|
A
lo anterior cabe añadir el fuerte
alza experimentada por la productividad
del comercio minorista –el retail–
gracias a la introducción de los
adelantos asociados a la tecnología
de información en general y el
internet en
particular. Todo ello se tradujo, en un
importante número de países,
en una mayor competencia en el sector
y
menores precios al consumidor.
Si bien es difícil anticipar cuál
será la dinámica del cambio
técnico en este sector, parece
razonable suponer
que mucho de lo que ha ocurrido han sido
innovaciones del tipo que en economía
se denominan como “por una
vez”.
La combinación de los efectos de
la apertura al comercio internacional
del grupo de economías mencionadas
con el impacto de la “nueva economía”
en el sector comercio, dieron origen a
mayores espacios de acción a los
bancos centrales, bajo un esquema de metas
de infl ación. Para algunos analistas
el escenario de fuerte creci-
miento de la economía mundial de
la primera mitad de la presente década,
en un contexto de baja inflación
–más bien de extendidas presiones
deflacionarias– y un fuerte crecimiento
de la liquidez mundial, caracterizaba
el “fin de la inflación”. Al final,
el desafío de la política
monetaria –en el contexto del marco analítico
que se
fue configurando en la última década,
y que se asocia con la “nueva síntesis
keynesiana”– era administrar la
tasa de interés de política
monetaria (TPM) de acuerdo con las desviaciones
que observe la inflación respecto
a su nivel objetivo y el nivel estimado
para la brecha del producto. En esta perspectiva,
de poco interés son los
movimientos del dinero y el crédito,
dado el supuesto de inestabilidad de la
demanda monetaria.
Aun cuando es compleja la definición
del papel que corresponde a los agregados
monetarios en el diseño de
política monetaria en el contexto
actual de numerosos países, incluyendo
a Chile, parece poco razonable
suponer que estos deban ser desestimados.
Más aun, al revisar la clásica
“Historia Monetaria” de Friedman y
Schwartz, queda claro que en ninguna parte
de la teoría monetaria del ingreso
nominal se postula que el ajuste
de los precios a cambios sustantivos en
la liquidez de la economía deba
ser rápido. La idea, más
bien, es que
este traslado a precios depende del contexto
dentro del cuál se desenvuelve
la política monetaria. Así,
en
economías de prolongada tradición
inflacionaria y mercados fi nancieros
poco desarrollados, como la chilena
hasta fines de los 70, era razonable esperar
una rápida respuesta de la inflación
frente a cambios en el ritmo
de crecimiento del dinero. Lo contrario
ocurre en contextos donde los bancos centrales
han conquistado la
credibilidad del público por los
logros alcanzados en el control de la
inflación, y donde además,
se producen
importantes shocks reales, que perturban
la relación entre el dinero y el
ingreso nominal. Sin embargo, en esta
coyuntura se hace particularmente arriesgado
desestimar la evolución del dinero
y el crédito, puesto que no
sólo se arriesga a un problema
de sobreendeudamiento, sino que además,
cuando los shocks de oferta se
reviertan, se presionará al alza
las expectativas de inflación,
y con ello la necesidad de revisar al
alza las
tasas de interés, aflorando entonces
el problema de endeudamiento que se gestó
en el ciclo favorable.
Así, tras el alza del precio internacional
de los alimentos y el fuerte incremento
en el precio internacional del
petróleo, la Reserva Federal inició
–al igual que otros bancos centrales,
como el chileno– un proceso de
corrección al alza de laTPM, lo
que en los EE.UU. detonó la mencionada
crisis subprime.
En el caso chileno no se observan signos
de un problema financiero de las características
de la crisis hipo-
tecaria de los EE.UU. No obstante, parece
evidente que el crédito financiero
a las personas ha subido fuerte-
mente en la presente década, al
que cabe añadir las deudas que
estas mantienen con las casas comerciales,
usualmente a tasas sustancialmente mayores.
Así, es posible que la situación
de deuda de las personas se
configure como una restricción
a considerar en el diseño de la
política monetaria en los próximos
trimestres.
Sin embargo, es necesario reconocer que
el alto ahorro que ha logrado sostener
el gobierno, aprovechando el
período de bonanza de términos
de intercambio, ha facilitado la mantención
de tasas de interés relativamente
bajas. En esta perspectiva, un manejo
fiscal más expansivo haría
sustancialmente más complejo el
manejo de
la política monetaria.
No obstante, el fuerte incremento que
ha experimentado la inflación en
los últimos meses, que lleva a
proyectar
tasas cercanas a 7,5% para el presente
año, advierten de la presencia
de la amenaza de un retroceso en el
control de la misma. Si bien es cierto
que este aumento en la inflación
ha sido detonado por factores reales,
como un mayor costo de la energía
y el aumento en el precio de los alimentos,
no se puede soslayar el hecho
que la abundante liquidez ha permitido
trasladar a mayores precios lo que en
otro contexto debiera ser esen-
cialmente un ajuste de precios relativos.
Por otro lado, la evidencia muestra que
en escenarios de exceso de
liquidez, esta detona un alza de precios
una vez que se produce un shock de oferta
que precipita el proceso de
ajuste monetario y la revisión
de las expectativas inflacionarias, como
ocurrió en los EE.UU. tras el primer
shock petrolero, de comienzos de los 70.
Es indudable que quedan muchas preguntas
abiertas en el campo de la teoría
y política monetaria, las que los
economistas deberán analizar en
los próximos años. Una de
las más importantes se refiere
al papel que deben
tener los agregados monetarios y el crédito
en dicha política. No obstante,
a pesar de las dudas y preguntas
que surgen de la práctica y la
investigación académica,
los antecedentes que aporta la reciente
crisis subprime
confirma la vigencia de las dos enseñanzas
fundamentales que emergen de la “Historia
Monetaria” de Friedman
y Schwartz:
i) Por un lado, aquella que advierte acerca
de la importancia de que los bancos centrales
cautelen por un sumi-
nistro estable de liquidez a la economía
y por el buen funcionamiento de la cadena
de pagos; y
ii) que si bien los movimientos del dinero
y el crédito puede que no ocasionen
efectos rápidos en el ingreso no-
minal, su alejamiento de la tasa a la
que crecen sus “fundamentos”, normalmente
anticipa problemas macroeco-
nómicos.
|