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"El Estado debe apoyar la innovación
con incentivos tributarios"
Nos recibe con un recorrido por espacios silenciosos
donde cuadros de Roberto Matta, Pablo Burchard,
José Balmes, entre otros, acompañan
a concentrados ejecutivos. También hay
varias esculturas y una gran repisa con tres
huacos
“auténticos”, se apresura a decir nuestro
entrevistado y qué duda cabe: Estamos
en el piso 17 del edificio corpora-tivo del
Grupo Angelini, con Eduardo Navarro Beltrán
(41, ingeniero comercial con menciones en Administración
y Economía UC), Gerente General de Empresas
Copec S.A. Con una gran vista hacia la cordillera
–“cada vez más tapada por nuevos edificios”–,
la oficina del ejecutivo está decorada
con una colorida obra de Fernando Cifuentes
Soro y, en contraste, una serigrafía
de Rauschenberg en blanco y negro. Una lámpara
con imágenes de una montaña rusa,
regalo de su flamante esposa y una foto de ella
destacan sobre su escritorio: “Se llama María
José López y es
diseñadora. Nos casamos hace un año
y estoy muy feliz; ella me acerca al arte y
me desordena; espero tener hijos
pronto para darle un Navarrito más a
la sociedad”, bromea. Atrás, fotos de
su familia con sus integrantes en las mismas
posiciones a través de los años,
dan cuenta de un hombre marcado por la tradición,
el deber ser y la heren-cia castiza. “Soy el
octavo de ocho hermanos (siete hombres y una
mujer), todos profesionales. Mis cuatro abuelos
son del norte de España, de La Rioja,
una zona de vinos y cuna del idioma castellano”,
dice orgulloso. Por ser el me-nor, reconoce
haber sido “un poco avejentado” en los gustos
y la pasión por las ideas, por lo cual
no es extraño que “España Invertebrada”,
de Ortega y Gasset, fuera uno de sus libros
preferidos de joven. También por ello,
fue más independiente y de ideas claras
desde chico: “En mi casa siempre se discutió
de política y literatura, y uno tenía
que intentar estar a la altura del debate”.
Bueno para el “canturreo de fogatas”, en su
repertorio hay canciones de la “Novicia Rebelde”,
Cat Stevens y Mocedades, pasando por el rock
argentino. Según él, “lo que la
pinta no dio, la guitarra puede conquistar”,
También
se declara fanático de Mozart, Frank
Sinatra y muchos otros: “Tengo un ipod con 2600
canciones, que hoy encabeza la lista Sweet de
vientos y lluvias, del grupo Bread”. Fue esta
pasión por la música y su interés
por los medios de comunicación, la que
lo llevó al directorio de Radio Duna
por diez años, junto a Anita Holuigue
y Felipe Lamarca. Este último fue quien
lo contrató para el departamento de estudios
de Empresas Copec en 1990, tras su paso por
el Citicorp.
“El sueño de mi vida era ser comentarista
de radio”
-¿A qué
se dedicaba su padre?
-Era empresario, tuvo una industria textil,
también una imprenta y negocios relacionados
con la madera, como mu-chos españoles.
Él y mis abuelos eran muy trabajadores,
de tradiciones religiosas fuertes, amantes de
su España natal, con un gran sentido
de familia, asiduos del estadio de la colectividad
e hinchas de la Unión Española.
-¿Qué
recuerdos de su infancia lo marcaron?
-Las navidades, las
primeras comuniones y las largas tardes en el
Estadio Español. También jugábamos
mucho taca-taca, rana y ping pong con mis hermanos;
y el canturreo con mi mamá. Además,
con mi hermano Enrique éra-mos muy aficionados
al periodismo: escribíamos diarios e
inventábamos programas de radio. El sueño
de mi vida era ser comentarista y me imaginaba
transmitiendo con José María Navasal,
en lo internacional; Julio Martínez,
en lo
deportivo y... Eduardo Navarro, en lo económico.
-¿Cómo fue su educación?
-Con un fuerte sentido del deber y el esfuerzo.
Vivíamos en el barrio República,
fui al Liceo Alemán, que entonces estaba
en el centro de Santiago, y los últimos
años estuve en el Instituto Nacional.
Tengo los mejores recuerdos de ese establecimiento:
Era enorme y con una exigente selección
para el ingreso de los alumnos; fue una experiencia
de tremenda diversidad, muy enriquecedora y
valiosa para el posterior ingreso a la universidad
y la vida entera.
-¿Por qué
no hay otro colegio municipalizado como ése?
-Es un misterio!, pero el orgullo de pertenecer
al Instituto Nacional dudo que exista en muchas
partes. Hay una mística que es fundamental
para que le vaya bien a una organización.
Los alumnos, profesores y el rector –como
líder– crean una verdadera comunidad
donde se sienten parte de un grupo elegido,
especial y convencido que el
país espera mucho de ellos.
–Luego de egresar del Instituto Nacional con
6.9 promedio y sacar puntajes nacionales en
la Prueba de Aptitud y
en la Específica de Matemáticas,
Eduardo Navarro obtuvo matrícula de honor
por ser el primer seleccionado de Ingeniería
Comercial en la Universidad Católica
en 1984.
-¿Siempre pensó
en estudiar esa carrera?
-Tuve dudas porque entré a la universidad
en 1984, cuando el país venía
de una crisis económica y había
cierto gra-do de caricaturización de
los ingenieros comerciales como “los cuescos
cabrera”. Siempre me decían que siguiera
Ingeniería civil porque era muy bueno
para las matemáticas. Afortunadamente,
tenía hermanos con ambas profesio-nes
con quienes pude conversar de ello y decidirme;
además, me encantaba el mundo de los
negocios y la economía.
-¿Cómo describiría su paso
por la UC?
-Grandes años
de mi vida, aproveché muy bien esa época,
ya que pude estudiar simultáneamente
Administración y Economía, y luego
el magíster en esta última. La
UC me educó en un ambiente de exigencia
y excelencia; me toca-ron muy buenos profesores
y compañeros. Tuve le suerte de entender
que el paso por la universidad no era sólo
clases, biblioteca y pruebas; también
tuve una activa vida gremial –fue presidente
del Centro de Alumnos– hice varias ayudantías,
las que me permitieron enfrentar desafíos
como hablar en público y saber transmitir
mis ideas.
–Además, recibí las herramientas
para desenvolverme en lo que me gusta y conocí
lo que hasta hoy es una de mis
pasiones: la Economía. Todo ello muy
relacionado con el desarrollo del país,
con las políticas públicas y el
empren-dimiento. Hoy me siento parte de un grupo
humano que aporta a Chile, ya que trabajo en
una compañía que en los últimos
20 años ha invertido US$10.000 millones
y hay que ver lo que eso significa en crecimiento,
empleo y desa-rrollo social.
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