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Un desafío para nuestro país
En su discurso del día 21 de mayo
de 2006 la Presidenta Bachelet anunció
que uno de los objetivos de su gobierno
es lograr que el país destine “más
de un 1% del PIB a investigación
y desarrollo y que una parte muy importante
de este gasto venga de las empresas, tal
como ocurre en los países avanzados”.
Esa cifra es muy superior al nivel actual
de 0.6% del PIB –que ha permanecido casi
constante durante la última década–
y, sin embargo, muy inferior todavía
a la de otros países paradigmáticos
como Finlandia, Suecia, Corea del Sur,
Nueva Zelanda, Australia o Singapur los
que, en promedio, destinan más
del 2.5% del PIB a los mismos fines. La
experiencia de estas nacio- nes demuestra
en forma patente que para poder prosperar,
junto con políticas macro económicas
adecuadas, es
necesario que las empresas adquieran la
capacidad de agregar valor a sus productos
y de competir mediante la
oferta de nuevos productos y servicios
de calidad. En otras palabras de inventar,
mejorar e innovar constantemen-te. Pero
p e podemos esperar como país en
este campo, por lo menos durante los próximos
años.
La estrategia UC
Adelantándose a los tiempos, el
año 2001 nuestra Universidad creó
el Programa UC-Empresa con el propósito
de
contribuir –mediante el desarrollo de
modelos exitosos de colaboración
entre empresa, universidad y estado– al
gran salto que Chile necesita dar para
mejorar su capacidad competitiva y crear
nuevas fuentes de trabajo y rique-za.
A su haber, la UC contaba entonces con
una larga historia de relaciones mutuamente
fructíferas con el sector productivo
y de servicios. Sin embargo, esa vinculación
estaba centrada en las asesorías,
las certificaciones de ca-lidad, la capacitación
de personas y, en menor escala, al desarrollo
de nuevos productos o a mejorar los ya
exis-tentes.
También es importante consignar
que en los últimos veinte años
la UC ha estado fortaleciendo y expandiendo
con-siderablemente su capacidad de investigación,
tanto en el área científica
como en la tecnológica, lo que
le permitía abordar una gran cantidad
de temas, desde la física de materiales
hasta la genómica vegetal, pasando
por la robó-tica y la biotecnología.
Muchos de estos temas eran y son de interés
para muchas empresas productivas, pero
la actitud de la UC se encuadraba en el
paradigma que la universidad investiga
y luego realiza la transferencia tecno-lógica.
Por lo mismo, los académicos se
acercaban a conversar con la empresa sólo
cuando creían tener algo inte-resante
que ofrecerles. Por su parte, pocas veces
la empresa se acercó a la Universidad
para proponerle temas de investigación.
Aún así surgieron diversos
proyectos interesantes entre la universidad
y la empresa, como el Centro de Minería,
y se crearon o potenciaron algunas empresas
que actualmente están creciendo
saludablemente. Sin embargo, los resultados
globales son magros y, a juzgar por el
número de patentes generadas, el
componente de innovación tecnológica
fue poco relevante.
Programa UC Empresa
El año 2000 la UC se propuso establecer
una nueva plataforma de vinculación
con el sector productivo, que poste- riormente
denominó Programa UC-Empresa, y
comenzó a diseñar una “estrategia
universitaria pro crecimiento” basada
en tres componentes: un diálogo
activo con altos ejecutivos y empresarios
respecto a sus aspiraciones y a su visión
de lo que la UC podía aportarles,
una labor interna de motivación
y alineación de actores potenciales
y,
por último, el estudio de la experiencia
acumulada por universidades brasileñas,
europeas y estadounidenses en su
vinculación con las empresas. Paralelamente,
comenzamos a explorar los diversos mecanismos
que el Estado ofre-cía en materia
de innovación y emprendimiento.
Como resultado de todas estas exploraciones,
nos convencimos que debíamos cambiar
de paradigma: en vez de contarle a las
empresas lo que a la UC le interesaba
investigar, le preguntaríamos a
ellas qué cosas necesitaban investigar.
Además, en vez de acercarnos a
empresas individuales trataríamos
de conversar con sectores productivos,
de manera que las investigaciones a ser
realizadas pudieran interesar a muchas
empresas. Finalmente, le propusimos a
las empresas formar alianzas de largo
plazo mediante fundaciones o corporaciones
que ellas controlarían y, por lo
mismo, ellas establecerían la agenda
de trabajo y los montos a invertir. En
esas corporaciones la UC no exigiría
exclusividad. Si ella no tenía
capacidad instalada para realizar un determinado
proyecto las empresas tendrían
libertad para invitar a otras universidades
a participar.

Fundación COPEC-Universidad Católica
Al poco tiempo, comenzamos a cosechar
los primeros frutos de estas nuevas políticas,
siendo el primero de ellos la
puesta en marcha de la Fundación
COPEC-UC. Como señala Eduardo Navarro
en otro artículo, es una gran inicia-
tiva para la Universidad y el país.
Esta Fundación se constituyó
el año 2002 como alianza estratégica
de largo pla-zo entre Empresas Copec S.A.
y la UC. Su misión es impulsar
investigación que contribuya al
desarrollo del país, mediante un
mejor aprovechamiento de sus recursos
naturales. Con un capital inicial de US$
4 millones, hasta aho-ra ha financiado
26 iniciativas e invertido aproximadamente
$ 1.600 millones. Para seleccionar proyectos
relevan-tes ha tenido el aporte de investigadores
y empresarios de mucho prestigio. Actualmente
está tramitando las pri-meras solicitudes
de patentes y ha comenzado la comercialización
de varios proyectos. La Fundación
también ha sido una activa difusora
de los éxitos obtenidos en el campo
de la innovación productiva por
otros países, como Australia, Finlandia
y Nueva Zelanda, invitando a algunos de
sus expertos en minería, fruta,
madera, vino y capita-les de riesgo.
Consorcios tecnológicos
Otro logro importante ha sido la creación
de los primeros Consorcios Tecnológicos.
Este tipo de alianza entre las empresas
y las universidades, con el apoyo del
Estado, son instituciones que existen
internacionalmente desde hace más
de 20 años. Su misión es
detectar la investigación necesaria
para la industria, realizar la gestión
y con- trol de proyectos y realizar la
comercialización de los resultados.
Tienen estructuras livianas, encargadas
de la gestión, ya que los proyectos
de investigación son realizados
y administrados por las universidades
y la comercia- lización se efectúa
ya sea a través de licencia- miento,
encargo de la implementación a
empresas externas o crean- do nuevas empresas
en alianzas con terceros. Las universidades
socias aportan parte de su capacidad instalada
y contra esto tienen primera opción
para ejecutar los proyectos, son dueñas
de la propiedad industrial y participan
en un porcentaje de las utilidades.
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