El paralelo entre la competencia económica y el modelo de selección natural es de larga data. Friedman (1953) lo utiliza específicamente
para justificar la hipótesis de la maximización de la utilidad por parte de la firma. Por supuesto, la competencia entre grupos requiere ser
regulada para que este proceso no asemeje las guerras tribales de nuestros antepasados que se traducían, entre otras cosas, en que uno
de cada cuatro cazadores recolectores moría a manos de otro cazador- recolector (el desarrollo de las instituciones ha permitido mitigar
los efectos nocivos del conflicto entre grupos a tal punto que en sociedades modernas como las escandinavas es más probable morir como
resultado de una acción suicida que de una agresión por parte de otro individuo). El rol de las instituciones en una economía de libre mercado
es, por una parte, restringir el ámbito de la competencia a los espacios donde ésta es deseable socialmente y, por otra, regular sus términos
para evitar, por ejemplo, prácticas desleales.
Los problemas de acción colectiva que enfrentaban tribus de cazadores recolectores poseían distinta magnitud según las características del
ambiente que enfrentaban. Por ejemplo, en la ausencia de presas de gran tamaño, la caza se desarrollaba de forma individual, haciendo menos
relevante las disposiciones cooperativas para la sobrevivencia del grupo. En este sentido, es importante señalar que la importancia de una
cultura organizacional cooperativa puede variar entre distintas industrias. Por ejemplo, en la industria del conocimiento el trabajo en equipo
caracteriza el proceso productivo y por lo tanto la existencia de disposiciones cooperativas en los miembros de dichas organizaciones es
perentoria para que la organización prospere. En este punto aparece una diferencia crucial entre la organización tribal y la firma moderna.
En la firma existe un gobierno corporativo que puede cambiar las condiciones ambientales en las que se desenvuelven los miembros de la
organización y, por lo tanto, incidir en la cultura organizacional. Por ejemplo, la implementación de incentivos grupales puede favorecer la
adaptabilidad del comportamiento cooperativo. Asimismo, el liderazgo de la dirección puede incidir directamente en la formación de una cultura
organizacional virtuosa (cumpliendo un rol similar al que cumplen las mutaciones colectivas en nuestro modelo de la evolución de la cooperación).
El castigo altruista en su rol disciplinario del comportamiento free-rider cumplió un papel determinante en la evolución del comportamiento
cooperativo de nuestros antepasados. Del mismo modo, las ventajas comparativas que enfrentan los agentes respecto al principal para
monitorear la actividad laboral, hace que el peer-pressure (presión de pares) juegue un rol fundamental en la construcción de dicha cultura
organizacional (Lazear and Kandel, 1992). La eficiencia del peer- pressure está dada por la relación entre el costo de infringir la sanción y el
daño causado en el sujeto sancionado. Así, se espera que en organizaciones donde los costos de monitoreo sean más bajos, por ejemplo
producto de la distribución espacial del lugar de trabajo, este tipo de mecanismos sea más efectivo.
Si la migración entre distintos grupos de cazadores-recolectores constituía una amenaza para la evolución del comportamiento cooperativo,
puede argumentarse que una alta tasa de rotación del personal puede dificultar el desarrollo de disposiciones cooperativas en los miembros
de la organización. Un punto interesante respecto a nuestro trabajo dijimos tenía que ver con las heurísticas que utilizaban los miembros de la
tribu para decidir que estrategia implementar. Mientras el conformismo tenía un efecto positivo en la evolución del comportamiento cooperativo,
el comportamiento optimizador poseía un efecto negativo. Esto puede explicar por qué en culturas colectivistas como la japonesa donde el sentido
de pertenencia al grupo se construye sobre la base de la semejanza (el refrán “El clavo que sobresale se encontrará con el martillo” es ilustrativo),
los incentivos grupales tienden a prevalecer por sobre los incentivos individuales (Erez & Somech, 1996).
En la tabla 1 se resume el correlato entre la evolución del comportamiento cooperativo en nuestros antepasados cazadores-recolectores para
resolver problemas de acción colectiva como la caza y el desarrollo de una cultura organizacional cooperativa en la firma moderna que le permita
por ejemplo alcanzar altos niveles de productividad en el trabajo en equipo.



Si bien este artículo pone el énfasis en el desarrollo de una cultura organizacional cooperativa, a través de este ejercicio se pretende ilustrar
como los modelos de evolución cultural pueden proveer, en un nivel más general, un prisma que puede iluminar nuestra comprensión del
funcionamiento de las organizaciones modernas constituyendo un complemento al modelo basado en la teoría de la firma de la teoría
microeconómica. Es importante tener en consideración eso sí que al incorporar otras funciones de la cultura organizacional, el efecto de
ciertos rasgos de una cultura cooperativa pueden tener un efecto contrario. Por ejemplo, si bien el conformismo puede ayudar a la formación
de una cultura cooperativa, no queda claro que esta disposición sea deseable en el desarrollo de prácticas innovadoras.