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El actual estado de nuestra
economía ha suscitado, al menos,
tres visiones distintas sobre el mismo.
Como será
evidente, cada visión se fundamenta
en un conjunto de datos generalmente inobjetables,
pero parciales. Natural-
mente, las propuestas de política
económica relacionadas a cada una
de estas visiones tienden a ser diferentes.
¿Cuál es el aporte de una
visión histórica del desarrollo
de la economía chilena a la evaluación
de la actual situa-
ción y a su probable evolución
futura?.
Para algunos, Chile tiene una economía
emergente dinámica, alabada internacionalmente.
Para éstos, el país tiene
instituciones económicas que se
pueden comparar con aquellas de los países
desarrollados1 y niveles del PIB per
cápita y de desarrollo humano sólo
superados por los de Argentina en América
Latina2. Además, el país
ha logrado
reducir en las últimas décadas
en forma signifi cativa la pobreza, siendo
uno de los pocos países en desarrollo
que ha cumplido muy anticipadamente con
la meta del milenio propuesta al respecto
por Naciones Unidas. Final-
mente, la economía chilena es reconocida
por su excepcional manejo macro-económico,
incluyendo el de los equi-
librios fiscales, que se compara favorablemente
incluso con aquél de los países
desarrollados.
Para aquellos que comparten esta visión
favorable de la economía chilena,
no cabe esperar una tasa de crecimien-
to económico mayor que una del
5 por ciento anual, que corresponde aproximadamente
a la actual tasa de creci-
miento económico de tendencia.
Ella permite prever una rápida
convergencia de los niveles del PIB per
cápita chi-
leno a aquellos de los países más
desarrollados, como lo sugiere el gráfico
Nº1, y junto con ello, una razonable
velocidad de reducción de la pobreza
remanente.
No obstante, para la mayoría de
la opinión pública informada,
la situación dista de ser satisfactoria.
Ésta incluye
tanto a los que sostienen que es urgente
profundizar las reformas iniciadas en
1974, como también a los que
anhelan un cambio en el sistema económico.
Para ambos sub-grupos el actual ingreso
per cápita, que a penas
alcanza al 25 por ciento de aquél
de EE.UU., es bajo, además de encontrarse
creciendo –a pesar del entorno favo-
rable– a una tasa relativamente reducida.
Para el primero de los sub-grupos, los
indicadores de pobreza ofi ciales,
que se muestran en el gráfico Nº2,
subestiman sustancialmente la pobreza
existente4. Para el segundo sub-grupo,
la diferencia absoluta entre el PIB per
cápita chileno y el de EE.UU.,
medida en moneda de valor constante, ha
aumentado sostenidamente desde 1810, como
se muestra en el cuadro Nº1, a pesar
de la convergencia de ingre-
sos observada a partir de 1985. Para los
mismos, además la distribución
del ingreso de Chile es una de las más
desiguales del mundo5, lo que consideran
inaceptable, y tiende, como se muestra
en el gráfico Nº3, a hacerse
más desigual.
Antes de extraer las lecciones de la experiencia
histórica, corresponde –aunque
sólo sea en forma muy esque-
mática– referirse a los factores
que determinan el crecimiento económico
en general, para a la luz de ello inter-
pretar la evidencia.

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