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Durante las últimas semanas los
medios especializados han dado cuenta
del temor de los mercados financieros
respecto a las posibles consecuencias
de la crisis financiera originada en el
mercado de hipotecas de alto riesgo
de los Estados Unidos. De allí
su identificación como la crisis
de las hipotecas subprime. Por otro lado,
los bancos
centrales de las principales economías
del mundo han debido dedicar sus mayores
esfuerzos para calmar los mer-
cados y suministrar la liquidez necesaria
para garantizar su buen funcionamiento,
en un contexto de tasas de
interés razonablemente bajas, de
modo que no se acentúe la mencionada
crisis.
La situación descrita se plantea
en un escenario especialmente inconveniente
para la política monetaria, puesto
que junto con la manifestación
de los efectos del problema financiero
mencionado, han comenzado a hacerse visi-
bles las presiones inflacionarias ocasionadas
por el alza en el precio internacional
del petróleo y también,
de diver-
sos alimentos. De este modo, pareciera
que el cuadro en el que predominaron las
presiones deflacionarias, gracias
a la fuerte inserción en la economía
internacional de las economías
de China, India y de los países
que formaron
anteriormente la Unión Soviética,
ha llegado a su término.
Así, mientras los problemas del
mercado fi nanciero harían recomendable
tasas de interés más bajas
para impedir
que se agudice la morosidad originada
en un exceso de crédito, por otro
lado, las presiones inflacionarias hacen
necesario un manejo monetario más
cauteloso, de modo de impedir que se produzca
un alza de las expectativas
inflacionarias.
Como corolario del escenario gruesamente
expuesto, los analistas se preguntan en
qué medida éste no puede
dar
origen a una recesión –o de estanflación–
en los Estados Unidos, o en otras economías
industrializadas. En defi-
nitiva, los ciclos económicos que
algunos economistas suponían eliminados,
por un adecuado fine tunning de la
política monetaria, en la realidad
gozan de buena salud, correspondiendo
ahora enfrentar la cara ingrata de éstos:
el ciclo adverso de actividad y empleo.
Para complicar más las cosas, la
inflación también da muestras
de vitalidad, lo que lleva a preguntarse
¿qué pasó
entonces con todos los progresos alcanzados
en el diseño de reglas óptimas
de estabilización? Si se siguieron
estas reglas, ¿por qué en
la actualidad se detectan signos de exceso
de crédito en muchas economías,
junto con
mayores presiones infl acionarias?
Un típico ciclo de dinero-crédito
No es sencillo establecer cuáles
han sido las causas de la crisis subprime,
sin embargo, parece razonable postular
que ésta no se habría podido
originar sin un suministro abundante de
liquidez por parte de los bancos centrales,
el
que produjo el aumento en la oferta de
crédito necesario para financiar
créditos de alto riesgo.
Adicionalmente, se ha señalado
–como una causa de esta crisis– la aparición
de complejos productos financieros,
los que han dificultado la evaluación
del riesgo de los créditos a partir
de los cuales estos se originan. Para
quie-
nes acentúan la responsabilidad
de este fenómeno de innovación
financiera en la gestación de la
“crisis subprime”,
la implicancia lógica es que debe
llevarse a cabo una supervisión
más estricta sobre los desarrollos
que se produz-
can en el mercado financiero, de modo
de evitar que estos se transformen en
una causa de inestabilidad en la eco-
nomía.
Parece prematuro responsabilizar al proceso
de innovación financiera como el
causante del mencionado episodio,
aun cuando es evidente que será
necesario un mayor análisis de
las características e implicancias
de losinstru-
mentos en los que este ha tomado forma.
Como se indicó, más allá
de este aspecto financiero, sin un suministro
abundante de liquidez por parte de la
Reserva Federal, no se habrían
dado las condiciones para sostener el
auge
del mercado hipotecario de los EE.UU.,
el que bien podría asociarse a
los problemas de exceso de crédito
e inver-
siones ineficientes que los economistas
clásicos visualizaron como rasgos
propios de los ciclos de actividad. La
pregunta entonces es por qué ello
ocurrió.
Una explicación posible –a mi juicio–
se encuentra en el esquema de “metas de
inflación”, que en mayor o menor
medida han adoptado los bancos centrales
de las economías industrializadas,
y también numerosas economías
emergentes, comola chilena.

Dinero y crédito
en un esquema de "metas de inflación"
El establecimiento de un esquema de “metas
de inflación” tiene, como principal
atractivo, el hecho de que enfoca
los esfuerzos del banco central sobre
un objetivo respecto al cual este sí
tiene una influencia efectiva, como es
la
inflación y no sobre otros, como
el empleo o el tipo de cambio real, respecto
a los cuáles la influencia de dicha
política es transitoria y su signo
poco claro. Sin embargo, los méritos
de este esquema se reducen en presencia
de importantes shocks reales.
En efecto, la verificación de un
aumento significativo en la oferta mundial
de bienes de consumo de bajo costo,
como consecuencia de la incorporación
de las economías de China, India
y otras al comercio mundial, provocó
un
importante shock deflacionario en un importante
número de economías. En
este contexto, los bancos centrales
sintieron que en tanto la meta inflacionaria
estaba siendo alcanzada con holgura, quedaba
espacio para sostener un
manejo monetario más expansivo,
lo que se tradujo en bajas tasas de interés
reales en numerosas economías,
durante la presente década. Sin
embargo, el problema de dicha estrategia
fue que alimentó un fuerte aumento
de la
oferta de crédito, y por lo tanto
de la deuda interna de las correspondientes
economías, situación que
en algún
momento debía aflorar, lo que finalmente
ocurrió.
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