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Entre libros, imágenes religiosas y
hasta una manzana, una sencilla y abultada agenda
negra, rebosante de notas y
citas diarias llama la atención sobre
el escritorio de Cristián Larroulet Vignau
(54, casado con Isabel Philippi, 7
hijos), director del Instituto Libertad y Desarrollo.
Ante la mirada curiosa, la guarda –rápida
y sigilosamente– y en
ese simple gesto, parece reflejarse parte de
la personalidad y bajo perfi l de este graduado
de la Facultad de
Ciencias Económicas y Administrativas
de la Pontifi cia Universidad Católica
de Chile (1975) –recién elegido
Ingeniero Comercial del año por esta
casa de estudios– y master de la Universidad
de Chicago (1980).
Pero, no hay que equivocarse, pues cuando se
trata de defender los principios “de una sociedad
libre” su voz se
siente, sus contactos se despliegan y su infl
uencia se hace notar. No en vano, se le reconoce
como “un operador
político” en importantes ofensivas de
la centroderecha.
Es que lo suyo son las ideas. Por eso, su optimismo
por los acuerdos alcanzados con las principales
coaliciones en
materia de seguridad pública y educación.
Respecto a éste último, el que
dará al país una nueva Ley General
de
Educación, destaca: “se aclaró
que el lucro no se relaciona con la calidad
y que prohibirlo sólo desincentiva a
los
emprendedores restringiendo la libertad” en
esta vital área del desarrollo nacional.
Además, agrega que se permite que los
establecimientos continúen su labor en
base a un proyecto educativo, res-
pondiendo así a las necesidades de cada
familia y su entorno. Ello “implica que las
escuelas podrán tener procesos
de admisión –objetivos y transparentes–
para verifi car que exista una comunión
entre los valores de la familia y del
colegio escogido para la educación de
sus hijos”. También se pone límites
a la participación del Estado en los
esta-
blecimientos –“al separar el rol de la Superintendencia
y la Agencia de Calidad”– y se contemplan mecanismos
para dar más información a los
padres y cerrar los establecimientos de mala
calidad. Explica que para asegurar que
las políticas tengan una mirada de largo
plazo, los directivos de esas instancias se
elegirán a través del Sistema
de
Alta Dirección Pública en base
a su excelencia y con una duración más
allá del ciclo electoral, replicando
la expe-
riencia del Banco Central.
-¿A quiénes
le gustaría ver en esas instancias consultivas?
–Me encantaría ver a Patricia Matte,
Loreto Fontaine, Carolina Velasco (investigadora
de Libertad y Desarrollo),
Luz María Budge, Pedro Montt y José
Joaquín Brünner, entre otros.
-¿Qué
faltó en este acuerdo?
–Obviamente, tuvimos que transar en algunos
aspectos como la subvención, pues creemos
que se debe aumentar el
aporte por alumno y diferenciarlo de acuerdo
al costo de enseñar. También quedaron
otros temas pendientes como el
mejoramiento de la calidad docente, íntimamente
relacionado con el sistema de remuneraciones
y estímulos de
acuerdo a la calidad de los profesores. Aquí
logramos que la educación se valide con
políticas públicas de largo
plazo y los cambios a la actual institucionalidad
se hicieron con esa mirada.
“Este acuerdo en educación es un paso
importante en un camino que aún queda
por recorrer y que tiene obstáculos
por superar. En esta primera etapa se requieren
las leyes para implementarlo, que se creen las
instituciones y se
hagan los cambios”, asegura Larroulet, quien
muestra su preocupación porque ya aparecen
destacados parlamen-
tarios del PS y el PPD que han rechazado los
primeros textos legales que concretan el acuerdo.
Añade que la experiencia de trabajar
en un equipo liderado por Patricia Matte, por
parte de la Alianza, y con Pedro
Montt, encargado del área curricular
del Ministerio de Educación, por la contraparte,
fue una experiencia “muy vali-
osa, con proyección a largo plazo y un
ejemplo del rol alcanzado por la Alianza en
el último tiempo”.
-Ese rol, ¿Puede
expandirse a otras áreas del quehacer
nacional?
–Sí, porque están las ideas, la
madurez y la unidad para que la Alianza se maneje
cohesionada y con disciplina.
-Y... ¿Agruparse
al alero de un candidato común como Sebastián
Piñera?
–Sebastián sería un gran presidente.
Estoy convencido de que Chile necesita una alternancia
en el poder y que la
Alianza tiene los líderes, las ideas
y los equipos que el país necesita.
La responsabilidad de trabajar en el sector
público
Su pasión por la educación se
refl eja no sólo en sus publicaciones
y estudios al respecto: hizo ayudantías
desde
segundo año de su carrera y hace 17 años
viaja semanalmente a Concepción a dar
clases a la Universidad del
Desarrollo, de la cual es Decano desde 1992,
además de profesor de micro y macroeconomía
de esa casa de estu-
dios.
Proveniente de una familia de agricultores de
San Fernando y buen alumno no dudó en
postular a la Universidad
Católica al terminar el colegio.
-¿Qué lo motivó a ingresar
a la UC?
–Era la mejor universidad. Siempre dudé
entre estudiar Ingeniería Comercial o
Derecho. Entré a ésta última,
fui com-
pañero de curso del actual ministro del
Trabajo, Osvaldo Andrade, y jugamos juntos en
el equipo de basketball. Pero,
al mes me cambié a la Facultad y me gradué
con mención en Administración
de Empresas, la economía de post
grado la estudié en Chicago.
-¿Cuáles fueron los momentos más
marcadores de su vida universitaria?
–Fue una gran experiencia de vida. Me marcaron
mucho tanto la actividad académica de
excelencia como las ini-
ciativas sociales: nunca dejé de ir a
los trabajos de invierno y verano durante toda
la carrera. También fui ayudante,
dirigente y presidente de la Federación
de Estudiantes (FEUC). Fui miembro del Consejo
Superior. Nos tocó un perío-
do muy difícil de la vida nacional donde
los estudiantes de la Católica fuimos
líderes en defender principios funda-
mentales que estaban siendo vulnerados por el
gobierno de Allende. Recuerdo la marcha que
teníamos programada
los dirigentes de la FEUC –encabezada por sus
dirigentes– para el 11 de septiembre en la mañana
por el centro de
Santiago sabiendo el peligro que corríamos
en un ambiente muy violento previo al pronunciamiento
militar.
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