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Instituciones y Desarrollo de Largo Plazo
Mi segunda área de investigación se relaciona con el impacto de las instituciones económicas y políticas en el desarrollo de largo plazo
de los países. La idea es que estas reglas del juego afectan los incentivos de los agentes y de ese modo pueden afectar el desarrollo de
largo plazo. Más aún, una serie de trabajos recientes indican que el origen de las instituciones se encuentra en procesos históricos que
tienen fuerte inercia. La economía de la inercia es que una vez que se crea una institución hay ganadores y perdedores. El cambio
institucional va a depender de cuán grandes son las ganancias y pérdidas de los diferentes grupos, el tamaño de cada grupo y cuán
capaces son de resolver problemas de acción colectiva. Así una “mala” institución –o sea que no promueve el desarrollo– puede
permanecer en el tiempo porque los ganadores de esa política son pocos y están organizados, mientras que los perdedores son muchos
y muy difíciles de organizar. En ese contexto, instituciones que se instauran en el pasado tienden a mantenerse en el tiempo.
Esta idea la tomo para estudiar las diferencias en medidas de capital humano en el contexto de una muestra amplia de antiguas colonias
en Gallego (2006b) y Gallego y Woodberry (2008). En ambos trabajos estudio cómo ciertas características presentes al comienzo del
período colonial se traspasan al presente y explican al menos parte de la amplia varianza en la existencia de capital humano en diferentes
países. En Gallego (2006b) muestro que condiciones que enfrentaron los colonizadores (tanto españoles, como británicos, franceses,
portugueses y holandeses) afectan fuertemente la disponibilidad de capital humano actual. En concreto, tomando ideas de los trabajos
de Acemoglu, Jonhson y Robinson (2001 y 2002) expongo que si los colonizadores llegaron a lugares donde era más rentable establecer
instituciones extractivas que básicamente se preocupaban de extraer recursos naturales o humanos disponibles, no tenía sentido establecer
instituciones políticas inclusivas ni sólidas ni tampoco establecer colegios para educar a los nativos o a los colonizadores. Ejemplos de este
tipo de colonias son México, parte importante del Caribe, Perú y Bolivia en América. En cambio, cuando los colonizadores llegaban a lugares
con pocos recursos humanos o naturales, los colonizadores tendían a establecer instituciones más sólidas que respaldaran los derechos
de los habitantes y se establecían colegios y otras instancias que permitieran aumentar el capital humano y poder aprovechar los recursos
escasos. Este puede ser el caso de Estados Unidos, Chile y parte de Argentina.
Acemoglu et al. (2001 y 2002) presentan evidencia para el desarrollo institucional y su efecto en el desarrollo de largo plazo en una
muestra de colonias. En Gallego (2006b) muestro que buena parte de las diferencias en capital humano se pueden explicar con una
lógica similar. Más aún, la dimensión institucional que parece clave se relaciona con la existencia de descentralización política, esto es
que países con gobiernos locales más fuertes tienden a tener más capital humano, especialmente avanzado. Justamente esta mayor
descentralización también depende de factores históricos y es así el canal que parece explicar el efecto de la historia en el desarrollo del
capital humano.
También muestro que países con mayor descentralización política son países que tienden a tener sistemas escolares más descentralizados,
tanto en términos de la gestión como delfinanciamiento y que esta existencia de mayor flexibilidad educativa a nivel local se traduce en
mayor capital humano.
En mi trabajo junto a Robert Woodberry estudiamos un aspecto institucional específico de las colonias usando tanto datos para cerca de
70 países, como datos para más de 150 regiones de África. En las colonias, parte importante de la responsabilidad de educar recayó en
misioneros cristianos, tanto católicos como protestantes. Diferentes colonias tuvieron distintas políticas frente a estos misioneros.
En algunas se siguió una política neutral frente a protestantes y católicos (por ejemplo en las colonias británicas, holandesas, alemanas
y la mayor parte de las colonias francesas desde fines el siglo XIX), mientras que en otras colonias se favoreció abiertamente a los
prisioneros católicos, poniendo altas barreras de entrada y restricciones fuertes la operación de protestantes.
La teoría económica sugiere que estas diferentes regulaciones (o sea reglas del juego y por tanto instituciones) debiesen haber tenido
un efecto en la productividad de los misioneros en términos de producción de educación. Usando datos históricos y contemporáneos
encontramos apoyo a esta idea, los misioneros católicos fueron mucho más productivos en colonias donde tenían que competir activamente
con los protestantes para tener alumnos en sus colegios. De hecho en colonias con políticas neutrales la productividad de misioneros
católicos y protestantes no parece ser estadísticamente diferente. En cambio, en las colonias en que había protecciones a favor de los
misioneros católicos, eran mucho más productivos los misioneros protestantes que los católicos, como sugiere la predicción económica.
¿Por qué? Porque los misioneros católicos estaban protegidos al menos parcialmente de la competencia. Finalmente, volviendo a la
pregunta del efecto de factores históricos en el desarrollo económico, en Bruhn y Gallego (2008) extendemos la lógica de los trabajos de
Acemoglu et al. (2001 y 2002) y mostramos que los factores históricos también pueden explicar diferencias de desarrollo dentro de los
países, o sea identificar por qué hay regiones más ricas que otras dentro del mismo país. Nosotros documentamos que, considerando
16 países de América, las diferencias en el PIB per cápita dentro de los países son en promedio casi tan altas como las que hay
entre países.
Pensemos simplemente en las diferencias entre Santa Cruz de la Sierra y La Paz en Bolivia, o entre algunos estados del sur de Estados
Unidos y el estado de Nueva York.
Luego documentamos que una parte no trivial de estas diferencias se explica por las condiciones que enfrentaron los colonizadores al
colindar estas áreas.
En algunas se encontraron con muchos recursos humanos posibles de explotar o con posibilidades de extraer recursos naturales de
modo simple, mientras que en otras tuvieron que construir de la nada sociedades que requerían buenas instituciones. Los datos que
utilizamos apoyan fuertemente esta presunción teórica.
Zonas donde la densidad poblacional aborigen es alta tienden a tener menores PIB per cápita hoy y mayores tasas de pobreza.
Nosotros también mostramos que estas diferencias de hecho no existían antes de la llegada de los colonizadores. Más bien sucedía lo
contrario: regiones con mayor densidad poblacional eran más ricas (para medir esto obviamente no tenemos medidas de PIB, pero sí
tenemos medidas de las condiciones de salud de las personas derivadas de estudios arqueológicos y con ellos podemos estimar la
esperanza de vida). Por tanto, se produce una reversión de la fortuna, ya documentada a nivel de países en Acemoglu et al., (2002).
Este resultado tiene la implicancia política que en desarrollo la suerte casi nunca está determinada completamente y es
perfectamente posible que países que son desarrollados entren en dinámicas institucionales que más bien los empobrezcan y minen
las posibilidades de desarrollo en el futuro.
Conclusiones
En fin, estas pequeñas contribuciones de investigación en desarrollo económico tratan de aplicar modelos económicos simples a
espacios de interacción social que no se perciben habitualmente como el campo de acción de los economistas, siguiendo una larga
tradición comenzada, entre otros, por Gary Becker.
Los resultados que he presentado parecen revelar que la economía puede aportar a entender al menos en parte estos fenómenos, al
clarificar el rol que juegan los incentivos y presentar apoyo empírico a la importancia de los incentivos. Lo más relevante de esta
investigación es su carácter empírico: no sólo se plantean teorías sino que fundamentalmente se estudia si las hipótesis teóricas
tienen apoyo en la realidad.
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