"Yo no me considero tan creativo, sólo me interesa contar historias de la manera que lo hago. Pienso que la gente que se realiza en lo suyo tiene ese grado de creatividad, de incertidumbre vital o apasionamiento por lo que hace".

Por Lucy Bennett
Andrés Wood:
"El cine es un privilegio y no un derecho"

Un gran afiche de El Desquite, con la imagen de Tamara Acosta en primer plano, domina la oficina de Andrés Wood (38 años, casado, tres hijos), ubicada en una antigua casa de la comuna de Providencia. Probablemente, pocos visitantes reconocerían en ese sencillo espacio, atiborrado de cintas de películas en diversos estantes, con algunos premios colocados sin alarde, el despacho de un economista. De hecho, su propia vida podría servir de base para el guión de un filme.
Tras recibirse en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica y trabajar un año en lo que estudió, se fue a Nueva York a estudiar cine siguiendo lo que podría llamarse una vocación no descubierta aún. Allí, en pleno Manhattan y luego del fallido intento de entrar a una prestigiosa universidad, hizo de todo: desde vender helados hasta joyas en la calle, hasta que consiguió tomar cursos y hacer una carrera “súper sui generis”, como él mismo reconoce.
Lo anterior, asegura, fue un proceso “sin angustias, nada de traumático, como quemando cartuchos, con muchas sorpresas” y, por si fuera poco, con la íntima confianza de que siempre podría volver a trabajar en su profesión. Así fue como en Nueva York tuvo su “enamoramiento absoluto” con el cine gracias al cual, no sólo ha desarrollado su potencial creativo, sino también ha incursionado en negocios que van desde la producción y dirección de películas hasta la distribución de las mismas y la publicidad.
En su trayectoria se destacan un par de películas cortas –Romance (1992) y Reunión de Familia (1994)– y luego coproduce y dirige su primer largometraje: Historias de fútbol (1997). Con éste último no sólo saltó a la fama a nivel local, sino que obtuvo muchos premios, entre ellos, Mención de Jurado Festival de Cine Internacional de San Sebastián, Mejor Director Festival de Cine de Huelva, Mejor Primera Película de Cartagena (Colombia) y Premio Casa de América (Madrid).
En 1998, Wood dirigió la mini serie para televisión El Desquite, historia adaptada del escritor chileno Roberto Parra, de la cual luego se hizo una versión cinematográfica; y en el año 2000, se estrenó La Fiebre del Loco, también obra suya. Gracias a esta comedia ambientada en una caleta de pescadores en el sur de Chile no sólo recibió la distinción de Mejor exponente en el Festival de Lérida (España), sino que además consiguió el apoyo del director español Pedro Almodóvar para su coproducción.
Actualmente, Wood está trabajando en Machuca, un filme que pretende revivir el año 1973, a través de la mirada de dos niños de once años de distintas clases sociales que comparten una singular amistad, con mucho de autobiografía.
En forma paralela, también está incursionando en el negocio de la distribución de películas por “puro gusto”, como ha confesado públicamente. Hace un par de meses se estrenó la cinta argentina El Bonaerense, de Pablo Trapero, donde su empresa A. Wood Producciones también participó como coproductor; y también tiene en mente traer otros filmes de cineastas de su misma generación.
De risa fácil, sencillo, relajado e inteligente, no oculta su afición por las cosas bien hechas, donde aflora su sentido práctico, determinación y realismo. Pero, sobre todo convence su leit motiv en la vida:
“Creo en este oficio y me interesa contar historias”, lo que unido al amor por su familia y su fuerte lazo al Saint George –donde se formó, conoció sus mejores amigos y, por supuesto, donde estudian sus tres hijos– hacen de él un personaje singular.