EDITORIAL


¿Aranceles parejos o diferenciados?

En los últimos meses han surgido voces en favor de un arancel diferenciado que reemplace al arancel uniforme. Se argumenta que, a través de un arancel, se puede promover industrias nacientes y que también se puede promover a la agricultura para ayudarla en su reestructuración. Primero quisiéramos señalar que los argumentos de usar aranceles para promover las así llamadas industrias nacientes ha sido cuestionado desde hace más de 30 años por los trabajos de Bhagwati y de Robert Baldwin. El argumento central de estos trabajos es de que si uno desea promover un sector por razones no económicas entonces el arancel es un muy mal instrumento porque distorsiona las decisiones de consumo y al mismo tiempo crea una diferencial entre los precios relativos de comercio libre y los precios relativos bajo protección. Esta literatura concluye que el mejor instrumento para promover un sector, si así se desea, es a través de subsidios a su producción. Del mismo modo si una industria crea una externalidad positiva al resto de la economía que no puede captar en sus precios de venta entonces el óptimo es asignar un subsidio a esa externalidad y no usar un arancel para proteger a la industria respectiva. Baldwin mostró también que la mayor parte de los argumentos para promover industrias nacientes son erróneos.

Por un argumento de teoría económica similar, si uno desea asistir a un sector en su ajuste a la competencia mundial, la mejor manera de hacerlo es a través de subsidios directos condicionados a una reestructuración y modernización del sector. Un argumento distinto que a veces se hace en contra de un arancel bajo y parejo es que para un país pequeño el arancel debiera ser uniforme e igual a cero para que los precios de los transables sea igual a su costo de oportunidad dado por los precios internacionales. Otro argumento contra el arancel uniforme viene del lado de las finanzas públicas. Se dice que si un país necesita, por motivo de finanzas públicas, recaudar un monto de recursos a través de aranceles entonces la estructura óptima de aranceles sería una diferenciada con aranceles más altos dependiendo de la inelasticidad de las ofertas y demandas de los productos transables. Contraria a lo que piensan algunos esta estructura óptima de aranceles, cuando hay una restricción de recaudar un monto dado de recursos a través de ellos, llevaría a aranceles más bajos para los productos de consumo dada su alta elasticidad precio.

La dificultad con una estructura diferenciada de aranceles es de dos tipos. Primero, habría que tener mediciones de las elasticidades de demanda y oferta de cada uno de los bienes que entran en el comercio internacional. Segundo, como lo ha puesto muy claramente el profesor Paul Krugman, del MIT, la introducción de aranceles diferenciados conduce a invertir en actividades buscadoras de rentas, promueve la corrupción y los costos administrativos y de recursos invertidos en actividades buscadoras de renta, sobrepasan con largueza cualquier beneficio de los aranceles diferenciados.

En el caso chileno desgraciadamente nos hemos movido en la dirección de aranceles diferenciados tanto por productos como por país de origen a través de la seguidilla de acuerdos comerciales que se han firmado en los últimos años. Para minimizar el daño en desviación de comercio y en corrupción que se facilita con los aranceles diferenciados se hace urgente bajar el arancel uniforme a niveles cercanos al 5%. Con un arancel de este nivel se reducen las oportunidades para invertir en la captación de rentas y en corrupción.

Un arancel bajo y parejo le ha permitido al empresariado chileno concentrar sus energías en producir productos de buena calidad y de bajo costo tanto para los mercados internos como externos. Su éxito o fracaso depende de su desempeño empresarial y no de los favores que pueda obtener del gobierno de turno. Como las oportunidades para otorgar favores se han reducido, este sistema reduce los incentivos para invertir en actividades generadoras de renta y el país como un todo se ha beneficiado de un mayor crecimiento. Pero esto no es todo, un arancel bajo y parejo también le ha permitido a los consumidores grandes ganancias al comprar productos transables a precios cercanos a los precios internacionales y a calidad muy parecida a la que tienen estos productos en los mercados internacionales.

Este esquema comercial, que ha sido uno de los pilares del modelo de desarrollo chileno, debiera mantenerse y fortalecerse con la baja del arancel uniforme desde el 11% al 8% este año, y debiera plantearse una meta de 5% para ser alcanzada no más allá del año 2000.

Comité Editorial.