Por Lucy Bennett O.

Ejecutivo aboga por una cultura país más pro emprendimiento y
reconoce interés de
su Grupo por profundizar
su presencia en el
sector energético.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EDUARDO NAVARRO,

 

GERENTE GENERAL DE EMPRESAS COPEC


"El Estado debe apoyar la innovación con incentivos tributarios"

Nos recibe con un recorrido por espacios silenciosos donde cuadros de Roberto Matta, Pablo Burchard, José Balmes, entre otros, acompañan a concentrados ejecutivos. También hay varias esculturas y una gran repisa con tres huacos
“auténticos”, se apresura a decir nuestro entrevistado y qué duda cabe: Estamos en el piso 17 del edificio corpora-tivo del Grupo Angelini, con Eduardo Navarro Beltrán (41, ingeniero comercial con menciones en Administración y Economía UC), Gerente General de Empresas Copec S.A. Con una gran vista hacia la cordillera –“cada vez más tapada por nuevos edificios”–, la oficina del ejecutivo está decorada con una colorida obra de Fernando Cifuentes Soro y, en contraste, una serigrafía de Rauschenberg en blanco y negro. Una lámpara con imágenes de una montaña rusa, regalo de su flamante esposa y una foto de ella destacan sobre su escritorio: “Se llama María José López y es
diseñadora. Nos casamos hace un año y estoy muy feliz; ella me acerca al arte y me desordena; espero tener hijos
pronto para darle un Navarrito más a la sociedad”, bromea. Atrás, fotos de su familia con sus integrantes en las mismas posiciones a través de los años, dan cuenta de un hombre marcado por la tradición, el deber ser y la heren-cia castiza. “Soy el octavo de ocho hermanos (siete hombres y una mujer), todos profesionales. Mis cuatro abuelos son del norte de España, de La Rioja, una zona de vinos y cuna del idioma castellano”, dice orgulloso. Por ser el me-nor, reconoce haber sido “un poco avejentado” en los gustos y la pasión por las ideas, por lo cual no es extraño que “España Invertebrada”, de Ortega y Gasset, fuera uno de sus libros preferidos de joven. También por ello, fue más independiente y de ideas claras desde chico: “En mi casa siempre se discutió de política y literatura, y uno tenía que intentar estar a la altura del debate”.
Bueno para el “canturreo de fogatas”, en su repertorio hay canciones de la “Novicia Rebelde”, Cat Stevens y Mocedades, pasando por el rock argentino. Según él, “lo que la pinta no dio, la guitarra puede conquistar”, También
se declara fanático de Mozart, Frank Sinatra y muchos otros: “Tengo un ipod con 2600 canciones, que hoy encabeza la lista Sweet de vientos y lluvias, del grupo Bread”. Fue esta pasión por la música y su interés por los medios de comunicación, la que lo llevó al directorio de Radio Duna por diez años, junto a Anita Holuigue y Felipe Lamarca. Este último fue quien lo contrató para el departamento de estudios de Empresas Copec en 1990, tras su paso por el Citicorp.


“El sueño de mi vida era ser comentarista de radio”



-¿A qué se dedicaba su padre?
-Era empresario, tuvo una industria textil, también una imprenta y negocios relacionados con la madera, como mu-chos españoles. Él y mis abuelos eran muy trabajadores, de tradiciones religiosas fuertes, amantes de su España natal, con un gran sentido de familia, asiduos del estadio de la colectividad e hinchas de la Unión Española.

-¿Qué recuerdos de su infancia lo marcaron?
-Las navidades, las primeras comuniones y las largas tardes en el Estadio Español. También jugábamos mucho taca-taca, rana y ping pong con mis hermanos; y el canturreo con mi mamá. Además, con mi hermano Enrique éra-mos muy aficionados al periodismo: escribíamos diarios e inventábamos programas de radio. El sueño de mi vida era ser comentarista y me imaginaba transmitiendo con José María Navasal, en lo internacional; Julio Martínez, en lo
deportivo y... Eduardo Navarro, en lo económico.


-¿Cómo fue su educación?

-Con un fuerte sentido del deber y el esfuerzo. Vivíamos en el barrio República, fui al Liceo Alemán, que entonces estaba en el centro de Santiago, y los últimos años estuve en el Instituto Nacional. Tengo los mejores recuerdos de ese establecimiento: Era enorme y con una exigente selección para el ingreso de los alumnos; fue una experiencia de tremenda diversidad, muy enriquecedora y valiosa para el posterior ingreso a la universidad y la vida entera.

-¿Por qué no hay otro colegio municipalizado como ése?
-Es un misterio!, pero el orgullo de pertenecer al Instituto Nacional dudo que exista en muchas partes. Hay una mística que es fundamental para que le vaya bien a una organización. Los alumnos, profesores y el rector –como
líder– crean una verdadera comunidad donde se sienten parte de un grupo elegido, especial y convencido que el
país espera mucho de ellos.
–Luego de egresar del Instituto Nacional con 6.9 promedio y sacar puntajes nacionales en la Prueba de Aptitud y
en la Específica de Matemáticas, Eduardo Navarro obtuvo matrícula de honor por ser el primer seleccionado de Ingeniería Comercial en la Universidad Católica en 1984.

-¿Siempre pensó en estudiar esa carrera?
-Tuve dudas porque entré a la universidad en 1984, cuando el país venía de una crisis económica y había cierto gra-do de caricaturización de los ingenieros comerciales como “los cuescos cabrera”. Siempre me decían que siguiera Ingeniería civil porque era muy bueno para las matemáticas. Afortunadamente, tenía hermanos con ambas profesio-nes con quienes pude conversar de ello y decidirme; además, me encantaba el mundo de los negocios y la economía.

-¿Cómo describiría su paso por la UC?

-Grandes años de mi vida, aproveché muy bien esa época, ya que pude estudiar simultáneamente Administración y Economía, y luego el magíster en esta última. La UC me educó en un ambiente de exigencia y excelencia; me toca-ron muy buenos profesores y compañeros. Tuve le suerte de entender que el paso por la universidad no era sólo clases, biblioteca y pruebas; también tuve una activa vida gremial –fue presidente del Centro de Alumnos– hice varias ayudantías, las que me permitieron enfrentar desafíos como hablar en público y saber transmitir mis ideas.
–Además, recibí las herramientas para desenvolverme en lo que me gusta y conocí lo que hasta hoy es una de mis
pasiones: la Economía. Todo ello muy relacionado con el desarrollo del país, con las políticas públicas y el empren-dimiento. Hoy me siento parte de un grupo humano que aporta a Chile, ya que trabajo en una compañía que en los últimos 20 años ha invertido US$10.000 millones y hay que ver lo que eso significa en crecimiento, empleo y desa-rrollo social.