La recesión era un hecho reconocido oficialmente en Estados Unidos. Esta se inició en
diciembre de 2007, lo que significa que esa nación está sufriendo la contracción más
prolongada en 25 años. Para muchos el anuncio no fue novedad. Por si fuera poco, en
un pesimista diagnóstico, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, reconocía
señales de que el bajón se está profundizando, mientras enfatizaba las debilidades
de los mercados, las finanzas familiares y las exportaciones. Días antes, el presidente
electo, Barack Obama, aseguraba que su país está metido en una crisis económica de
“proporciones históricas” y que “no hay un minuto que perder”. Por ello, anunció un plan
de inversión pública que podría superar los US$500 mil millones.
Como una epidemia, los signos de contagio también eran evidentes en distintas partes
del mundo. En países de Europa como Reino Unido, España e Italia se presentaron durante
noviembre medidas adicionales de estímulo para reactivar sus alicaídas economías; y
los primeros días de diciembre la Canciller Angela Merkel hizo un enérgico llamado a la
moderación del gasto en Alemania.
Entre las economías emergentes, lo signos de deterioro empezaban a ser notorios. Es el
caso de China que, pese a sus esfuerzos con severas medidas cambiarias, mostraba un
debilitamiento reflejado en el cierre de fábricas y despido de trabajadores por la disminución
de la demanda externa y una baja en las inversiones. Los bancos centrales de todo el mundo
redoblan sus esfuerzos ante la crisis y en Chile su titular, José de Gregorio anticipaba rebaja
de tasas de interés. “Es probable que en los próximos meses la política monetaria agregue
un impulso a la economía, dependiendo de cómo siga la inflación”, adelantó el presidente del
instituto emisor.
Al devenir de los vaivenes de la bolsa, con el precio de los commodities bajando, un plan de
inversión pública en Estados Unidos que podría superar los US$500 mil millones y anuncios
de “salvavidas” como el del Citigroup y -guardando las proporciones, el de los salmones a nivel
local- el ánimo reinante podría describirse como expectante a preocupado. Pese a ello, autoridades
y líderes de opinión llamaban a “generar confianzas” y el Ministro de Hacienda, Andrés Velasco,
aseguraba que el país está bien preparado para enfrentar la crisis mundial.
Mientras, desde el sector privado se destacaba el manejo de las autoridades nacionales –sobre
todo por el ajuste vía tipo de cambio- la unidad de estudios de The Economist señala en un reciente
informe que “el panorama para la economía de Chile se ha deteriorado de modo notable”; y, junto con
destacar la solidez del sistema financiero, pronosticó un PIB de 1% para 2009.
Entre los empresarios, el recorte del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y una mayor flexibilidad
laboral ganaban cada vez más adeptos; pero, se solicitaba que el despido sea “el último recurso” a
la hora de enfrentar la coyuntura y que ojalá fluyera el diálogo entre trabajadores y ejecutivos.
Asimismo, se proponían reformas para aumentar la liquidez de las empresas, como la revisión de
los Pagos Provisionales Mensuales (PPM) y la eliminación de los impuestos para reinvertir utilidades
de las compañías. También se abogaba por moderar la expansión de gasto público, bajar las
indemnizaciones y favorecer los seguros de desempleo. Estos y otros interesantes temas fueron
parte de los planteamientos de los líderes empresariales y académicos reunidos en el seminario
“Pensando Chile: propuestas y desafíos en tiempos de crisis”, organizado por El Mercurio,
Banco Santander y la Pontificia Universidad Católica de Chile. A continuación, un resumen
de sus propuestas.
GUILLERMO MONDINO, ECONOMISTA DE BARCLAYS CAPITAL:
LOS EFECTOS DEL FRENAZO O "SUDDEN STOP" EN LOS MERCADOS EMERGENTES
Podría decirse que ha estado “en el ojo del huracán” y como economista argentino que vive en Nueva
York su mirada certera también tiene mucho de cercanía. Ex jefe de investigación de mercados
emergentes de Lehman Brothers y actual economista de Barclays Capital, Guillermo Mondino, ha
palpado de cerca los efectos de la debacle financiera que tiene al mundo desarrollado en recesión y
ya está afectando a América Latina. Aunque, ésta región –a su juicio– está mejor preparada para
enfrentarla que en circunstancias anteriores tanto respecto a si misma, como en relación a otras zonas
del mundo, como Europa del Este.
Al iniciar su presentación destacó –refiriéndose especialmente a José de Gregorio, presidente del Banco
Central– la calidad de los “formuladores de políticas” chilenos, los cuales ayudan a estabilizar y navegar
en las aguas turbulentas de la economía actual.
Para entender las repercusiones de esta crisis, Mondino aludió al “suden stop” –basado en el trabajo de
Urdí Dormbusch y Rodrigo Valdés– proceso que alude al frenazo de la actividad y provoca fuertes ajustes,
similar a lo que sucede cuando un auto disminuye bruscamente su velocidad causando un gran perjuicio.
“Percibimos que en los mercados emergentes hay un “sudden stop” que ha dejado de ser incipiente para
pasar a ser real en las últimas semanas y las consecuencias en esta región serán importantes”, precisó.
