El ritmo incesante de trabajo
que ha traído consigo la globalización y
el aumento consiguiente de la competencia, ha puesto en
el tapete la difícil conciliación entre
la vida ejecutiva y la vida familiar. Los
líderes ejecutivos que son padres o madres de familia,
tienen las presiones de largas horas de trabajo,
viajes, etc. que impactan a su vida familiar.
La mayoría de los líderes empresariales
quisieran trabajar menos y dedicar más tiempo a
la familia. Pero, por alguna razón que voy a intentar
desentrañar (1), esta aspiración pocas veces
se convierte en realidad. Están los casos
de unos pocos ejecutivos que se han retirado del mundo
empresarial para dedicarle más tiempo a su vida
personal y familiar, pero estos casos son tan poco frecuentes
que de hecho son noticia cuando ocurren, lo que atestigua
un artículo publicado en el Wall Street Journal,
que planteaba el problema en estos términos: ¿Qué
es más importante para usted: la familia o el trabajo?
Seguramente dirá: la familia, pero en la vida cotidiana
las prioridades suelen invertirse, la gente tiene
que pasar tanto tiempo en el trabajo que acaba descuidando
lo que más le importa. A veces la única
forma de acabar con el dilema es dejar la oficina, ya
sea para cambiarse a un trabajo menos exigente, o como
en el caso de unos pocos afortunados, para trabajar
desde el hogar. El artículo continuaba describiendo
las vidas recientes de algunos de estos afortunados que
se habían ido a trabajar a la casa o se habían
cambiado de trabajo.
El trabajo propio
Para muchos líderes empresariales una
jornada de diez u once horas diarias es la norma. De
hecho, en una encuesta reciente a gerentes generales
chilenos, se indicaba que el promedio de horas trabajadas
al día, en este estamento ejecutivo, es de 11,1
horas al día, llegan a las 8:30 y se retiran
a las 19:38. Súmenle a eso el tiempo en el auto
y fácilmente se llega a 12 y más horas
fuera del hogar. Sumemos a esto los viajes de negocios
(la misma encuesta indica que los gerentes generales
chilenos están 3,9 días al mes de viaje),
por lo que la ausencia del hogar de los padres y madres
ejecutivos es una realidad. Por contrapartida, si a
lo anterior sumamos que pareciera que los hijos son
miembros de una tribu nómada, por esta tendencia
que tienen de vagar por casas ajenas cuando no por playas,
ríos, lagos, montañas, o a mochilear
por otros países, nos encontramos con que la
vida familiar parece haberse reducido a una mínima
expresión, que quizás se expresa en un
promedio de algunos minutos al día o unas pocas
horas a la semana.
¿Por qué los líderes empresariales
caen en la tentación de trabajar tanto
y despreocuparse de la familia? ¿Cómo
se explican conductas que van contra lo que esas mismas
personas dicen querer más? Ciertamente la respuesta
a esta pregunta es compleja e inciden en ella muchos
factores distintos.
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