Introducción
El agro chileno es ineficiente: a esa conclusión han llegado varios estudios recientes (e.g., Boston
Consulting Group, 2007; Melo y Rebolledo, 2008). Según dichos estudios, la productividad de
nuestros trabajadores agrícolas es hasta un 92% menor que la de los trabajadores de países
benchmark —Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, entre otros.
Cerrar la brecha de productividad es hoy una prioridad en la agenda del sector agrícola. En particular,
existe acuerdo en la urgencia de suplir un supuesto déficit de capital humano de nuestros trabaja-
dores. Según cálculos de Boston Consulting Group, el costo de suplir ese déficit ascendería a 10,5
millones de dólares (como mínimo) en formación y certificación de capital humano(1).
Luego de analizar los mismos datos analizados en estudios previos, nosotros hemos llegado
a la conclusión opuesta(2). El agro chileno es relativamente eficiente: su productividad es a lo
sumo 20% menor que la de EE.UU., el país con la mayor producción agrícola por trabajador
(medida en dólares). Para calcular la productividad usamos dos metodologías distintas: cálculo
de índices de Malmquist (Caves et al., 1982), y análisis envolverte de datos (Charnes et al.)
(Explicaremos ambas metodologías más adelante.)
Nuestros resultados exigen reevaluar la rentabilidad de la inversión pública en el capital humano
de los trabajadores agrícolas. Es probable que gran parte de la (pequeña) brecha de productividad
se deba a variables distintas al capital humano, como son el clima o la fertilidad de la tierra. Si eso
es así, invertir en capacitación sería un desperdicio.
La discrepancia entre nuestros resultados y los de estudios previos es conceptual: en lugar de medir
productividad, dichos estudios miden producto medio, esto es, la cantidad producida por cada trabajador
(medida en dólares). La productividad, que es lo que en realidad importa, es un multiplicador que indica
cuánto valor genera cada trabajador dada su dotación de recursos: tierra, capital físico (tractores,
cosechadoras y otra maquinaria) e insumos agrícolas (fertilizantes, plaguicidas, etc.). Dos trabajadores
igualmente productivos pueden tener productos medios muy distintos si sus dotaciones de recursos
son diferentes.
La primera columna de la Tabla 1 muestra el producto medio del año 2006 en Chile y en países
benchmark. Estos países suelen ser considerados benchmark porque producen especies similares a
las que produce Chile, y porque son en apariencia más productivos que Chile. Hemos normalizado las
cifras de modo que el producto medio de EE.UU sea uno. De acuerdo con la tabla, el producto medio de
Chile es 0,08, es decir, un 92% menor que el de EE.UU. Comparado con el promedio de los países
benchmark, el producto medio de Chile es 90% menor: 1 − 0,08/0,37 = 0,78. Desde la perspectiva
del producto medio, la “ineficiencia” de los trabajadores agrícolas chilenos parece abismante.
Observe ahora las columna 2 a 4 de la Tabla 1. Dichas columnas muestran la dotación de tierra, capital,
e insumos agrícolas por trabajador (nuevamente hemos normalizado las cifras para que sean 1 en el
caso de EE.UU.). Cada trabajador agrícola estadounidense cuenta con 11 veces más tierra, 33 veces
más capital, y ocupa 20 veces más insumos que un trabajador chileno. Cuando se toma en cuenta tal
disparidad de recursos, las diferencias de producto medio entre Chile y EE.UU dejan de sorprender. La
sorpresa también desaparece al comparar Chile con otros países benchmark, tales como Australia o
Nueva Zelanda.
Las columnas 5 y 6 de la tabla muestran medidas de la productividad agrícola de Chile y de sus países
benchmark. Cada columna corresponde a una métrica distinta. La primera métrica es el índice de
Malmquist: la razón entre la productividad total de factores de un país y la productividad total de factores
de EE.UU.. Según el índice de Malmquist, el agro chileno es un 20% menos productivo que el agro
estadounidense, y 26% menos productivo que el promedio de los países benchmark (1− 0,80/1,08 = 0,26).
La segunda métrica es el índice de eficiencia técnica, el que surge del análisis envolvente de datos.
Este índice nos indica que el agro chileno es un 16% menos productivo que el agro estadounidense,
y un 11% menos productivos que el promedio de los países benchmark (ya que 1− 0,84/0,94 = 0,11).

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