gasto en I+D observado actual-mente en ellos, aunque con divergencia entre los distintos países de la muestra. Dada la evidencia, los autores concluyen que el bajo esfuerzo en I+D de Chile se explica en parte por la especialización de la economía en secto-res de baja intensidad en I+D. Este trabajo es sugerente respecto de la influencia de la especialización productiva en el gasto en I+D de los países. Sin embargo, el patrón de especialización explica sólo parcialmente el bajo nivel de I+D en Chile. En un mundo globalizado de alta competencia, los sectores de recursos naturales requieren innovar no sólo para competir mejor, sino como un imperativo de supervivencia.
En algunos sectores de la economía chilena, en donde la competencia es fuerte y existe un número significativo de jugadores, puede pensarse en fomentar las inversiones conjuntas en I+D a través de fondos públicos. Podría pre-miarse las actividades de innovación de consorcios de empresas –asociadas, por ejemplo a instituciones de in-vestigación de excelencia– lo que apoyaría la estrategia de clusters. Este es el caso de la industria del salmón, la minería o la forestal.
De las comparaciones internacionales podemos concluir que no sólo el nivel del gasto de Chile en I+D es bajo, sino que además está distribuido inadecuadamente tanto en términos de quién lo financia como de su destino. Los países más exitosos han logrado que las empresas ejecuten y financien gran parte del gasto en I+D. De hecho, en los países innovadores más del 60% del gasto en I+D es ejecutado por las empresas. Esta práctica es fundamen- tal para asegurar que la investigación sea pertinente a las necesidades del sector productivo y, por ende, para que en definitiva se traduzca en mayores incrementos de productividad. En Finlandia y Corea más del 65% del gasto en I+D es ejecutado por las empresas. En Chile, en cambio, esta cifra es alrededor del 10%, de modo que el go-bierno y las universidades realizan el grueso del esfuerzo. Además, la investigación aplicada no se realiza mayori-tariamente en las empresas. De hecho, menos del 6% de los científicos del área de la investigación y desarrollo trabaja en las empresas, mientras que en Finlandia dicho porcentaje supera el 30%.
Un tercer aspecto que caracteriza el esfuerzo actual en I+D de la economía chilena es el exceso de focalización en ciencias básicas. En los países innovadores más del 80% del esfuerzo en I+D se focaliza en investigación aplide cada, mientras que en Chile es menos de la mitad. Esta estrategia sería probablemente apropiada para un país que está cercano a la frontera del desarrollo tecnológico, pero resulta menos indicado para uno cuyo desafío principal en materia tecnológica es adoptar y adaptar tecnologías del exterior. Lo anterior, también deja en evi- dencia el bajo nivel de conexión entre el mundo empresarial y el académico. De hecho, tal como señalan Rodríguez y Tokman (2004), la colaboración con fines de investigación entre empresas y universidades en los países innovadores es casi un 60% más frecuente que en Chile.
En resumen, el gasto que realiza Chile en innovación es bajo, sesgado hacia la investigación en ciencias básicas y con una participación insuficiente del sector privado. Además, se identifican fallas de coordinación, duplicidad de funciones, “cuellos de botella” en materia de capital humano y desconexión entre el mundo empresarial y el mundo académico en el Sistema Nacional de Innovación. Lo anterior se traduce en que, en el caso de Chile, el esfuerzo actual en innovación tenga menores efectos sobre la productividad en comparación a los países líderes.


Instrumentos de promoción de I+D


Existe un espacio para que el gobierno incentive un nivel de innovación más cercano al socialmente óptimo. Los principales instrumentos para promover un mayor esfuerzo en I+D son:

• Instrumentos directos, tales como subsidios a las empresas que realizan I+D, subvenciones, préstamos, cofi-nanciamiento a proyectos y financiamiento de laboratorios públicos de I+D y de investigación universitaria.

• Instrumentos indirectos, tal como incentivos tributarios. Podemos distinguir tres tipos de incentivos tributarios
aplicables para fomentar el gasto en I+D:

– Deducciones de gasto corriente, que incluye la amortización de gastos corrientes en I+D, los cuales pueden ser contablemente cargados a gastos y deducidos del ingreso tributable en el año corriente.
– Depreciación acelerada de las inversiones en máquinas, equipos y edificios para actividades de I+D.
– Programas de exención tributaria, que autorizan a las firmas a decidir libremente acerca de los proyectos
de I+D que desean financiar.

La evidencia acerca de la mejor política para incentivos de la I+D no es concluyente. Con excepción de algunos países de Europa Oriental, el apoyo público directo a la I+D de las empresas ha ido en descenso en los países de la OECD, fomentándose más las medidas indirectas, tales como los incentivos tributarios. Entre 2002 y 2004, Bélgica, Irlanda y Noruega establecieron un nuevo esquema de incentivos tributarios, lo que lleva a 18 el
número de países de la OECD que emplean este sistema para potenciar la I+D. El Reino Unido también instauró incentivos tributarios para las grandes empresas y completó su esquema para las pequeñas.
En la mayoría de los países de la OECD, la base para el incentivo tributario son los gastos corrientes en I+D. Algunos países incorporan también las máquinas, equipos y edificios. Casos particulares son Holanda y Bélgica donde los incentivos fiscales se aplican sólo a los salarios del personal calificado de I+D. Por su parte, 9 de los países de la OECD ofrecen depreciación acelerada especial de maquinaria y equipos utilizados en actividades de I+D.
Adicionalmente, los países se están esforzando por estimular el espíritu empresarial e impulsar las actividades de
I+D en las pequeñas y medianas empresas (PYMEs), mediante, por ejemplo, el apoyo al capital de riesgo, la asis-tencia preferente a las PYMEs y otros incentivos especiales.