|
¿Qué
sabemos conceptualmente sobre el crecimiento
económico?
Contablemente, el crecimiento económico
se explica por la acumulación de factores
de producción –capital y trabajo– y por
las ganancias de pro-
ductividad en el uso de los mismos. Las ganancias
de productividad, a su vez, son función
de la innovación tecnológica y
de las mejoras en la calidad
con que se asignan los insumos a sus diferentes
usos. En la práctica, para un país
dado en un momento histórico también
dado, los incentivos para
la acumulación de capital, para el mayor
esfuerzo de trabajo, para la innovación
tecnológica y para las mejoras en la
calidad de asignación de los
recursos, estarán determinados por las
instituciones existentes y su evolución
esperada. El crecimiento es por ello esencialmente
un asunto de
desarrollo institucional y de expectativas de
modificación de las mismas.
Las instituciones comprenden un concepto
amplio, incluyendo –entre otras cosas– la Constitución
política de un país, las leyes,
los reglamentos,
las políticas y las costumbres. Ellas
–y su evolución esperada– son el fruto
de la historia. Idealmente, en un mundo rápidamente
cambiante como el
actual, las instituciones deben adaptarse con
fl exibilidad a las nuevas condiciones. Pero
las instituciones también pueden cambiar
porque existe
insatisfacción con respecto al rol que
cumplen. En este caso, el cambio institucional
–si llega a afectar las bases mismas del sistema
existente–
puede generar incertidumbre entre los agentes
económicos, lo que disminuirá
el esfuerzo de trabajo, inversión e innovación.
En ese sentido, un país
en que existe consenso sobre las bases de la
institucionalidad –por ejemplo, sobre el sistema
económico– podrá estar constantemente
adaptando
su modelo a las nuevas circunstancias derivadas
del cambio tecnológico y del entorno,
sin generar mayor incertidumbre entre los agentes
econó-
micos. Esto sucede porque éstos pueden
predecir el sentido del cambio y lo considerarán
positivo. Buenos ejemplos de ello son las economías
desa-
rrolladas de occidente, especialmente la de
EE.UU.
Existirá consenso sobre un determinado
sistema económico –y por lo tanto la
posibilidad de cambio sin incertidumbre– si
la población percibe que el
mismo resuelve mejor que cualquier otro sus
problemas económicos. En la práctica
ello implica, en un país en desarrollo,
que el sistema debe gene-
rar relativamente altas tasas de crecimiento
y al mismo tiempo una distribución de
los frutos del crecimiento considerada equitativa
por la población.
Lecciones de la historia económica de
Chile
Convergencias y divergencia
Chile tiene una economía relativamente
“chica” –tanto por su escasa población
como por su PIB per cápita– cuyo nivel
de actividad se encuentra
directamente influenciado por la demanda internacional
de sus productos de exportación. Es por
eso, que una manera útil de evaluar el
éxito o fra-
caso del esfuerzo interno de crecimiento, es
comparando el nivel del PIB per cápita
de Chile, ya sea con aquél del resto
del mundo, con aquél de
cualquier agregado importante de países,
o con aquél de algún país
con una economía “grande”. En el gráfico
Nº1 se compara, para el período
1810-2005, el PIB per cápita de Chile
con aquél de los EE.UU. Sin embargo,
una evolución similar del indicador señalado
se podrá encontrar si la
comparación se hace con cualquier región
–incluyendo América Latina– o con el
resto del mundo como un todo.
Pues bien, lo que se observa en el gráfico
Nº1 es convergencia –del PIB per cápita
de Chile al PIB per cápita de los EE.UU.–
tanto durante el siglo
XIX, como a partir de 1985, y divergencia durante
gran parte del siglo XX, excepto los últimos
quince años. Es más, ambos períodos
de conver-
gencia –que podríamos denominar de economía
liberal y de economía social de mercado,
respectivamente– coincidieron con la existencia
de siste-
mas que presentaron apertura económica
y moderada intervención discrecional
del Estado8. En cambio el intervalo de divergencia
–aquél de susti-
tución forzada de importaciones– se destacó
por su creciente cierre al comercio y a los
flujos de capitales, como también por
la creciente interven-ción discrecional
del Estado. Este período culmina en 1973
con un sistema económico que se asemejó
mucho a aquél de las economías
centrali-zadas de Europa oriental en la misma
época.
La lectura de la información histórica
disponible es muy clara. Si los sistemas económicos
se caracterizan por sus políticas comerciales
y sus roles
del Estado, entonces Chile ha prosperado relativamente
cuando la economía ha sido de mercado,
abierta internacionalmente, y con un rol del
Estado
ya sea mínimo o subsidiario, en cambio
no lo ha hecho cuando la economía se
cerró relativamente al comercio internacional
y el Estado fue crecien-
temente intervencionista. De acuerdo al esquema
conceptual esbozado en la sección anterior,
el primer sistema generó los incentivos
necesarios
para un rápido crecimiento, en cambio
el segundo sistema no lo logró.
El papel de la “enfermedad holandesa” y de la
“cuestión social” en el tránsito
de un sistema virtuoso a uno que no lo fue
¿Cuáles fueron las principales
fuerzas económicas internas que contribuyeron
al cambio de sistema económico en Chile
a partir de fi nes del siglo
XIX? Cabe acá destacar a la “enfermedad
holandesa” y a la “cuestión social”,
ambas relacionadas con el salitre. También
infl uyeron (1) la ideología dominante
en los países desarrollados con respecto
al desarrollo económico de los países
del Tercer Mundo y/o emergentes, que le atribuía
un rol
clave al proteccionismo y a las “políticas
industriales” impulsadas desde el Estado, (2)
los confl ictos bélicos y las crisis
económico financieras, que
interrumpieron los fl ujos comerciales internacionales,
y (3) los sistemas económicos que se
venían adoptando en el extranjero, que
se caracteriza-
ban por su marcado carácter mercantilista.
Por un lado, con respecto a la enfermedad holandesa”,
la anexión de los territorios ricos en
caliche –a raíz de la Guerra del Pacífico–
tuvo como
consecuencia dicha enfermedad, lo que se puede
apreciar por el significativo cambio en la estructura
de producción, representada en el gráfico
Nº4.
Aumentó muy significativamente la actividad
minera y disminuyeron relativa y también
notoriamente, las producciones agrícola
e industrial. El
clamor por protección por parte de los
últimos sectores no se hizo esperar y
eventualmente rindió frutos, como se
puede apreciar en el gráfico Nº5,
en que se muestra la relación existente
entre la apertura comercial de Chile en comparación
con aquella de EE.UU., ambas medidas por la
razón
volumen de comercio a PIB.
Por el otro lado, después de la Guerra
del Pacífico, la migración de
la población agrícola hacia el
centro y el norte del país, atraída
por mayores remu-
neraciones en la minería y la industria
de apoyo a ella, hizo estallar la “cuestión
social” en Chile.
|