por Rolf Lüders Sch.

Ph.D., M.B.A. y M.A.
Universidad de Chicago,
EE.UU. Ingeniero Comercial
PUC. Profesor del Instituto
de Economía, Pontificia
Universidad Católica
de Chile.

 

 

CRECIMIENTO ECONÓMICO DE CHILE:
LECCIONES DE LA HISTORIA

El actual estado de nuestra economía ha suscitado, al menos, tres visiones distintas sobre el mismo. Como será
evidente, cada visión se fundamenta en un conjunto de datos generalmente inobjetables, pero parciales. Natural-
mente, las propuestas de política económica relacionadas a cada una de estas visiones tienden a ser diferentes.
¿Cuál es el aporte de una visión histórica del desarrollo de la economía chilena a la evaluación de la actual situa-
ción y a su probable evolución futura?.
Para algunos, Chile tiene una economía emergente dinámica, alabada internacionalmente. Para éstos, el país tiene
instituciones económicas que se pueden comparar con aquellas de los países desarrollados1 y niveles del PIB per
cápita y de desarrollo humano sólo superados por los de Argentina en América Latina2. Además, el país ha logrado
reducir en las últimas décadas en forma signifi cativa la pobreza, siendo uno de los pocos países en desarrollo
que ha cumplido muy anticipadamente con la meta del milenio propuesta al respecto por Naciones Unidas. Final-
mente, la economía chilena es reconocida por su excepcional manejo macro-económico, incluyendo el de los equi-
librios fiscales, que se compara favorablemente incluso con aquél de los países desarrollados.
Para aquellos que comparten esta visión favorable de la economía chilena, no cabe esperar una tasa de crecimien-
to económico mayor que una del 5 por ciento anual, que corresponde aproximadamente a la actual tasa de creci-
miento económico de tendencia. Ella permite prever una rápida convergencia de los niveles del PIB per cápita chi-
leno a aquellos de los países más desarrollados, como lo sugiere el gráfico Nº1, y junto con ello, una razonable
velocidad de reducción de la pobreza remanente.





No obstante, para la mayoría de la opinión pública informada, la situación dista de ser satisfactoria. Ésta incluye
tanto a los que sostienen que es urgente profundizar las reformas iniciadas en 1974, como también a los que
anhelan un cambio en el sistema económico. Para ambos sub-grupos el actual ingreso per cápita, que a penas
alcanza al 25 por ciento de aquél de EE.UU., es bajo, además de encontrarse creciendo –a pesar del entorno favo-
rable– a una tasa relativamente reducida. Para el primero de los sub-grupos, los indicadores de pobreza ofi ciales,
que se muestran en el gráfico Nº2, subestiman sustancialmente la pobreza existente4. Para el segundo sub-grupo,
la diferencia absoluta entre el PIB per cápita chileno y el de EE.UU., medida en moneda de valor constante, ha
aumentado sostenidamente desde 1810, como se muestra en el cuadro Nº1, a pesar de la convergencia de ingre-
sos observada a partir de 1985. Para los mismos, además la distribución del ingreso de Chile es una de las más
desiguales del mundo5, lo que consideran inaceptable, y tiende, como se muestra en el gráfico Nº3, a hacerse
más desigual.





Antes de extraer las lecciones de la experiencia histórica, corresponde –aunque sólo sea en forma muy esque-
mática– referirse a los factores que determinan el crecimiento económico en general, para a la luz de ello inter-
pretar la evidencia.