Ello se refleja en las modificaciones aceleradas en la arquitectura fi nanciera internacional; los problemas
en los vecinos (Argentina); la rauda caída en el precio de los commodities; y la baja en el petróleo que
implica el posible fin de la “diplomacia chavista”.
Para Mondino, el mundo se dirige hacia un 2009 con un crecimiento muy bajo y probablemente cercano a
cero para los grandes países; con crecimiento negativo en el cuarto trimestre de este año y el primero del
año entrante; y se debate si, potencialmente, la economía comenzará a recuperarse en el 3° o 4° trimestre
del próximo año o se mantendrá muy “planchada” producto de esta crisis financiera global.
“Lo cierto es que el colapso del crecimiento puede ser muy importante (…) Las perspectivas son de una
economía que ha entrado en una recesión franca y brusca ”, agregó. Durante 2009, caerá la actividad en
Europa y Estados Unidos -los pronósticos van entre -1 a -4%-, mientras Japón se estancará. “El mundo
desarrollado claramente está en recesión y contracción en el nivel de actividad”.
En todo caso, estimó que las recesiones en Estados Unidos tienen rápida recuperación, gracias a la
flexibilidad de su sistema y que con la elección de Barack Obama la política económica será más expansiva,
con tasas de interés más relajadas y una gestión orientada a la reconstrucción. En cuanto a qué sucederá con
China, indicó que es “un signo de interrogación”.
En el caso de los países emergentes, Mondino señaló que luego de un peak a finales del primer trimestre de
2008, los ingresos de capitales comenzaron a decrecer a niveles equivalentes al 16% de los activos de los
fondos de administración. “Las caídas continuarán y los fondos se han ido preparando para la salida de
depositantes”.
La salida de capitales tiene un impacto muy importante en el valor de los activos, ya que cuando sale dinero
del fondo de acciones, fuerza a éste a vender activos con la consiguiente caída en los bonos de los países
emergentes.
“La aversión al riesgo continuará”
Según el especialista, el impacto en la magnitud “es la mayor contracción de los últimos años. Este es uno de
los frenazos más importantes, magnitud similar al del 98, luego de la crisis rusa o de la crisis mexicana del 95”.
Explicó que la caída de las acciones de los países emergentes ha sido más fuerte que la de las acciones en
Estados Unidos (54% versus 34%). Ello ha provocado un alza notable en los costos de los créditos (por una
“explosión de spreads”), con el respectivo impacto en el riesgo de economías como Ecuador, Argentina y
Venezuela.
Asimismo, hoy ningún país emergente puede emitir deuda “y los mercados de capitales internacionales están
cerrados para cualquier jugador. Este fenómeno no terminará rápidamente y la aversión al riesgo continuará”.
Lo anterior ha sido una sorpresa para muchos analistas, porque a comienzos de año se pensaba que los países
emergentes se marginarían de la crisis y la toma de riesgo fue más marcada.
“Pero el tiro salió por la culata, obligó a revisar posiciones y liquidar fondos en septiembre pasado”, recordó
Mondino.
Respecto a las consecuencias para América Latina –con los mercados cerrados y el costo del crédito altísmo-
el economista de Barclays Capital explicó:
-Según los estudios, hay 4 factores relevantes para ver el crecimiento de América Latina: el crecimiento del
mundo desarrollado, el precio de los commodities, el crecimiento de largo plazo y el nivel de spread de los
mercados globales.
Durante los últimos cuatro años estos cuatro factores estuvieron alineados para generar el mejor estado para
los países emergentes de toda la historia. En el último año y particularmente en los últimos meses, tres de esos
cuatro factores –el precio de los commodities todavía no ha bajado tanto- se volcaron en contra de los emergentes
con conclusiones preocupantes para la región.
No obstante lo anterior, América Latina tiene una robustez macroeconómica notable para enfrentar la crisis en
relación con otros periodos históricos y otras zonas emergentes en el mundo, como por ejemplo Europa del Este.
A ello también contribuye el hecho que los bancos se hayan financiado domésticamente y no hay déficits
importantes de cuenta corriente.
En resumen, hay muchas reservas y pequeñas deudas lo que tenderá a mitigar el impacto del shock externo,
por lo que el impacto en el PIB regional sería de entre ocho a diez puntos en cinco años y, aunque es significativo,
“es la mitad de lo grave que podría haber sido, por lo que la crisis será menor de la de los 90”.
Guillermo Mondino también destacó la acción preventiva del sistema internacional “creando líneas y mecanismos
de respuesta con anticipación (…) Hubo una respuesta coordinada del FED y del FMI para crear una red de
contención para el mundo emergente una vez que la crisis comenzaba a trasladarse hacia acá para suavizar
ese impacto”.
Antes de finalizar su exposición, el economista se refirió a Argentina como “un país donde somos muy particulares,
raros y únicos” y anticipó que el traspaso de los recursos privados de los fondos de pensiones al sector público
tendrá un “impacto devastador” sobre el mercado de capitales y ha generado “una catarata de fenómenos
no previstos”.

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