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Se arguye que la caída
de la bolsa (IPSA) de 4.35% el 22 de mayo,
primer día hábil posterior
al discurso presiden-
cial del 21 de mayo, fue fruto de un “corralito”
que obligaría a las AFP a invertir
en acciones chilenas, por la res-
tricción a la inversión
en el extranjero. Todavía es interesante
analizar el episodio porque hasta el día
de hoy se
sigue utilizando este argumento para explicar
las caídas recientes en la bolsa.
El aumento anunciado de los límites
de inversión en el extranjero (de
30% a 45%, equivalente a un monto total
potencial de alrededor de USD15.000
millones o alrededor de 15% de la capitalización
de mercado de la bolsa) implicaría
“menor demanda” esperada
por acciones locales, provocando una caída
generalizada.
Quiero analizar el sustento de esta idea.
Es contradictoria con la “ortodoxia financiera”,
ya se supone que el valor
de un activo no debería depender
de la identidad de los accionistas minoritarios.
Podría haber un efecto de seg-
mentación de mercado consistente
con la ortodoxia (que las empresas AFP-ables
acceden a financiamiento más
barato, lo que explica mayores precios),
en la medida que tengan que pasar por
un mayor número de exigencias que
el resto, pero sería probablemente
un efecto de segundo orden y, en todo
caso, el argumento no puede explicar la
caída observada. El anuncio de
aumento de límites en el exterior
podría no afectar los precios de
las acciones loca-
les porque las AFP no son los únicos
accionistas: existen los fondos mutuos,
los ADR, las corredoras de bolsa, los
privados y Chile es un país que
da amplísima libertad a los movimientos
de capitales. Es decir, para otros inversio-
nistas las acciones AFPables tienen sustitutos
cercanos (en Chile y en el exterior) y
no tiene sentido que inviertan
en acciones sobrevaloradas, que se desinfl
an apenas se anuncia que las AFP aumentarán
su holgura para invertir
en el exterior.
Punto de partida y lo sucedido en ese
día
Con todo, partamos por reconocer que el
IPSA es un indicador sesgado hacia unas
pocas acciones. Un mejor punto
de partida es el Chile 65, que también
cayó, pero menos: 3.51%. En particular,
el índice Adrián de la Bolsa
Elec-
trónica, que sigue la pista a los
ADR, cayó 2.8%.1 Como este índice
sigue a las acciones supuestamente más
arbitradas internacionalmente, en principio
no debería estar constituido por
acciones sobrevaloradas, aunque
siempre puede argüirse que cayó
ante la perspectiva de que las AFP vendan
en el futuro.
La cartera accionaria de las AFP en el
agregado cayó 3.7%, número
que es relativamente similar al del Chile
65;
es decir, a primera vista no parece ser
que las acciones AFP-ables hayan sido
especialmente castigadas. Aún
podría pensarse que la caída
adicional, con respecto al Adrián,
de 0,9% sea el efecto neto del corralito.
Pero no debe olvidarse que en este día
el índice del precio del cobre
(LME Copper Future) cayó 2%, que
el peso se
depreció con respecto al dólar
1% y que la mayor parte de las bolsas
en América Latina cayeron – aunque
mucho
menos que la chilena. Además, las
tasas de interés, en particular
las de largo plazo, subieron en unos 12
puntos
base (el BTU a 20 años subió
desde 3.25% a 3.37%, aunque las tasas
venían subiendo desde antes). Atribuir
este aumento de tasas al corralito sería
un tanto extremo; es más probable
que la variación obedezca al cambio
en
la regla del superávit estructural.
Nótese que un aumento en las tasas
de interés de largo plazo por sí
solo debería asociarse a una caída
en la bolsa.
Suponiendo que la tasa de descuento accionaria
agregada sube efectivamente en 12 pb (con
una tasa real de
inicial de descuento de largo plazo de
8% y una tasa de crecimiento real de los
dividendos a largo plazo de 4%),
esto implica una caída de la bolsa
de 3 puntos porcentuales, aproximadamente.
Es decir, el aumento de tasas local
podría explicar parte importante
de la caída en ese día.
Como conclusión al pasar, nótese
lo importante que es
poner los fenómenos financieros
en su contexto.
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