|
¿Qué pasó al regresar a Chile?
Al producir un cortometraje en Nueva York, descubrí
lo que es hacer una película y ahí tuve
el enamoramiento absoluto con el cine. Fue algo mágico,
alucinante e increíble, descubrí esa capacidad
de hacer una historia real en base a ficción
y que alguien se emocione con ello. Con eso tuve muy
claro que yo quería hacer cine. Antes de volverme
traté de trabajar en Estados Unidos, pero no
me fue bien y terminé vendiendo joyas en la calle.
Al llegar a Chile, mantuve la necesidad de estar en
un proyecto escribiendo, filmando o produciendo.
¿Fue muy difícil encontrar financiamiento
para sus primeras producciones, cuando era un desconocido
en el rubro?
El Fondart llevaba recién un par de años...
Pero, siento que ese tema es cada vez menos excusa para
producir. El cine para mí es un privilegio y
no un derecho, uno tiene que demostrar lo que vale y
esa necesidad contribuye a quebrar el círculo
de desconfianza que es natural de que nadie
va a dar plata para que otro pruebe lo que es capaz
de hacer. Creo que esas barreras se han ido rompiendo
naturalmente porque, además, hoy la tecnología
digital es barata y casi no hay justificación
para no contar historias en ese formato.
Andrés Wood reconoce que después
uno se va poniendo más ambicioso, busca otros
mercados, pero yo siempre he tenido la suerte de que
me aprobaran los proyectos y creo que en ello ha influido
el rigor académico para presentarlos.
Menciona el caso de Historias de Fútbol que se
hizo prácticamente sin ni un peso, pero
con mucha energía y hartos riesgos. Con un amigo
ingeniero teníamos una pequeña empresa
con la que producíamos videos institucionales
en mi casa. Empezamos a entrar en publicidad y él
se sumó a mi proyecto de la película.
Hoy suena ridículo, pero en ese instante arriesgamos
unos 12 millones y llegamos a 55.000 espectadores.
Según el cineasta, todo está cambiando
para bien y como es un negocio pequeño el hacerse
conocido aumenta los bonos. Y, cuenta como
anécdota que La Fiebre del loco estaba en el
segundo lugar en uno de los cines Hoytts de La Reina
y a la semana siguiente me habían sacado
a una sala compartida porque me dijeron textual este
es un mar de muchos tiburones y tú eres un pescado
chico.
|