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El problema de las cifras
A mi juicio, el punto de fondo en el debate de las
cifras no es si la pobreza ha caído o no, pues
ello ciertamente ha ocurrido y es necesario y justo
recono- cerlo. Tampoco creo que el problema esté
en la encuesta de caracterización socioeconómica
nacional (CASEN), si bien hay que explicar con más
detalle los cambios metodológicos que se hicieron,
y ojalá someterlos a un debate abierto entre
los especialistas antes de implementarlos.
El problema de fondo es que las cifras oficiales de
pobreza son demasiado optimistas, tan optimistas que
no corresponden a la realidad. Para decirlo sim-plemente,
los pobres son muchos más que los de las estadísticas
oficiales porque la vara con que se los ha medido, la
llamada línea de pobreza, está obsoleta.
Una explicación necesaria al respecto: la pobreza
se determina a partir de la Encuesta de Presupuestos
Familiares llevada a cabo por el Insti tuto Nacional
de Estadísticas (INE), que muestra lo que efectivamente
consumen los hogares chilenos. De aquí surge
una canasta de alimentos básicos que permiten
cumplir con las recomendaciones de organizaciones internacionales
(OMS y FAO) de 2.200 calorías diarias (aprox.)
por adulto; esta ca-nasta se costea y determina la línea
de indigencia. Luego se le aplica un factor (en torno
a 2) para determinar el costo de las necesidades básicas
no ali-menticias (salud, vivienda, vestuario, etc.).,
lo que define la línea de pobreza. Finalmente
se compara el ingreso de las familias con el costo de
estas canastas y se determina si una persona es indigente,
pobre no indigente, o no pobre.
La metodología descrita revela que para determinar
la línea de pobreza resulta clave usar información
actualizada de lo que efectivamente consumen los
hogares. Y ocurre que la canasta oficial (en base a
la cual se han reportado las cifras de pobreza) fue
construida en 1990 utilizando los patrones de gasto
de los años 1987-1988. Posteriormente, en 1996-97
se realizó la Quinta Encuesta de Presupuestos
Familiares, que está disponible y con la que
se debió haber actualizado la canasta. Pero ello
no se hizo, a pesar del compromiso explícito
adoptado por Mideplan en 19991. ¿Cuál
fue la razón para no hacerlo? Ninguna resiste
el más tímido de los cuestionamientos.
Tanto la canasta del IPC, que se elabora con la misma
encuesta de presupuestos, la ficha CAS (que fue reemplazada
el año pasado) y las cuentas nacionales han sido
actualizadas en las últimas dos décadas.
¡Y las cuentas nacionales se actualizaron dos
veces, pasando de base 1986 a 1996 y luego de base 1996
a 2003!.
¿Cuantos pobres hay efectivamente en Chile? Para
responder esta interrogante está el acucioso
trabajo desarrollado entre 2001 y 2003 por la Funda-ción
para la Superación de la Pobreza en conjunto
con el Departamento de Nutrición de la Universidad
de Chile y la Jefa de Precios del INE, quienes esti-maron
una nueva canasta de satisfactores básicos con
los patrones de gasto observados en la encuesta del
año 1996-97. ¿Qué se encontró?
En primer lugar, la línea de pobreza 2003, que
de acuerdo a las cifras oficiales era de $43.712, pasaba
a $66.388. Es decir, la pobreza en 2003, que está
en 18.7% según cifras oficiales, es realmente
de 36.4% con la canasta actualizada. Esto ocurre por
dos razones. Primero, porque los pobres modificaron
sus patrones de consumo, hacia productos más
diversificados y de mejor calidad (por ejemplo, más
frutas y verduras, aceite embotellado en vez de acei-te
suelto). Segundo porque en 1997 los alimentos representan
una porción menor del gasto total de los pobres;
ello hace que el factor de ajuste, en vez de ser 2 (como
en la encuesta de 1987) sea de 2.2 usando la encuesta
1996-97, lo que empuja más la línea de
pobreza hacia arriba, a partir de la línea de
indigencia. No podemos hacer el ejercicio anterior para
determinar las cifras de pobreza 2006, porque la encuesta
CASEN no está disponible. Pero si suponemos que
la reducción proporcional es la misma que indican
las cifras oficiales, la pobreza 2006 sería de
26.7% (en vez del 13.7% oficial) y la indigencia de
6.5% (en vez de 3.2%).
El punto de fondo es que, si bien la pobreza y la indigencia
han disminuido, los niveles de pobreza e indigencia
son el doble de los oficiales cuando se usa una encuesta
actualizada. Como país y especialmente– desde
el punto de vista de los pobres, no conviene que vivamos
en el espejismo de que la pobre-za afecta sólo
al 13.7% de la población, cuando en realidad
es el doble. Una cifra irrealmente optimista resta importancia
en el debate público y probable-mente– en las
políticas públicas. Por eso, reconozcamos
los avances, pero usemos las cifras reales. En Chile
existen todavía más de 4 millones de po-bres
que requieren de máxima prioridad. 
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