El pensamiento convencional indica que mientras mayor la cantidad de emprendedores, mayor es
también la cantidad de nuevas empresas, mayor los niveles de empleo, mayor el nivel de competencia
y mayores los niveles de productividad mediante la incorporación de nuevas tecnologías. Por ende,
mientras mayor la cantidad de emprendedores, mayor crecimiento económico.
La realidad es un poco más compleja. El término emprendimiento tiende a ser una palabra con un
amplio espectro de enunciación. Si incluimos en la definición convencional al auto empleo informal
que normalmente se traduce en la formación de las llamadas ‘micro empresas’, la natural tendencia
sería a focalizar la falta de crecimiento económico en reducir las barreras para la creación de todo
tipo de empresas, o en crear nuevas oportunidades de cualquier tipo de empleo para desarrollar la
economía.
Estudios han demostrado que se deben distinguir entre dos grandes tipos de emprendimiento que
influyen en el crecimiento económico. El emprendimiento por “necesidad” que se inicia simplemente
porque el fundador no tiene otra opción de sobrevivencia económica es diferente del emprendimiento
“por oportunidad”, en donde el fundador hace una elección proactiva por articular y desarrollar un negocio
pensando en satisfacer un segmento de mercado que tiene una necesidad.
Se ha concluido que los emprendimientos “por necesidad” no tienen efecto en el desarrollo económico,
mientras que el segundo tipo de emprendimiento, también conocido como prometedor, sí lo tiene y en
forma significativa.
En esta época de crisis y desafíos globales para el sistema financiero mundial y para nuestra economía,
¿será necesario que las escuelas de administración o negocios hagan un mayor énfasis en la enseñanza
del emprendimiento? Lo importante está en enseñar a crear empresas prometedoras, las cuales son
capaces de contribuir significativamente al desarrollo de las economías. Esto no es fácil de hacer, ya que
lamentablemente, la gran mayoría de las empresas que nacen, se inician pequeñas y permanecen pequeñas.
Son rentables para pagar un sueldo al fundador –y en algunos casos también a su familia– pero no tienen
potencial para superar su desventaja de escala inicial, motivo por el cual deben crecer. Para una empresa
naciente, el crecimiento es un requisito para avanzar y ser competitivas con las empresas de mediano o
gran tamaño.
Los negocios iniciados “por necesidad”, también llamados marginales, les cuesta mucho superar esta
etapa, y tal como se indicó anteriormente, no contribuyen al desarrollo de la economía. Debido a diversas
causas no logran interesar a un socio o conseguir crédito bancario suficiente para expandirse. Dado que
su única fuente para financiar el crecimiento está en la capacidad para generar mayores ingresos y utilidades
retenidas, sin cambios en su estructura de capital, este tipo de empresas están condicionadas a crecer a
las tasas impuestas por la rentabilidad que producen, lo cual puede ser muy lento para la desventaja natural
de tamaño que enfrentan. Por ende se exponen al riesgo de quebrar por amenaza de competidores de mayor
tamaño y a la debilidad de un fundador que no logra compensar su costo alternativo. Por ello, los ciclos de
vida de estas compañías son cortos, nacen y mueren.
A lo anterior, se debe agregar que en Chile la creación de nuevas empresas no ha mejorado. En efecto,
estudios indican que en la segunda mitad de los noventa, la tasa de creación de empresas ha disminuido
desde un 17% en 1996 a un 11% en 2001, lo cual se explica esencialmente por la caída en el segmento de
micro y pequeñas empresas. Este último es el 91% del total de empresas en Chile y lamentablemente son
muy pocas las compañías que evolucionan ascendentemente en el tiempo, lo cual afecta las tasas de
sobrevivencia. Las razones más comunes de ello están ligadas a la falta de escala, el bajo crecimiento, el
propio desarrollo de las industrias en las cuales participan y en la falta de financiamiento, entre otros.
Podemos afirmar que Chile está plagado de empresas marginales y ese es precisamente el motivo por el
cual la enseñanza del emprendimiento debe centrarse en esta particular realidad. Igualmente, mirando los
años que vienen en entornos de menor crecimiento económico, vale la pena preguntarse entonces, qué
características relevantes o mejores prácticas, poseen las empresas prometedoras en nuestro país y que
sean susceptibles de traspasar a través de la enseñanza de la gestión de empresas.
Se ha hablado mucho respecto de la importancia de la innovación e incorporación de nuevas tecnologías
en emprendimiento y por ende, en el desarrollo económico. Estudios demuestran que la innovación como
clave para sostener ventajas competitivas está íntimamente ligada al tipo de industria5. En efecto, en
algunas industrias hay patrones de “destrucción creativa” en las cuales las nuevas empresas innovadoras
desplazan a las ya existentes, mientras que en otras se siguen patrones de “acumulación creativa” en donde
las empresas establecidas lideran innovaciones como forma de imponer barreras competitivas que las
protegen de nuevos entrantes.
En América Latina la innovación es más importante en sectores intensivos en conocimiento, tales como
software, internet y telecomunicaciones, que en industrias ligadas a la manufactura tradicional como alimentos,
calzado, textil, muebles o productos metalúrgicos.
Una de las características de las empresas prometedoras en Chile –también llamadas dinámicas por
su capacidad de crecer y evolucionar rápidamente de ‘micro’ a la categoría de ‘PYME’– es su condición de
servir mercados distintos a los del territorio nacional; su estrategia está basada en la exportación de sus
bienes o productos. Aunque algunas empresas están pensando en hacerlo, la mayoría de las empresas
prometedoras de Chile (63%) no exporta, a pesar de que esta condición es fundamental para su dinamismo.
Este mismo estudio indica que las compañías chilenas con potencialidades prometedoras articularon
proactivamente su oportunidad ofreciendo productos y/o servicios que se diferencian por su mayor calidad,
diseño o porque aportan un carácter innovador a sus clientes, en donde las funciones de comercialización,
marketing, investigación y desarrollo, y diseño, son fundamentales9. Entonces la enseñanza del
emprendimiento debe abordar el aprendizaje para crear empresas prometedoras, debiendo hacer un especial
énfasis en el desarrollo de estrategias de exportación y diferenciación, todo lo cual resulta fundamental para la
sobrevivencia y por ende, para el aporte al desarrollo económico.

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